SUEÑO DE UN BANDOLERO
El crepúsculo va anunciando
cuando cae el atardecer
que otro día va acabando
y la noche está al caer.
En lo alto de la sierra
una silueta se dibuja,
sus ojos clavados en Ronda
que le atrae, que le embruja.
A la grupa de un corcel,
cabalgando un bandolero
para verte a ti, mujer
y decirte un te quiero.
Valentía es su derroche;
su trabuco, su enseña;
su cómplice, la noche;
su sueño, una rondeña.
¿Qué me importa la libertad
que yo tenga en la sierra
si no puedo contemplar
tu carita en la reja?
Esa reja que se adorna
de macetas y mantillas;
¡qué bonita eres Ronda!
¡Qué bonita eres, chiquilla!
Rondeña de buen porte,
gitana por los cuatro costados,
el motivo que no me importe:
que de ti me he enamorado.
Chiquilla, si me pides
la vida, yo te la reggalo,
que yo no sé vivir
sin estar a tu lado.
José Luis Sánchez
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MI BARRIO
Una ciudad sin apellido,
un barrio sin nombre
donde crecí siendo un chiquillo
y que añoro como hombre.
Desde tu castillo del Laurel,
cuántos ojos contemplaron
ese rojo atardecer
de una tarde de verano.
Mil batallas se libraron
por quererte conquistar;
más lágrimas rodaron
por tenerte que dejar.
Lombardas que disparan,
sus estruendos están sonando,
Ronda otra vez cristiana,
ahí está el rey Fernando.
Murallitas con su historia,
por la puerta del Almocábar
pasa y entra en la gloria,
ahí comienza, pero no acaba.
Por tus plazas y callejones,
con sabor a morería,
palpitan los corazones;
por ti yo moriría.
Esa paz que llevas dentro,
yo la puedo respirar,
que desprenden tus casas
y que sienten añoranzas
los que están en la distancia
no te pueden olvidar.
José Luis Sánchez
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