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PRESENTACIÓN |
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Me acabo de dar cuenta de que ya llevo más años viviendo en democracia de lo que lo hice viviendo en la dictadura. No es un dato baladí. Uno, tal vez por ósmosis, va asumiendo los valores dentro de los cuales crece y va forjando su vida. Yo ya he vivido más tiempo en libertad y, tal vez por eso, a este valor otorgo el carácter de supremo como a ningún otro. Tengo muchos amigos nostálgicos. Tanto, que aún sienten la añoranza del autoritarismo perdido. Ideológicamente no han evolucionado nada. Con Franco vivíamos mejor y tente tieso. Sin más matices, sin más reflexión. Y son buenas personas y hay que quererlos. No creo que su atavismo ideológico los convierta en seres inferiores moralmente. En absoluto. Son gente que merece la pena y la alegría. Que siempre tienen la mano tendida y el corazón abierto. ¿Qué más se puede esperar de un ser humano? Pero no se puede hablar con ellos de política. Directamente, vuelven a las cavernas. Su ideario es muy sencillo: uno que manda y todos que obedecen. Sin más matices. Un sólo Dios, una sola fe y un sólo movimiento nacional. El Parlamento, para expresión sublime del pensamiento único. Y, sin embargo, son buena gente de verdad. ¿De dónde procede esa incapacidad para aceptarse y aceptar a los demás como seres libres y con criterio, soberanos e inviolables? ¿Qué los lleva a aceptar y desear una tutela permanente sobre su vida y sus obras? ¿Qué desconfianza total en el ser humano los aturde? No son de derechas; defienden al PP, porque es lo más parecido al ideal que proclaman, pero no creen en el libre juego que propician las ideologías y el respeto al pensamiento del otro y a su derecho a tenerlo y a disentir. Eso se les hace insoportable. Lo que no es orden, es chusma. Los que no coincide con sus valores (su valor, mejor sería decir) es simple comunismo. No son del PP (si lo fueran, aceptarían el juego parlamentario), sino nostálgicos e inmaduros desde el punto de vista social. Tienen atrofiada esa capacidad que hace que uno se sienta un ser valioso dentro del grupo y no un simple número, un elemento sometido a dudosas creencias y a aberrantes y esclavizadoras convicciones. Sin duda, esa incapacidad nace del caldo de cultivo, que yo apuntaba en el primer párrafo, donde bebieron los primeros avatares de su existencia consciente y, sin duda alguna, de su absoluta certeza de que a ninguna parte conduce cuestionarse los asuntos que, en todo caso, deben resolver otros. Ven con absoluta naturalidad el hecho de dejar en manos ajenas la dirección de sus propias vidas. No les importa perder independencia y libertad de criterio, desde el presupuesto incuestionable de que son valores que no sirven absolutamente para nada. Funcionar
como siempre se ha hecho y actuar como Dios manda, aunque no mande y, tal
vez, ni exista. Eso es lo de menos; lo de más es aferrarse a valores
seguros, es decir, avalados por la tradición, por la costumbre, por la
historia. Son trabajadores honrados: cumplen con su horario como la mayoría y ponen en sus empresas algo más que su simple y remunerada fuerza de trabajo. Pero, no les hables de sindicatos, de organización de obreros, que eso suena a hordas marxistas y a contravención del orden lógico y natural de las cosas. Los que se entregan a semejantes organizaciones son unos subversivos que están aplastados por la indolencia y por las ideas liberales y progresistas. Y, no obstante, su sinrazón tiene su lógica. Si uno piensa que Dios hizo las cosas y a los hombres, cabe pensar también, que de la misma manera, organizó sus relaciones y sus circunstancias. Poco puede cuestionarse, quien así reflexiona, la bondad de un mundo forjado por semejante y todopoderoso Creador. Lo que hay, lo que subyace a lo que hay, es obra de un Ser sabio y misericordioso. Su mente no puede errar, aunque sospechemos tortuosos caminos en su proceder, dado lo precario y defectuoso de su obra prodigiosa. Lo que es no puede ser mejorado (¿quién podría corregir la tarea ingente de Dios?). Si hay un reparto de los bienes de la Tierra que sonroja, si la injusticia es norma evidente en las relaciones humanas, si la verdad o la bondad son objetivos subordinados a la posesión y la avaricia, eso no es más que la forma peculiar que tiene el Creador de poner a prueba nuestra fidelidad y confianza. ¿Qué argumentos caben ante tamaño desafuero? Ninguno; no hay manera de atacar semejantes convicciones, aunque vayan contra la razón y el buen sentido, aunque atenten contra la propia sensatez y la estabilidad colectiva. Son dos lenguajes incompatibles, dos códigos que no admiten traducción y, lo que es peor, dos sistemas mentales sin posibilidad de acuerdo porque uno de ellos no piensa hacia afuera, hacia el diálogo, sino hacia adentro, hacia el monólogo que no admite réplica. De manera que, habiendo uno constatado esta situación a lo largo de los tiempos, DESDE MI ESCAÑO, sección de mi web que inauguro con esta PRESENTACIÓN, no pretende otra cosa que invitar a estos personajes y a todo el que por aquí se acerque a: 1.- Cuestionarse todas las cosas, por muy trilladas que uno las tenga y por mucha seguridad que nos proporcionen. 2.- Ejercer un pensamiento de verdad independiente, alejado de verdades inamovibles y de lealtades absurdas. Éstas hay que dejarlas para el equipo de cada uno, porque eso es un juego y ahí es donde únicamente valen. 3.- Estar dispuesto a negar las propias conclusiones si los datos de la experiencia nos muestran su incapacidad o su insolvencia. Postura opuesta a lo habitual de acomodar la realidad a las propias hipótesis, fundadas casi siempre en suposiciones y opiniones interesadas. 4.- Asumir la imprescindible voluntad de aceptar las buenas intenciones en las palabras, las ideas y la conducta de los demás. Lo habitual es suponer que el otro dice, piensa o hace tan o cual cosa respondiendo a intereses miserables (por ejp. si discutes algo del PSOE es que eres del PP o viceversa; si los discutes a los dos es que eres un comunistas; y si también cuestionas a estos es que eres un insoportable y redomado coñazo que ni come ni deja comer).
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