ROMANCE DEL FLAMENCO
El flamenco es una queja,
un alma que se derrama,
una amargura que inunda
las cuerdas de una guitarra.
El flamenco es ese duende
que se mete en las entrañas
y que sale por la boca
entre torrentes de lágrimas.
Es dolor, es agonía,
es pasión de madrugada.
Es amor hecho jirones
por certeras puñaladas.
Es un puñal que envenena,
que acaricia mientras clava
su negro filo de arpegios
preñados de luna clara.
El flamenco lanza al aire
como un volcán, roja lava
de amores y desamores,
verde fuego, negra escarcha.
Y en ellos se purifican
los lamentos, las palabras,
los corazones partíos
por imposibles distancias.
Cantar flamenco es soñar,
abrir puertas y ventanas,
bailar flamenco es pintar
con los pies la luz del alba.
Soñar, cantar y bailar,
es encender una llama;
cantar, tocar y sentir
la llama de la esperanza.

Tobalo toma su cante
de aquella Ronda preclara:
de sus pequeñas historias,
de sus inmensas montañas.
De sus frescos manantiales
tejió con gotas de agua
melodiosas sinfonías
en su eterno pentagrama.
Del cascabel cristalino
que recorre la mañana,
de torrentes entre piedras
y de arroyos entre zarzas.
Del río Guadalevín:
leche fresca y agua blanca,
que entre rocas se despeña
buscando el mar, su mañana.


Tobalo nutre su polo
de nuestra tierra quebrada,
de olivos y hierbabuena
y de encinas centenarias.
De manzanilla y romero,
del junco y de la retama,
de chumberas del camino,
de almendros de blanca nata.
En sus zurrones metió
puestas de sol y esa magia
que sólo Ronda atesora
y que a su gente regala.
Y el polo se fue volando
en busca de otras gargantas
y anidó en los corazones
de Fernanda y de Bernarda.
Luceros del firmamento
de la tierra sevillana,
monumentos de esta peña
universal y serrana.

Se conjuraban las musas
en noches de luna clara
cuando lloraban su llanto
las cuerdas de su guitarra.
 Sangre de fuego encendido
bordan sus dedos al alba
y la brisa se detiene
para entrar por su ventana.
Aniya, luz de bohemia,
mujer de miel y de rabia,
verano de sol ardiente,
linterna en la madrugada.
Por las esquinas del aire
retoza su voz quebrada,
mientras deslumbra la noche
la reina de las gitanas.