El camino del Rocío


Jornada nº 1

De Ronda a Olvera.

Hoy es día 10 de mayo del 2010, lunes, son las 6,30 h. de la mañana y me he levantado pues he descansado bien y hoy viene a las  8,30 h. mi amigo Aurelio pues salimos de marcha para intentar hacer desde Ronda, el camino a  la Aldea del Rocío.
Tengo mi macuto preparado, a tan solo algunas cosas de última hora, que he completado después de tomar mi habitual desayuno, compuesto de un zumo de naranja y dos tostadas de pan con aceite y café con leche. Una vez realizado el mismo, termino de completar el macuto y lo bajo, pues lo tengo en el ático de la casa, y una vez hecho, a esperar a mi amigo Aurelio.
Aurelio ha llegado antes de las 8,30h. y una vez revisadas las cosas que vamos a utilizar, nos lo echamos a la espalda y salimos de la casa en dirección al Ayuntamiento, donde hemos quedado con el concejal de deportes, Carlos Mirasol ,a las 9 h de la mañana para que una vez hecha la foto de rigor, como cuando hicimos el Camino de Santiago,  poder partir hacia la Aldea del Rocío.
Hemos salido de la plaza del Ayuntamiento a las 9,20 h., caminamos por la c/Armiñán hacia la c/Virgen de la Paz, pasamos la plaza de España y salimos hacia la c/Jerez, donde hacemos un alto a los pies de la imagen de la Virgen del Rocío, pidiéndole ayuda en el caminar y que nos respete el tiempo.
Continuamos  bordeando toda la cornisa del Tajo, pasamos por la barriada de la Dehesa en dirección a La Indiana; comienza a llover, nos bajamos los macutos al suelo y los protegemos, al igual que nuestros cuerpos con los impermeables. Bajamos por el pinar, salimos a la carretera de Benaoján y cruzamos para bordear el Campamento de Montejaque, para al pasar por el túnel de la vía del tren, girando a la derecha por un carril que nos lleva a la carretera de Sevilla, la que cruzamos por el Hotel Don Benito, donde paramos un momento para quitarnos los impermeables, pues, ha dejado de llover.
Seguimos por el carril de la Fuente La Higuera, en constante subida, hacia la carretera de Acinipo, la que cogemos y pateamos entre 1 o 2 kilómetros, hasta salir a Puerto Sauco; paramos un rato, bajamos los macutos de la espalda,  comemos unos cacahuetes y bebemos un poco de agua, siendo las 11,30 h. de la mañana, continuando la marcha por un carril, que es el que nos llevará a las ruinas de Acicipo. A la mediación empieza nuevamente a llover, por lo que tenemos que protegernos con los impermeables. En diez minutos, nos ha caído una buena, pero ese es el camino; cuando pasa la tormenta, vuelta a quitarnos la protección y seguir caminando, subiendo por el carril, que no está en muy buen estado hacia la Venta Leche, por donde pasamos y continuamos por una pequeña pista asfaltada, cruzando la carretera que lleva a Setenil, y siguiendo por el carril, que desemboca en la cuesta del infierno, el cual se encuentra totalmente destrozado por las pasadas lluvias del invierno, llegando al finalizar el mismo al río, que cruzamos y paramos junto a la ermita, en el merendero habilitado para la romería. Son las 15 h y nos descalzamos para que los pies descansen un poco y se aireen. Comemos la pasta con huevo duro y atún que nos ha preparado Dolores, la mujer de Aurelio y de postre, unas avellanas, para terminar el paquete y dejar más espacio en las mochilas.
Pasada media hora, reanudamos la marcha hacia Torrealhaquime, por una pista de albero y luego por la carretera, cruzándolo y siguiendo por la misma carretera en dirección a Olvera, quedando unos 4 kms. desde la Torre a Olvera. En plena ascensión por la carretera, nos paramos con tres hombres, que se encontraban sentados en un malecón, a la sombra de una encina; uno de Olvera y los otros dos de La Torre. Les preguntamos si existía algún alberque en Olvera para poder quedarnos. Los dejamos con su paz y continuamos subiendo, para llegar a la ermita de los Remedios, a las 17,15h. de la tarde. Preguntamos en la ermita si podemos pernoctar en ella y nos dicen que no, que lo tendría que autorizar el cura de la ermita y no se encuentra allí. Nos cargamos los macutos y seguimos para Olvera, por un paseo paralelo a la carretera, y como estamos escasos de agua, le preguntamos a un vecino, y nos informa que hay un nacimiento, junto al lavadero municipal, donde reponemos nuestras botellas y seguimos en busca de alojamiento. En el pueblo, le preguntamos a dos señoras que nos envían a la Escuela Hogar, donde nos dicen que no nos podemos quedar y nos remiten a la policía local o a la guardia civil. En el cuartel de la guardia civil nos informan que no nos pueden ayudar y decidimos continuar nuestra marcha hacia la Vía Verde, pasando por la Fuente, en el centro del pueblo, siguiendo una bajada pronunciada hacia la Vía Verde. En el camino compramos pan y una torta de aceite. Aurelio ha divisado la estación de autobuses, y se ha adelantado para verla, por si nos podemos quedar a dormir en ella. Como no es posible, continuamos hacia la Vía Verde y pasado el segundo túnel, cerca de el, pues no nos fiamos que por la noche pueda llover, instalamos la tienda de campaña, nos sentamos y nos relajamos descalzando nuestros
doloridos pies.
Ha pasado un buen rato desde que llegamos y nos disponemos a cenar, para lo cual sacamos del macuto los alimentos que transportamos desde Ronda. Como llevamos un salchichón abierto, es lo que primero procedemos a liquidar, acompañándolo con un buen trozo de pan, y para rematarlo, un trozo de la torta de aceite que acabamos de comprar en Olvera. Mientras nosotros procedemos con nuestra cena, pasan muchos vecinos de Olvera, andando o trotando por la Vía Verde, punto de encuentro para las prácticas deportivas, fuera del ruido o agobio de los coches de la ciudad.
No son las 21h. de la noche y ya estamos dentro de la tienda de campaña, la cual cerramos con el mosquitero, para que haya ventilación en la misma y  procedemos a descansar, pues, la jornada del día siguiente a Montellano es bien dura.
Son las 3,30h. de la mañana y ha empezado a llover, levemente; aguantamos un poco en la tienda pero al rato no tenemos mas remedio que salir, pues, empieza a llover con más insistencia, lo que hace que cojamos los macutos y nos vallamos dentro del túnel para resguardarnos de la lluvia. La noche ha sido bien corta y en el túnel permaneceremos hasta que pare de llover.

Hoy vamos a empezar
Un nuevo camino
El nos va a llevar
A la Aldea del Rocío.

Como es tradicional
Ante el Ayuntamiento
En la plaza municipal
Donde tiene su comienzo.

Hicimos una parada
Ante la Virgen del Rocío
Para pedirle en el caminar, ayuda
Y que nos respete el tiempo.
Bajamos por la Dehesa
Pasamos el puerto la muela
Cruzamos por la Indiana
Subimos la fuente la higuera.

Llegamos a puerto Saúco
Pasamos por venta de leche
Bajamos la cuesta del infierno
Hasta la ermita de Torrealháquime.

Luego por la carretera
Sinuosa y estrecha
Paramos en la ermita
En dirección a Olvera.

Descansamos esa noche
En la tienda de campaña
Junto a un túnel de la Vía Verde
A las afueras de Olvera.

 

Jornada nº 2

De Olvera a Montellano.

Son las 7,30h. de la mañana y ha dejado de llover. Ya nos hemos tomado el café que ha preparado Aurelio y nos disponemos a recoger la tienda de campaña y todas las cosas que tenemos fuera de los macutos y que hemos utilizado para dormir. Ordenamos las cosas en el macuto y nos lo echamos a la espalda; son las 8,20h. de la mañana y comenzamos a marchar por la Vía Verde, la cual se encuentra en muy mal estado, pues las pasadas lluvias del invierno han provocado muchos corrimientos de tierra, cerrando el paso en algunos tramos y teniendo que utilizar máquinas para retirarlas.
Las primeras personas que nos encontramos son dos operarios que con su máquina están retirando la tierra y que nos recomiendan que en estos primeros tramos de la Vía Verde, tengamos cuidado al caminar, pues nos podemos resbalar.
Continuamos andando y pasando túneles; el tiempo parece que ha abierto, pero no nos fiamos y sobre las 11h. comienza de nuevo a llover, lo que de nuevo nos lleva a cubrirnos y a nuestros macutos. Nos cruzamos con un hombre que está cogiendo cabrillas. Nos refugiamos en un túnel y bajamos las mochilas para comer algo, pues son casi las 11,30h. de la mañana. Tiramos de los alimentos que llevamos encima, pan, salchichón, chocolate y pasados unos diez minutos, las mochilas al hombro y a seguir caminando. Paramos en el Peñón de Zaframagón, en un pilar detrás de una casa, donde nos descalzamos, nos lavamos los pies, pues el agua está muy fresquita. También nos aseamos cara y brazos y cuando terminamos, nos tenemos que cubrir pues ha comenzado a llover. Seguimos andando y está lloviendo lo más grande. En el transcurso de unos 500 o 600 m. que es lo que hay hasta el centro de interpretación del Peñón de Zaframagón, ha caído una tormenta y la hemos pillado entera. Paramos en el centro de interpretación, donde vemos algunos chavales de un colegio visitándolo y le preguntamos al responsable si sabe decirnos cuantos kms. hay hasta Montellano, que es donde concluye nuestra etapa. No lo sabe con certeza y reanudamos la marcha. Estamos andando a una velocidad de 5 kms la hora. Una buena marcha, dado el peso que llevamos a nuestras espaldas. El centro de interpretación se encuentra ubicado entre el km.13 y el 14 de la Vía Verde. Al pasar por el peñón, tan solo hemos divisado un buitre leonado, revoloteando el mismo, será debido a como está lloviendo, no habrán querido salir a mojarse.
Continuamos andando y pasados cinco kms. nos encontramos a chavales de otro centro escolar, en dirección al centro de interpretación, con sus profesores respectivos. Algunos chavales nos saludan como si fuéramos extranjeros. Seguimos caminando y sobre el km 26 de la Vía Verde, nos encontramos a tres chavales en bicicleta; los paramos y les preguntamos por el cruce hacia la Junta de los Ríos, que es donde nos desviamos para Montellano. Hablamos un rato con ellos y se asombran de lo que estamos haciendo, y con una mochila bastante pesada a nuestras espaldas. Nos indican que a cuatro o cinco minutos andando, está el cruce, por lo que nos despedimos de ellos y continuamos, llegando muy pronto a el. Nos bajamos las mochilas de la espalda y sobre una piedra grande , en el mismo cruce, nos disponemos a comer algo antes de reiniciar nuestra marcha. Son las 15h. de la tarde.
La comida consiste en un buen trozo de pan, salchichón, dátiles y frutos secos.
Pasado un cuarto de hora, reanudamos la marcha, por una carretera, no en muy buen estado, que nos va a llevar al cruce de la carretera que une Coripe con Montellano, lo que una vez que lleguemos, tiraremos hacia la izquierda que es donde queda Montellano. La carretera que tomamos, en los primeros tramos es ascendente y con curvas, pero una vez pasados se convierte en casi una recta, hasta llegar al cruce. Son unos tres kms. que hacemos tranquilos, con un cierto aire fresquito, pues el día ha abierto y aunque hay nubes, luce un cielo azul intenso y soleado.
Llegamos al cruce y giramos hacia la izquierda en dirección a Montellano. Vemos un cartel indicador que señala: 7 Montellano. Pero conforme andamos, van pasando las señales de los kms. y vemos el 16, 15, 14 y empezamos a dudar que la señalización anterior sea correcta. En la carretera, aunque hay poco tráfico, hay que estar muy atento, por lo complicado de andar por ella. Pasamos una cantera abandonada, que dejamos a nuestra izquierda y empezamos a subir, en constantes curvas bien abiertas, hasta el km 8, donde se encuentra el cortijo Aldehuela Alta, donde entramos para repostar agua. La señora se acuerda de nosotros, cuando en 2007, camino de Santiago con los burros, hicimos una parada, también para beber agua. Nos informa de los kms que nos quedan hasta Montellano y justo es la mitad, hasta el cruce, o sea, que quedan 8 y llevamos andados casi 9, por lo que desde el cruce, hay 17 kms. Nos echamos las mochilas a las espaldas y una vez pasado un tramo de carretera en ascenso, que estan arreglando, y una nueva cantera que está a la derecha, comenzamos a bajar por la misma carretera en dirección a Montellano. Transcurridos 3 kms, existe un carril, paralelo a la carretera, que nos lleva al mismo pueblo, el cual cogemos por lo que nuestra marcha es mucho mas relajada, por el tema de los coches. No obstante le preguntamos a un vecino, que se encuentra andando por el mismo, que nos indica, donde debemos abandonarlo, para entrar bien al pueblo. Así lo hacemos y cruzamos para salir nuevamente a la carretera, donde observamos la señalización del km. 2, por lo que continuamos andando hasta entrar en Montellano, donde lo primero que vemos es una urbanización sin terminar, vallada y a continuación una casa grande también sin terminar, con su cancela, pero sin candado. Aurelio me dice que es el lugar idóneo para pasar la noche y estar a reguardo de las inclemencias del tiempo, pues en la lejanía se observan nubes de muy mal aspecto, en previsión de que no nos pase lo mismo de Olvera. Hemos llegado a las 18,15 h. de la tarde. Casi 12 horas caminando, incluidas las paradas para comer.
Aurelio se queda en la puerta de la estancia con las mochilas y yo me voy a comprar. Llevamos andados 47 kms y los pies están un poco resentidos y doloridos.
Mientras el descansa, yo tengo que hacer casi tres kms. , entre el ir y venir, pues estamos casi a las afueras del pueblo y el supermercado que me han indicado los vecinos a los que he preguntado, me hacen andar esa distancia extra. En el supermercado que encuentro abierto, compro pan, morcilla, chorizo, latas de atún, sardinas en tomate, espárragos y algunos dulces, y aunque ando con alguna dificultad, a buscar a Aurelio y entrar en la estancia que nos albergará esta noche.
Al entrar a Montellano, hemos observado a mucha gente a caballo, en carretas, etc, y  es que se celebra la Romería de San Isidro Labrador, y están poniendo a punto sus caballos y carruajes. Por la noche, después de cenar, algunas cosas de las que he reseñado, colocamos nuestras esterillas, los sacos y nos echamos a dormir, siendo las 21h. aproximadamente. Ya nos han llamado por teléfono, Dolores, la mujer de Aurelio y Aurora mi mujer. Como por los sitios donde pasamos no puedo cargar mi móvil, les he dicho que lo tendré abierto de 10 a 11 de la mañana y de 20 a 21 de la tarde.
Estando ya descansando, escuchamos algunos cohetes que por las calles del pueblo, andan tirando en preparación a los festejos que se avecinan.

El martes retomamos
El camino, por la Vía Verde
Como siempre, andando
Un lujo para la mente.

Por la lluvia, mojados
Ante el Peñón de Zaframagón
De los buitres leonados
Paramos en su centro de interpretación.

El andar por la Vía Verde
En un terreno más llano
Disfrutamos de sus parajes
En dirección a Montellano.

En Montellano pernoctamos
En una casa abandonada
Felizmente descansamos
Aun teniendo abierta todas las ventanas.

 

Jornada nº 3

De Montellano a Utrera

Son las 7h. de la mañana, hemos descasado bien, aunque durante toda la noche ha habido mucho meneo por las calles. Nos levantamos y Aurelio como todas las mañanas prepara el café. Para hacerlo, el acostumbra en todas estas marchas, a llevar el hornillo, la cafetera y el paquete de café. Por eso todas las mañanas el que se levanta antes que yo, es el encargado de hacerlo. Café solo y sin azúcar. Como dice el, para cargar las pilas.
Recogemos todas las cosas que hemos utilizado para dormir y las ordenamos en las mochilas. También recojo la tienda que la noche anterior la colgué para que se secara, pues cuando la plegué por la mañana, estaba mojada, y durante la noche se ha secado.
Nos disponemos a salir de la vivienda y nos encaminamos hacia el centro de Montellano. Paramos en un bar que encontramos en nuestro paso, Bar Rural, y entramos para desayunar, bajando nuestras mochilas y sentándonos en una de las mesas del mismo. Café con leche y pan con aceite para mi, y cortado y pan con aceite para Aurelio. Mientras esperamos que nos lo preparen, hablo con un vecino de Montellano y le pregunto por la salida del pueblo hacia El Coronil, pero campo a través. Nos informa que tenemos que hacerlo en dirección al Polideportivo. Terminamos el desayuno y nos incorporamos las mochilas a las espaldas y salimos del bar, encaminándonos hacia donde nos han indicado. Cuando estamos cerca del Polideportivo, preguntamos a unos trabajadores de un taller y nos informan  detalladamente del carril que debemos coger, junto al cementerio, que nos va a llevar hacia la carretera que une Morón con Montellano y la carretera que va en dirección a Sevilla. Cuando llegamos a ella la cogemos en dirección a la parte alta de Montellano, en dirección a Morón, y cuando llegamos a la indicación del km.1, nos salimos hacia un carril, El Carril del Las Lomas, que nos va a conducir al arroyo Salado. El carril está en bajada permanente, pero se bifurca cerca de un picadero, teniendo que coger el de la izquierda, y que nos confirma un vecino del lugar. Cuando llegamos al arroyo salado, comprobamos que las lluvias del invierno ha roto el puente de hormigón que posibilita el paso y tenemos que hacer malabares para no mojarnos. Yo meto un pie en el agua y Aurelio también se moja. Lo pasamos y subimos a una venta, El Asador San Sebastián, que al otro lado de la carretera, hay una gasolinera. Aurelio se para y se cambia de calcetines; yo no lo hago y cometo un grave error. Continuamos caminando al borde de la carretera en dirección a Sevilla, sobre 1 km o un poco mas, para a continuación pasar a un carril que nos llevará a El Coronil. El carril está en lo alto de la carretera, junto a un olivar, con dos letreros, Las Glorias y Los Garrotales. Lo cogemos pero en dirección a Los Garrotales y sin dejarlo, nos va a conducir a El Coronil. El carril nos deja a dos kms. de El Coronil, y cuando llegamos al pueblo, buscamos la piscina municipal, al lado de la cual, hay dos cruces de carreteras, nos situamos en el último, que va a la base aérea, y desde el mismo cruce sale un carril que conduce a Los Molares, el cual cogemos, aunque no sabemos la distancia entre ambos pueblos. Previamente al llegar a la piscina municipal, preguntamos a unos vecinos de El Coronil, que se encontraban sentados placidamente, a la sombra de los árboles, por dónde cogemos el carril y nos corroboran las ideas que traíamos de la vez anterior.
Descansamos un poco ante de cogerlo y comemos algunos frutos secos. Son las 11,30h de la mañana.
Empezamos a andar por el carril y las tierras de labor que pasamos están sembradas de cereales y girasol, no como cuando pasamos en el 2007, en septiembre, cuando fuimos a Santiago de Compostela, que eran un auténtico erial.
Lo primero que nos encontramos en un cortijo, muy grande, cuyas aguas de pozo no se pueden beber, según nos indica un obrero del cortijo. Lo rodeamos, pasamos junto a los perros y nos paramos junto a un moral, comemos un poco de su fruto que está muy maduro y seguimos el carril, subiendo una loma en dirección a Los Molares. En esta zona que pasamos a continuación, el carril ha sido muy deteriorado por las lluvias del pasado invierno, teniendo en algunas ocasiones, dar un rodeo para poder seguir por el mismo. Llegamos a un segundo cortijo, también bastante grande, a simple vista casi abandonado, donde en la anterior ocasión pudimos beber agua y avituallarnos, y en esta ocasión, no podemos hacerlo. Eran las 14,30h. de la tarde y paramos a descansar un poco y a comer para poder seguir el camino. Terminado el avituallamiento y el rato de descanso, reanudamos el camino y lo hacemos por el carril que hay junto a los perros, que nos va a llevar al mismo pueblo de Los Molares, y así nos lo confirma un hombre que sale del cortijo debido al ladrido de los cinco o seis perros que hay en el cortijo. Caminamos en principio despacio, para ir calentando, hasta coger el ritmo habitual de marcha, y antes de llegar el pueblo, tenemos que cubrirnos, pues empieza a llover, aunque no con mucha insistencia. Llegamos a la carretera, junto al pueblo y tiramos hacia la izquierda para entrar en el, y continuar hacia el interior, pues nuestro objetivo es salir por un carril que nos llevará directo a Utrera. Nos paramos con unos pintores, que arreglan una fachada, que nos confirman el camino a seguir, y les pedimos que nos rellenen las botellas, para que no nos falte el agua en el camino.
Ya estamos en el carril, pero debemos tener cuidado, pues el carril se bifurca, a unos 500 m. del comienzo, y tenemos que coger el de la izquierda.
Avanzamos por el carril correcto y poco a poco, se van acercando las siluetas de los torres que divisábamos en la lejanía. Paramos a un coche de caballos y le preguntamos al cochero, si sabe de algún sitio para hacer noche, por aquellos lugares. Nos indica de unas cuadras antes de entrar en Utrera, cuando se acaba el carril de albero por el que andamos. Empieza a llover y en previsión de ello, ya venimos cubiertos, pero aún así, la que nos ha caído encima es tremenda y nosotros erre que erre, a lo nuestro, aunque llevamos los zapatos y piernas y pantalones chorreando. Cuando llegamos a la altura de las cuadras abandonadas, la portada está cerrada, y antes de proceder a abrirla, pensamos en seguir, pues parece que ha dejado de llover. Llegamos a Utrera, a una especie de polígono industrial, donde hay varias naves adosadas y preguntamos a un hombre que se dedica a pasear a su perro, por el polideportivo más cercano y nos dice que hay que atravesar la barriada de color turquesa, atravesar la avenida por el puente de hierro y nos encontramos el polideportivo. Entremos en el y el chaval de la oficina, al que nos identificamos y le decimos lo que estamos haciendo, le pedimos un sitio para poder tirar nuestras esterillas y los sacos de dormir, pero que estemos a cubierto de las posibles lluvias nocturnas. Nos contesta que tiene que consultarlo a sus superiores y coge el teléfono y realiza unas cuantas llamadas, incluso a la policía local, que le contestan que viene a buscarnos el cabo y esperamos su llegada. Mientras uno de los trabajadores, que al parecer está pintando las instalaciones y tiene un hijo en las escuelas deportivas, nos hace un croquis perfecto, para desde donde estamos, situarnos en el centro y coger el carril, que utilizan los rocieros de Utrera, para ir al Rocío. Como pasan casi dos horas y ni viene la policía municipal y tan sólo nos dan permiso para ducharnos, pero no quedarnos en las instalaciones, le agradecemos al chaval de la oficina el trato que nos ha dado y sus gestiones y nos cargamos las mochilas y abandonamos las instalaciones deportivas. Cuando estamos a la mediación de la avenida, comienza nuevamente a llover, con la misma intensidad de antes, y nos resguardamos en unos soportales, en la misma, aprovechando para picar algunos frutos secos, pues, aunque hemos llegado a Utrera a las 18,30 h., son ya pasadas las 19,30h. de la tarde. Continuamos nuestra marcha por los sitios que nos han indicado y a Aurelio se le ocurre el pasar la noche en la estación de Renfe, para lo cual, una vez situados en el centro, preguntamos y nos indican que está muy cerca de donde estamos, por lo que antes de acercarnos a ella, procedemos a ir de compras, a un supermercado situado en una calle paralela. Aurelio se queda fuera con los macutos. Yo entro y compro algunas cosas como: pan, queso, chocolate negro, chorizo, morcilla, salchichón y una botella de agua.
Nos encaminamos hacia la estación de Renfe, que se encuentra cerca de donde nos encontramos; llegando pronto y situándonos en uno de los bancos del interior y como llevamos los pies mojados, nos descalzamos y nos cambiamos, poniéndonos los zapatos que llevamos secos. Recibo una llamada de Mameli, de Radio Ronda, haciéndome una entrevista para su programa deportivo, detallándole todo lo acontecido en estos tres días de camino. Le agradecí  al Patronato Deportivo Municipal, su colaboración y también a la Hermandad del Rocío de Ronda, el que nos dejaran una llave de la casa hermandad, para que si llegamos con éxito a la Aldea del Rocío, podamos asearnos y descansar en ella.
Preparamos unos bocadillos para cenar, pues, son más de las 20,30h. y lo hacemos sentados en los bancos interiores de la estación de Renfe. Estamos calentitos, pues en la calle, después de las dos tormentas de agua que ha soportado Utrera, el ambiente está muy fresquito. Después de haber descansado un buen rato y haber cenado, me doy una vuelta por los alrededores, por si encuentro algo más aceptable para quedarnos a dormir, pues en la estación, nos encontramos algo incómodos. Decidimos marcharnos y buscar otro sitio; cogemos nuestras mochilas y al hombro. Empezamos a recorrer el camino que tendremos que hacer mañana; primero la plaza de la fuente, luego otra plaza y giro a la derecha, donde está el Mercado, y a continuación la policía local y la guardia civil. Pasamos por delante de ellos y estamos delante de la estación de autobuses antigua de Utrera. Le preguntamos a un hombre que ha sacado a pasear a su perro y nos informa, que la misma está cerrada, y que el Ayuntamiento la destina al botellón. Lo decidimos al instante y es el sitio ideal para pasar la noche. En la rampa de entrada a la misma, que está techada, colocamos nuestras esterillas y los sacos de dormir y nos acomodamos lo mejor posible y a relajarse que mañana viene otro día bien duro. Hoy hemos andado también más de 40 kilómetros, con lo que hemos tenido que hacer dentro del pueblo.

Salimos de Montellano
En dirección a El Coronil
Y junto al Cementerio
Cogemos un largo carril.

Llegamos a la carretera
De Morón a Montellano
Por el carril de Las Lomas
Hacia el arroyo salado.

Luego por la carretera
Y a la derecha un nuevo carril
La flecha indica Los Garrotales
Que nos llevará a El Coronil.

Campo a través
De El Coronil a Los Molares
En el cruce a la base aérea
Junto a un campo de placas solares.

 De Los Molares a Utrera
Por un ancho carril de albero
En la lejanía se divisa
Las torres de la iglesia y el silo, del pueblo

 En la vieja estación de autobuses
Cerrada y abandonada
Descansamos esa noche
En su rampa de entrada

Jornada nº 4

De Utrera a Coria del Río.

Son las 7h. de la mañana, y nos levantamos. La noche ha estado tranquila. Es posible que sea como consecuencia de estar cerca las oficinas de la guardia civil y la policía local. A partir de las 6h de la mañana, se ha intensificado el tráfico por la avenida, amplia y que va en dirección a la rotonda que conecta varios pueblos. Recogemos todos los bártulos y ordenamos nuestras mochilas; nos adecentamos un poco y nos ponemos en movimiento. Nos dirigimos en primer lugar a las oficinas de la policía local, pero al entrar no vemos a nadie y optamos por entrar en las oficinas de la guardia civil. Hablamos con algunos miembros de la misma, preguntándoles por la salida hacia Villafranca y Los Palacios. Buscamos el carril de la Potejona, que así nos indicado que se llama. Conversamos con ellos un buen rato. Uno de ellos es natural de Ubrique. Sale un nuevo compañero, que es el que nos indica realmente por donde podemos tirar y nos desea suerte en el camino. También nos indica un bar en el que podemos desayunar, que está situado enfrente. Cruzamos la calle y nos disponemos a desayunar, aunque como no son las 8h. de la mañana, tenemos que esperar que traigan el pan. Esperamos un poco y mientras, Aurelio se arregla los pies, se cambia de calcetines y yo le echo un vistazo a la prensa local. Me llama la atención un artículo del periódico, sobre el plan romero que se llevará a cabo la semana que viene, cuando empiecen las hermandades a peregrinar a la Aldea del Rocío, con la movilización de mas de tres mil efectivos, para que todo salga bien.
Desayunamos pan con aceite y café con leche y siendo las 8,20h. Al lado del bar hay un puesto de frutas en una cochera grande y compro dos plátanos para el camino. Salimos del bar y nos dirigimos por la avenida, donde está la estación de autobuses, pasando por un debajo de un puente, donde por encima están las vías del tren y continuamos andando por la misma avenida en dirección al barrio de la Fontanilla, donde al finalizar vemos la rotonda que nos han indicado. Pregunto en el Bar la Fontanilla, que está situado en la misma rotonda y un cliente me indica el carril, donde en este mismo instante, está un coche circulando por el carril que debemos coger.
Entramos en el carril y pasamos por un puente que atraviesa la carretera, creo que es la general, y nada más salir de el , el carril se bifurca a la derecha; no lo cogemos y seguimos y a los 100 m. se vuelve a bifurcar a la izquierda y tampoco lo cogemos y seguimos.  El carril discurre entre tierras cultivadas de olivos y sembrados de girasol.
No hay pérdida en el mismo y continuamos por el principal, aunque le preguntamos a un agricultor que se encuentra dándole, con su tractor, una labra a los olivos. Nos indica que tenemos que pasar por la yeguada Ayala y después por el cortijo Bujalmoro.
Continuamos nuestra marcha y pasamos por la yeguada Ayala, donde a la finalización vemos como un carril de albero, atraviesa el que estamos pateando. Tiramos hacia el frente y conforme vamos andando, contemplamos que el carril no está en muy buen estado, y pensamos que el paso de las carretas por este carril va a estar dificultoso. Nosotros continuamos por el y pasada casi una hora de andana, cruzamos un arroyo con alguna dificultad y salimos a un carril más amplio, con parcelas y casitas a ambos lados del mismo. Estas casas y parcelas están en el término municipal de Los Palacios. Le preguntamos a un chaval que viene andando y nos confirma que saldremos a la autovía en 3 o 4 kms. Salimos del carril y atravesamos un puente sobre el canal del Bajo Guadalquivir. Esperamos a un agricultor que viene con su  moto de trabajar en el campo; lo paramos y le pedimos que nos informe sobre el camino en dirección a Coria del Río, que es donde pretendemos pernoctar. Nos indica que pasemos la autovía por debajo y continuemos por la ribera del canal, hasta que lleguemos a la carretera general, la nacional 4ª, la cual debemos atravesar, con mucho cuidado y continuar por una pista asfaltada, que desemboca a una carretera en dirección a Isla Menor y Coria del Río. Este camino que estamos haciendo no tiene nada que ver con el que hicimos en el 2007 cuando íbamos camino de Santiago. No hemos pasado por delante del cortijo Bujalmo, como nos indicaron al principio, que es el camino que utiliza la hermandad de Utrera.  Paramos debajo de la autovía, a la sombra pues hoy hace un sol abrasador, tan solo suavizado por el aire que por la mañana temprano era bastante fresquito, aunque ahora son la 11,30h y empieza a hacer bastante calor. Comemos unos platanos y algunos pastelitos que nos quedan, que compré en Montellano.
Continuamos por el margen izquierdo del canal, donde existe un carril para que los propietarios de las fincas colindantes puedan acceden a ella. También existe otro carril en el margen derecho. Vemos como en algunas fincas, se encuentran en plena faena de recolección; creemos que es algodón lo que están recolectando. Van pasando puentes sobre el canal y al que hace 7 vemos como está la general cerca del mismo. Esperamos a que no pasen coches, pues está muy frecuentada. Pasamos y comenzamos a caminar por la pista asfaltada. En ella nos encontramos a dos trabajadores del campo que se encuentran fumigando una finca de olivos; les preguntamos y nos confirman que vamos bien y que siguiendo la pista asfaltada, llegaremos a la carretera, que nos lleva a Isla Menor y a Coria del Río. También nos informan que si seguimos la margen izquierda del canal, llegaremos a un punto, donde carril y pista asfaltada, casi se unen y nos ahorramos algo de distancia. Se lo agradecemos y continuamos por el carril pegado al canal, llegando al punto indicado, tomamos la pista asfaltada y en poco rato llegamos a la carretera. Al llegar a ella, iniciamos a caminar por ella en sentido derecha, pero nos damos cuenta que existe un carril bici, que une todos estos pueblos de la zona del Bajo Guadalquivir. Lo tomamos y a partir de ahora, nuestro caminar es más seguro y rápido, pues nos hemos quitado el agobio de los coches. Vamos muy tranquilos y yo voy mirando los paneles indicadores que hay cada dos kilómetros. Le comento a Aurelio que empiezo a recordar que por la misma carretera pasamos hace mas de dos años con los burros, camino de Santiago. Incluso al pasar por un eucalipto, protegido por troncos de madera, le comento que en el mismo lugar estuvimos comiendo camino de Isla Menor. Son casi las 14h y van cayendo kilómetros en nuestro caminar. Comentamos que cuando sean las 14,30h pararemos para comer algo y seguir la caminata. Me quedo sorprendido al ver verja verde bastante grande que separa la carretera de lo que supuestamente es un parque y al llegar a la puerta de entrada, leo “Parque periurbano de La Corchuela”. Entramos en el a a la sombra de algunas palmeras, vamos a comer algo. Lo primero que hacemos es descalzarnos y dejar que nuestros doloridos pies, se aireen y descansen. Luego sacamos de nuestras mochilas, pan, morcilla, salchichón, queso y procedemos a comer algo. También comemos algunos frutos secos y algunas pasas. Los agricultores que estaban fumigando los olivos, nos hablaron que saldríamos a La Corchuela y posteriormente a la Dehesa de Coria, y nos lo confirma un trabajador, que con su furgoneta sale en este mismo instante sale del parque, al cual le preguntamos. Hemos terminado de comer y reanudamos la marcha, encontrándonos, pasados 1,2 kms. la entrada a la Dehesa de Coria, que cogemos e iniciamos el camino en leve descenso. Tiene un recorrido de mas de 3 kms. y en nuestro caminar observamos alambradas a ambos lados y ganado vacuno suelto. El amplio corredor está en una zona de pinares y lo suelen coger las hermandades con sus carretas para llegar a la carretera a Coria del Río. Las puertas para las carretas las abren tan solo cuando empieza el Rocío.
Llegamos a la carretera y la cruzamos en dirección a Coria, leyendo el cartel, Coria 6 km. Hace bastante aire y la tarde amenaza tormentas; continuamos andando y vemos como está cada vez más cerca el pueblo. Nos tenemos que cubrir, pues han empezado a caer algunas gotas. Nos duelen los pies, pero seguimos andando. Hablamos de que cuando lleguemos a la barca, nos quitaremos los impermeables.
Hemos llegado a la barca y son las 17,30 h y tenemos que esperar un rato, pues la barca acaba de salir, pero nos dice un vecino que como hay mucho tráfico, enseguida la tendremos aquí de vuelta. Conversamos con el un rato y nos recomienda que hagamos el camino a la Aldea del Rocío por los pinos de Aznalcázar. Nos montamos en la barca para pasar a Coria del Río. Nos cuesta a cada uno 1 €.  El nos acompaña en el pueblo a buscar a la policía municipal. La policía municipal ha sido trasladada a lo más alto del pueblo y hay un buen rato caminando. Desisto de ir, pues me duelen mucho los pies y necesito descansar. Recojo a Aurelio que se había quedado con las mochilas y nos vamos en busca de la hermandad de Coria, que tiene su sede en el centro del pueblo. Como abren a las 19h. mientras vamos a Caritas que nos informan que cerca hay una pensión. Nos dicen que no nos pueden ayudar económicamente y tampoco nosotros lo necesitamos. Nos vamos a la pensión y cuando entramos, nos identificamos y hablamos con el dueño, comentándole lo que estamos haciendo. Nos alquila una habitación con dos camas por 30 € y subimos y procedemos a darnos una ducha, pues ya la necesitamos. Han pasado cuatro días desde que salimos de Ronda y necesitamos asearnos en condiciones para emprender los dos días de marcha que nos quedan a la Aldea del Rocía. Aurelio se queda en la habitación y yo me acerco a la hermandad de Coria y hablo con Modesto González, que nos explica el camino que debemos coger hacia Villamanrique de la Condesa, tirando por la Dehesa de Abajo, Los Pinos de Aznalcázar  hacia el Quema y a continuación el pueblo. Me da recuerdos para Antonio, el del bar de la plaza de Villamanrique.
Ya en hostal le pregunto al dueño, si podemos cenar y me contesta que si, pero a las 21h. que abre el comedor. Le digo que nos preparen huevos, pimientos y patatas fritas.
La ducha que nos hemos dado ha sido estupenda. Bajamos a cenar a las nueve y estando cenando, cae una tormenta de agua sobre Coria, espectacular. La cena nos cuesta 6 € a cada uno. Las calles parecen ríos y en tan solo un cuarto de hora, han caído un montón de litros de agua de lluvia. De buena nos hemos librado si nos hubiéramos quedado en la calle a dormir.
Acabamos de terminar de cenar y nos retiramos a descansar a nuestra habitación.

Salimos por la mañana
Por el barrio de la Fontanilla
Por el carril de la Potejona
Hacia el pueblo de Coria.

 

Entre olivares y sembrados
Caminamos sin descanso
En dirección al carril
Del canal del Bajo Guadalquivir.

Dejamos el canal
Paramos en La Corchuela
Para luego pasar
Por la Dehesa de Coria
.
Llegamos a la barca
Para pasar a Coria, por el río
La emoción nos embarga
Aunque nuestros pies, están doloridos.

 

Jornada nº 5

De Coria del Río a Villamanrique de la Condesa.

Hoy hemos dormido de lujo. Son las 7h. de la mañana y Aurelio ha preparado el café de todas las mañanas. Nos lo tomamos y preparamos las mochilas y nos adecentamos un poco antes de bajar a desayunar. El dueño abre por la mañana a las 8h. Bajamos nos disponemos a desayunar; tostadas con aceite y café con leche. Cuando terminamos cogemos nuestras mochilas y nos despedimos de Juan Márquez, el dueño del hostal. Le pedimos que nos despida de su señora y de su hija Rocío. Nos da recuerdos para Rafael Jiménez, “El Araña” , que vive en Villamanrique.
La mañana está muy fresquita, pero espléndida. Será debido a la lluvia de la pasada noche. Salimos por un carril bici que une Coria con Puebla del Río. Hasta que llegamos a un punto en el cual hay que atravesar el pueblo, lo que hacemos, según nos indica un rociero de La Puebla. Buscamos el cruce colina, en lo más alto del pueblo y vemos por donde tirar en dirección a la Dehesa Abajo. Al principio es carretera en el pueblo, que termina en un polígono industrial, situado a la derecha de la misma. Andamos por las aceras hasta el polígono, donde las mismas se acaban y empezamos a andar con mucho cuidado por el borde de la carretera. Son dos kilómetros que andamos con cuidado, hasta que coronamos una subida y empieza un carril paralelo, el cual cogemos y ya no abandonamos hasta llegar a una rotonda, que nos indicará Dehesa Abajo. El carril, lo mismo está situado al margen derecho de la carretera, como al izquierdo, y nosotros lo seguimos y cuando desaparece en un margen nos pasamos al otro. Estamos ya en el Parque Natural de Doñana. Esta cañada por la que estamos andando se llama: La Cañada de los Pájaros.
Cuando llegamos a la rotonda, seguimos el cartel indicador de Dehesa de Abajo, 4 kms. También existe una carril bici que indica Pinos de Aznalcázar 11 kms. Nosotros continuamos por la carretera que nos conduce a la Dehesa de Abajo, carretera de poca circulación y cuando llevamos un para de kilómetros, paramos a un vehículo y su conductor nos ratifica donde está el lugar al que vamos. Los pies se nos están calentando bastante, debido al asfalto y a la hora que es, pues es media mañana y aunque hace un poco de viento, el sol hoy pega muy fuerte. Llegamos al centro de interpretación de Dehesa de Abajo y hablamos con los chavales de la Escuela Taller que se han reunido hoy en el centro con los profesores y van a hacer una paella. Nos ofrecen algunas bebidas y las rechazamos, pues andando como vamos, lo mejor es beber agua. Nos rellenan las botellas y son ellos los que nos indican el carril dentro de la Dehesa que debemos tomar, para que una vez salgamos de la misma, iniciar una subida por una pinar inmenso que nos conducirá al Quema y a continuación a Villamanrique. Les comentamos que cuando lleguemos al Quema nos bautizaremos, el uno al otro y les decimos los nombres que nos pondremos. Una chica de La Puebla, nos indica que después del nombre, tenemos que añadirle” del camino” y tomamos buena nota para hacerlo bien cuando lleguemos.
Comenzamos a andar por el carril y entre bastante ganado vacuno. La laguna de la Dehesa está espléndida y llena de flamencos. A un fotógrafo que anda por estos caminos le dejo mi máquina y nos hace una foto a los dos juntos. Seguimos andando y subiendo, por un pinar, hasta llegar a una cancela que permanece cerrada, pero en la que existe un paso para las personas. Cuando salimos, lo hacemos en sentido equivocado, lo que nos ratifica un trabajador del servicio de limpieza, que conduciendo un camión, va dejando contenedores para que las hermandades, vayan dejando sus basuras en ellos y no las dejen tiradas por doquier, para deterioro del Parque Natural.
El nos indica dos caminos, el de la carretera, y el de los pinos de Aznalcázar, que es el que cogemos. Hemos andado una kilómetro mas, entre ida y vuelta, pero después de lo que llevamos andado, no tiene la mayor importancia.
Empezamos a subir por el carril, en el que a ambos lados existe un  pinar espectacular.
Estamos en los Pinos de Aznalcázar y estamos en los cerros de Parejo Obregón, según me indicaron en la hermandad de Coria. El camino es duro en constante subida y bajada, pero precioso. Llegamos a una encrucijada de 3 caminos y son las 14,30h. y decidimos descansar un rato y comer algo. Nos descalzamos y extendemos la esterilla de Aurelio y nos sentamos. Sacamos las cosas de comer y procedemos. Pan, salchichón, sardinas en tomate, atún, etc. Cuando hemos terminado de comer y nos estamos calzando, escuchamos un coche que sube por el pinar. Me aligero en calzarme y paro el vehículo cuando está a mi altura. Cuando me asomo a la ventanilla para preguntarles, me doy cuenta que es Rafael Flores, de la Asociación Senderista Pasos Largos. Fue una sorpresa enorme y muy agradable, pues lo que menos te imaginas y que te puedes encontrar en uno de los lugares tan remotos como ese, es a nuestro amigo Rafael Flores. Paró el coche, se bajo, nos dimos un abrazo y con el y su compañero conversamos un buen rato, haciéndonos algunas fotos. Eran la 15h. y reanudamos la marcha en dirección al Quema, por el carril del medio, siendo el caminar en constante bajada hacia el Río Guadiamar. Llegamos en una hora al Quema, por lo que consideramos que habría unos 5 kms. desde que salimos después de comer.
Cuando llegamos al Quema, procedimos a nuestro bautizo. Nos echamos un poco de agua del río en la cabeza y nos bautizamos como “El trueno del camino” para Aurelio y “El jabato del camino” para mi. Continuamos nuestra marcha por el carril que indica 5 kms. a Villamanrique de la Condesa, llegando al pueblo, a las 17h.
Llegamos a la plaza, pequeña pero bonita y coqueta, y fuimos al Ayuntamiento, que tiene unos soportales, con sus bancos, dejando las mochilas en el suelo y sentándonos un rato para descansar.
Hablamos con una señora mayor que hay sentada en los bancos. Es de Villamanrique y nos contesta a todas las preguntas que les hacemos. Nos habla de D .Pablo, el cura del pueblo, del paso de las hermandades, de las fiestas, de que en el pueblo no hay albergue, etc. En esos momentos entra en el recinto,  un empleado que trabaja en los servicios informativos del Ayuntamiento, al que le preguntamos por algún sitio donde pasar la noche y nos informa que en la casa parroquial, que regenta D .Pablo, el cura en algunas ocasiones han albergado a otras personas. Me acerco a la casa parroquial y está cerrada. Al rato aparece en la plaza un señor de unos cuarenta y tantos años y me identifico ante el. Es D. Pablo, al cual Aurelio y yo le hablamos de lo que estamos haciendo; nos invita a tomar café y le acompañamos. Tiene una tarde muy ajetreada, pues está esperando al campanero que viene a revisarle las campanas de la iglesia. Aparece y nos lo presenta. Toma café con nosotros que paga también D. Pablo. Nos enteramos en una conversación que mantienen, que el pasado año, un tractor de los que transportaba una carreta, rompió un poste de luz y dejó al pueblo sin ella más de un día y por supuesto a la iglesia sin poder utilizar las campanas en días tan señalados.
D. Pablo no presenta a dos mujeres, cuyo nombre no me acuerdo, una colabora con el en  la casa parroquial y la otra se encarga de que las campanas suenen a su hora.
Hablo con ellas en el Bar de Antonio, donde le dejo a la hija, que está detrás de el mostrador, los saludos para su padre que me dio Modesto González, de la hermandad de Coria y para Rafael Jiménez “El araña”, los recuerdos de Juan Márquez de Coria.
Les comento que lo único que queremos del cura, es que nos deje una habitación, donde poder tirar nuestras esterillas y los sacos de dormir, pues les comento que los veo un poco reticente, como si no se fiara de nosotros.
Como necesitamos cosas para comer, espero que abran el supermercado de Canito, cerca de la plaza del pueblo, donde recojo algunos alimentos y converso con las empleadas del mismo, que se sorprenden de lo que estamos haciendo Aurelio y yo. Me regalan un bolígrafo, pues, el mío se ha negado a escribir.
Antes de volver a donde está Aurelio, en la casa parroquial, recorro el camino que la mañana siguiente haremos para salir de Villamanrique, y veo un sitio donde nos podemos quedar y pasar la noche, en caso de que el cura no nos deje un sitio en la casa parroquial. D. Pablo está muy ocupado esta tarde, pues, sus posibles reticencias a no dejarnos un sitio en la casa parroquial, eran que en la misma, se iba a dar una copa, después de la misa de las 21h. a los componentes de la hermandad de Villamanrique, pero al regresar, observo como las dos colaboradoras de D. Pablo, están hablando con el y al rato, viene a decirnos que nos vamos a quedar en la casa parroquial a dormir y escogemos una habitación interior en la cual introducimos nuestras mochilas y ya nos despedimos de el y nos retiramos a cenar y descansar. Por la noche, estando tumbados en nuestras esterillas, escuchamos los cohetes que la gente del pueblo, tiran en la calle por la proximidad de las fiestas que se avecinan y escuchamos a los miembros de la hermandad de Villamanrique en el patio de la casa parroquial, departiendo unos con otros.

A los pinares de Aznalcázar

Andar por tus caminos
Rebosantes de pinos

Respirar tu fragancia
Cuando el aire mueve tus ramas

Gozar de tu belleza
Incomparable y esperemos, duradera

 

Que lujo para la vista
La mente y el alma.

 

Jornada nº 6

De Villamanrique de la Condesa a la Aldea del Rocío.

Son las 7h. de la mañana. Procedemos a levantarnos; hemos descansado bien, aunque hasta las 2h o las 3h. de la mañana, hemos estado escuchando los cohetes que los vecinos han estado tirando, anunciando lo que se les avecina para estos días. Aquí se vive El Rocío, de una manera diferente, aunque como en todos los sitios, tiene sus detractores, pues la tarde anterior que estuve de compras en el supermercado y en la farmacia, escuché conversaciones para todos los gustos.
Nos aseamos en el cuarto de aseo que en patio de la casa parroquial y mientras Aurelio ha preparado el café de todas las mañanas. A mi hoy no se me apetece y no lo tomo. Espero al desayuno en el bar de Antonio, en la plaza, que nos han dicho que abren a las 8h. Recogemos las mochilas y salimos de la casa parroquial a las en punto, aunque no podemos despedirnos de D. Pablo, pues no se ha levantado. Dejamos la puerta como el nos dijo el día anterior y procedemos a ir al bar para desayunar. Está a veinte metros de la casa parroquial. En el mismo encontramos y conversamos a una persona, cuyos padres son de Ronda, pues se han criado en la Cuevas de la Pileta. También conocemos al padre del boyero que guiará el Simpecado de la hermandad de Ronda, ya que se identifica ante nosotros y nos dice que otro de sus hijos será el encargado de hacerlo también desde Marbella o Fuengirola. Desayunamos pan con aceite y café con leche y las personas con las que conversamos nos ratifican los puntos por los que debemos pasar, para llegar a la Aldea del Rocío. Al salir del pueblo, por el polideportivo, por una pista de albero, que desemboca en una carretera, la que debemos tomar a la derecha, unos 2 kms, hasta la venta de Mauro, desde donde ya se divisa la raya real, la que debemos coger, llegando al Palacio del Coto del Rey y a continuación hacia la Aldea del Rocío.
Nos despedimos de ellos, los cuales nos desean buen camino y comenzamos la andadura, siendo pasadas las 8,30h. Llegamos a la indicación del polideportivo y vemos una inmensa explanada, preparada por el Ayuntamiento para el sesteo de las hermandades, que se denomina la Dehesa del Boyar; continuamos por la pista asfaltada, que es bastante amplia, de albero y en constante subida, aunque leve. En el camino nos encontramos otros de los detractores de la Romería, que vive por una de las casitas de las fincas colindantes, que ha sacado a pasear al perro y nos comenta que en los días de la Romería, el carril es una auténtica locura, sin poder ni siquiera sacar a su perro a pasear por las cercanías.
Llegamos a la pista asfaltada o carretera, la que cogemos en dirección derecha y en unos veinte minutos, estamos en el cruce, donde está la Venta de Mauro. Ya divisamos la Raya Real, una inmensa cañada real, con una amplitud muy grande, que atraviesa todo el parque natural, el cual está debidamente cercado, pues hay ganado suelto en la parte izquierda. El parque natural está poblado de pinos enormes, lo que hace que a la hora que estamos pasando, a las 10h de la mañana, vayamos caminando con mucha sombra. La Raya Real, es una arenal inmenso, pero nosotros aprovechamos que no está pateado aún y caminamos por los laterales, casi pegados a las alambradas, por lo que de esta manera, estamos evitando la molesta arena que se te puede meter en las zapatillas. Por estos lugares no pasa nadie. Divisamos en la lejanía lo que puede ser una portada y pensamos que es el Palacio del Coto del Rey, pero como son las 11,30h , antes de llegar, nos bajamos las mochilas, nos sentamos en la esterilla de Aurelio y nos comemos unos frutos secos y chocolate negro.
Continuamos la marcha y poco a poco nos acercamos al Palacio, donde al llegar nos encontramos a un matrimonio que viene andando desde la Aldea y nos comentan que lo que queda son 9 kms. Rodeamos el Palacio y continuamos por la Raya Real, pero ahora en sentido ascendente, pues desde que dejamos la carretera hasta el Palacio, hemos venido bajando levemente, por lo que todo lo que hemos bajado, ahora hay que subirlo hasta la Aldea, aunque nosotros lo desconocemos y realmente nos damos cuenta cuando ha pasado mas de una hora y seguimos sin verle la punta a la Raya Real, hasta que empezamos a divisar movimiento de personas y animales y vemos algunos tejados de la Aldea. Este tramo de Raya Real, lo pateamos también por los bordes de la misma, donde se encuentra la arena mas prieta y no es tan dificultoso el andar. Realmente estos últimos 9 kms. los hicimos desde las 12,30h hasta las 14,30h, horas de mucho calor,  que fue cuando entramos a la ermita, para hacerle la visita de rigor a la Virgen del Rocío, antes de buscar la casa hermandad de Ronda, para poder, tranquilamente, comer algo y echarnos a descansar un rato.
Para Aurelio y para mi, han sido seis días apasionantes, vividos intensamente, haciendo lo que nos define a los dos: auténticos caminantes.
Buscando la solidaridad del camino y de las gentes con las que nos hemos ido encontrando.
Con el más absoluto respeto a todos aquellos que hacen el camino, la distancia y la forma que ellos quieran, pero que lo hacen, como nosotros, con el objetivo primordial de hacerlo desde la puerta de nuestras casas, en plan aventura, buscándonos la vida en cada lugar al que llegábamos y encontrando en algunos sitios la colaboración que solicitábamos, de lo cual estaremos eternamente agradecidos.
Gracias a nuestra familias, pues aunque hemos estado retirado de ellas, durante estos seis días de arduo caminar, siempre están en nuestros corazones y pensamientos a cada instante.
Gracias al Patronato Deportivo Municipal, a su delegado Carlos Mirasol, porque siempre hemos encontrado en el colaboración.
Gracias a la Hermandad del Rocío de Ronda, por la colaboración que nos prestaron al poder utilizar su casa hermandad, para nuestro descanso, al concluir nuestro camino.

Hemos venido de Ronda, a verte
Andando, como auténticos caminantes
A tu Aldea de Almonte
Aunque no seamos creyentes.

Hemos tenido jornadas
Largas y extenuantes
Pero siempre la mente, pensaba
En tirar hacia delante.

Para unos, el Rocío es un sentimiento
Para otros, una pasión
Lo que veo a los demás, en todo esto
Es un auténtico fervor.

No se puede concebir
El fervor tan inmenso
Que a la Virgen del Rocío
Le tienen los almenteños.

Aldea del Rocío
Hermandad de Ronda
Hermoso santuario
De La Blanca Paloma.

Las virtudes del Camino del Rocío

Cansancio
Lo da el camino

Esfuerzo
Nuestro sentimiento

Sacrificio
Del caminante, el oficio

Recogimiento
Nuestro pensamiento

Meditación
Nuestra oración

Satisfacción
Al culminar una acción.

Cansancio, esfuerzo, sacrificio, recogimiento, meditación y satisfacción
Son las virtudes de nuestra acción.

 

Rafael Lesmes García
Ronda, 24 de mayo de 2010.