Mirad el fondo azul
del vuelo de los pardos gorriones
nunca podrá ser cielo
si no lo sueña el sueño de los hombres (1).
Mirad esas montañas,
poderosos y eternos estandartes;
no son tales si sólo
cabalgaran sus cimas los gigantes.
Mirad aquel camino
de flores y de sombras escoltado;
nunca será vereda
si el hombre (2) no lo pisa con sus pasos.
Mirad aquella sima:
flecha que apunta al centro de la Tierra;
nunca será refugio
si un hombre (2) no traspasa sus fronteras.
Y mirad esas casas
que alumbran con su cal el horizonte;
nunca serán ciudad
si no las puebla el beso de los hombres (1).
Mirad bien esas aguas
que forman una esquina con el cielo;
no serán nunca mar
si no las surcan plácidos veleros.
Mirad bien esa luz
que inunda la verdad con su presencia;
nunca podrá ser sol
si una mente no admira su grandeza
Y mirad estos versos,
manojos de poéticos vocablos;
nunca serán poema
si no los canta un pecho enamorado.
(1) Y de las mujeres, claro.
(2) O/y una mujer, claro. |