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Carta a una amiga |
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Era un 1 de enero del 2008 y eran las once de la mañana. La carretera de una ciudad. Estaba desierta y yo caminaba oyendo música en mi coche, solo, contemplando. Como los años habían pasado, ya no tenia resaca como antaño. Sólo quería ver cómo estaban las calles. Pues, ¿ para qué te lo voy ha contar? como siempre. Recibo una llamada de Ronda, mi pueblo, mi ciudad, y era alguien, una mujer muy querida para mí. - ¿No te lo ha dicho tu hermana - No, ¿qué te pasa? - Me he tomado dos botes de pastillas; ya no me interesa la vida; quiero morirme. Decían los chunguitos: “dame veneno que quiero morir…”. Morir, ¿para qué? para no volver, quizá para perderse. Pienso en mi hija y se me estremece el alma Pensar que un día el aldeano que es su padre, que soy y,o no le de de el beso de la mañana y que su madre no le diga “ que tengáis buen día” cuando nos vamos por la mañana… - Mira, seria tan de cobarde, que a ti no te corresponde pasar ha la historia como una mujer sin ova…… o sin coj…. Ríete es lo mejor y tú lo sabes. Ríete Tus tres hijos preguntando dónde estará mi madre. No olvides, amiga, que nos Necesitan, que somos su norte y su sur, que nunca se comportarán como nos gustaría, pero nosotros tampoco fuimos perfectos. Manda al carajo la depresión; dile que en tu casa no hay espacio para ella y que sólo hay sitio para tus hijos, para tu marido y, sobre todo, para ti, que te mereces ser la mas feliz del mundo. Inténtalo, tu puedes y no nos des mas disgustos. ¡Ah!, se me olvidaba, lee a Rojas Marcos y Vallejo Nájera. Son tan estudiosos de estas cosas, que nos ponen como motos.
Un beso, amiga.
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