Con la desnudez del alma es el título de esta obra que pronto estará en vuestras manos. Su autor procede, meticulosamente, a poner de manifiesto ante el resto de los mortales sus sentimientos más íntimos, sus razones más profundas.
Estamos, pues, ante el acto de generosidad más sublime, ante la entrega más absoluta. Salvador se desnuda desde el prólogo de la forma más radical que puede hacerse, a base de poner el mundo interior al descubierto. Los trapos que cubren el alma desaparecen en el fluir de su verbo florido y trascendente, para enseñarnos, sin ninguna reserva, sus verdades más recónditas, los motivos de sus desvelos, los motores de su existencia.
Desnudarse es lo más hermoso y lo más liberador. Pero romper el corsé de pudores impuestos y de convenciones alienantes no es tarea nada fácil. Exige un supremo esfuerzo de autonomía y determinación, de querer ser el director de la propia vida. Y el riesgo es evidente,  porque los demás, los receptores de la obra no estamos tan preparados como el poeta para asumir semejantes compromisos; tamaña aventura.
Desbrozando sombras hasta alcanzar la claridad transparente de la verdad implacable, del conocimiento liberador de los propios límites, de la inefable finitud. Así encontramos a Salvador en esta obra.

Y todo ello adobado con la comprensión infinita del sabio que conoce las flaquezas humanas, pero también con el orgullo del ser humano que aún cree, a pesar de todo, en la capacidad de grandeza que éste atesora.
Así, las olas que embisten las orillas de su océano profundo nos devuelven soledades, inquietudes, dudas y temores, sí, pero ya pulidos y atenuados por la mirada tolerante del poeta y llegan hasta nosotros como  hermosas melodías que acarician, aunque estén construidas con auténticos jirones del alma.  
         
Salvador nos regala, pues, su palabra para que, al blandirla como arma enamorada, sintamos sus precariedades como propias y hagamos nuestras sus plenitudes; para que gocemos con sus alegrías y lloremos con sus desamparos (congojas).
El universo poético de Salvador es un reino donde

mandan las alondras
y presiden los luceros,
donde calienta la escarcha
y refresca el rojo fuego,
donde ni suben ni cansan
las montañas y los cerros.

Ese es el mundo que nos propone el poeta como  una de las maneras, tal vez la única, de enfrentarnos a las angustias de vivir, de trascender la mediocridad de las vulgaridades cotidianas, de brincar por encima de convenciones y prejuicios, de dogmas y valores consagrados por quienes, desde siempre, y casi siempre con éxito, pretender construir nuestra vida desde fuera, sin delicadeza ni miramientos.

Con la desnudez del alma se articula alrededor de 6 ejes temáticos, 6 colecciones de suspiros y anhelos esperanzados…

RASTRO DE CAMINANTE
Su verdad, la verdad, su retrato, los sueños, sus razones, su propósito inalienable de beberse la vida aquí y ahora, de gozar cada momento porque luego...

CONFESIONES DEL ALMA
Sólo vive quien sueña y quien está dispuesto a seguir luchando, a esperar aunque no haya esperanza, a no darse jamás por vencido.
Sólo quien duda puede esperar que alguna vez le roce alguna leve certeza, aunque sea provisional (las únicas certezas posibles).
Sólo quien pone en lucha el corazón y la cabeza  puede empezar a vislumbrar su ser. La vida es una batalla permanente entre las razones y los sentimientos. Hacer que aquéllas sientas y que éstos piensen es la guerra en la que anda enfrascado Salvador.

REALIDAD SIN TAPUJOS
El espíritu bohemio de Salvador es un incansable buscador de la utopía. Su poesía es un permanente canto  a la libertad. Hay un enfrentamiento sin matices contra todas las trabas y pequeñeces que nos castran, contra todos los  equipajes    que nos lastran, contra toda idea que constriña y que envenene, contra cualquier mordaza que aniquile la propia mismidad. Miedos que amarran, silencios impuestos, palabras prestadas son las que Salvador combate con furia de Quijote apasionado.
VAIVENES DEL CORAZÓN
Amor con mayúsculas, pasión que arde, ascuas y rescoldos que anhelan la libertad (ese horizonte inalcanzable y permanentemente pretendido). Plenitud, perdón, olvido, entrega sin reservas, éxtasis y abandono…

EVOCACIÓN AL SENTIMIENTO
La amistad, la vida, desde el sencillo placer de estar vivo, de retozar por su Llano de la Cruz (lo más parecido al paraíso, tal vez el paraíso) hasta el sentido y profundo homenaje al poeta, a su poeta, Miguel.
Sus compañeros, sus alumnos y su infancia siempre presente. Su Cristo a desenclavar, su nazareno.

A MI TIERRA HONDA
Las fuentes, los ríos, el huerto, el pozo, las piedras, los cielos, el esparto, la jara y el romero, los encinares y las chopaleas, los mochuelos y los grillos son testigos y destinos de su implacable sensibilidad, de su pluma certera y deliciosa.
La noche, la brisa, un farol, el viento, la luz y las sombras, la cal y los hierros  tienen su hueco y dejan su huella en este manojo  de dardos enamorados.

Y por si fuera poco este desfile de arpegios incandescentes, el pincel mágico de Isabel es capaz de construir una sinfonía de colores y formas, de trazos que hablan y expresan a la par que la palabra poética. Isabel se identifica de manera  admirable con el fondo vertiginoso del poeta  (¿por qué será?) y traduce su desnudez con brillantes imágenes y relucientes metáforas aladas.
Ni en el verso ni en el trazo hay granzas o paja, sino grano. El grano de lo auténtico, de la generosa exposición de sí mismo.
De sus versos se desprenden volutas de aromas de cirios, de rosarios de la aurora, de almendros en flor, de briznas de romero y manzanilla…

Guardad bien en vuestro corazones estos manojos de alondras que mecen, estos soplos de ternura, estos susurros de terciopelo, estas frágiles y recias brisas que abrazan y besan.

MUCHAS GRACIAS Y BUENAS NOCHES.

José María Tornay