El ojo del C I C E R O N E y la mirada del TROVADOR
nos presentan una RONDA insólita y mágica. Una historia de leyenda. Una leyenda hecha realidad. Una ciudad en verso.
MUSEO DE SANTA MARÍA LA MAYOR

 En el interior de Santa María de la Encarnación (La Catedral) hay una serie de imágenes, retablos y detalles que son dignos de mención y que todos ellos configuran un Museo, además de las dos exposiciones que existen.
Empezando por la entrada, encontramos una pintura enorme de San Cristóbal, Patrón de Ronda. San Cristóbal fue nombrado Patrón  por el Papa Benedicto XIV, a mediados del siglo XVIII
; la idea era que protegiese a los viandantes, por esos caminos de Dios que le llevaban o traían a Ronda, de los asaltadores de caminos que por esas fechas proliferaron tanto en esta zona.
Posteriormente a su nombramiento como Patrón, el Cabildo de Santa
María le encargó al pintor rondeño, José de Ramos Piquer,  que pintase la figura de
este santo, rogándole que fuera un San Cristóbal grande, como

se supone que era este Santo Varón. Y así encontramos, en ese arco del rincón izquierdo del altar del Sagrario, un fresco enorme que reproduce la imagen del Patrón de Ronda. La pintura está fechada por el autor en el año 1.798. Se cuenta que a San Cristóbal lo pintaban así de grande, con objeto de que se viese desde cualquier puerta de entrada a la iglesia, de manera que, principalmente los panaderos, tenían la superstición de que si salían de trabajar y no saludaban al Santo, esto les traería mala suerte, así que con sólo abrir la puerta le decían “buenos días” a San Cristóbal y ya iban protegidos.
Inmediatamente de ver a San Cristóbal, encontramos dos retablos enormes fabricados en Ronda, y, según la inscripción que se encuentra en el central, fueron hechos en los talleres de la Iglesia en el año de 1.773 en estilo barroco. El de la derecha representa un retablo
también barroco (churrigueresco) y hecho por las mismas fechas que el anterior. En el camerín de este retablo se encuentra Nuestra Señora del Mayor Dolor que se le atribuye a “La Roldana” (María Luisa Roldán). Justo enfrente de estos dos retablos, en el trascoro, encontramos catorce  placas en bronce situadas en un altar estructurado en madera de cedro y que

 

 representan distintos momentos de la Vida de Nuestra Señora. Se hicieron y  pusieron ahí por iniciativa del párroco D. Gonzalo Huesa y bendecido e inaugurado por Monseñor Dorado Soto, Obispo de Málaga el año 2.000 con motivo de bimilenario Mariano. Se llama “Vía Lucis Mariano”, en contraposición del Vía Crucis.
El coro es una obra maestra de la talla rondeña hecho casi todo en nogal, como
igualmente el órgano. Tanto éste como bastantes de las figuras que presiden los sitiales, fueron destruidos y quemados durante la 2ª República.  Posteriormente, las figuras fueron repuestas por los tallistas rondeños, Vicente Becerra (El Sacristán de Santa María) y Adolfo “El Títere”.
 

Nos queda por describir el altar Mayor, en el que se encuentra un baldaquino de madera de cedro hecho en Ronda en estilo Rococó, que es una maravilla y que se supone se hizo a finales del siglo XVIII.
En lo que era la Sacristía Mayor, se ha instalado un pequeño Museo con relicarios, que van desde el siglo XVI hasta nuestros días
; imágenes del Niño Jesús y de la Virgen del Rosario, como, asimismo, una serie de libros en pergamino que datan de los siglo XVI al XVIII. En la actualidad se sale de la visita de la Iglesia por las antiguas catacumbas, adaptadas como pequeño museo de códices antiguos y de algunas reproducciones del Hombre de la Sindone (La Sábana Santa de Turín), de la que hubo una exposición en La Catedral.

Hermandad de reliquias y sotanas
compartiendo vitrinas y anaqueles,
imágenes sagradas y papeles
notarios de memorias diocesanas.

San Cristóbal preside en las alturas;
fabuloso angelote de la guarda
cuya imagen ciclópea y gallarda
recuerda la miseria de los curas.

Casullas y retablos relucientes
en altares menores y mayores,
donde van a purgar los pecadores
y a cumplir su deber los penitentes.