EL CICERONE Y EL TROVADOR

Un paseo embriagador por nuestra RONDA, de ahora y de siempre

FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS

D. Francisco Giner de los Ríos nació en Ronda el año de 1.839 y murió en Madrid el año 1.915.
 Actualmente ya no existe la casa donde naciera, aunque se mantiene el recuerdo con una placa de mármol, en la cual se puede leer que allí estuvo ubicada. El lugar es muy fácil de encontrar, pues es la casa que hace esquina en el estrechamiento de la calle Armiñan, justo enfrente de la Casa donde viviera el poeta Pedro Pérez Clotet.
Él, de joven, ya se trasladó a Cádiz para estudiar y posteriormente a Alicante. Fue en Barcelona y en su Universidad donde empezó sus estudios para continuar posteriormente en Granada donde termina las carreras de Derecho y de Filosofía y Letras. 
Se traslada a Madrid donde gana la Cátedra de Filosofía del Derecho en el año 1.866, a la que posteriormente renuncia por solidaridad con dos de los profesores.
Fue perseguido y separado de la cátedra, siendo recluido en el Castillo de Santa Catalina en Cádiz, pero esto no hizo más que aumentar sus ganas de cambiar el sistema de enseñanza y cultural que existía en nuestro país, lo que consigue, en parte, fundando la Institución Libre de Enseñanza.

Ésta, a lo largo de los años, fue un hervidero de conciencias culturales nuevas y por ella pasaron un buen número de los personajes más influyentes e importantes de la vida cultural del siglo XX durante el periodo comprendido entre 1.875 y el final de la Segunda República. Ha sido el rondeño más importante en el mundo de la enseñanza, en la España del siglo XIX y XX, Su filosofía, es la que más ha repercutido en el profesorado de la época y, aún, en el actual. Fue el gran reformador de la vida humanista y liberal, o al menos lo intentó.
Giner de los Ríos se inició en la vida literaria y política en la Revista Meridional (1.863), contactó con el círculo krausista de Sanz del Río, fundó el Boletín Revista de la Universidad de Madrid y fue portavoz del movimiento krausista.
 Murió en Madrid a los 76 años de edad, dejando a sus espaldas un número importante de publicaciones sobre sus ideas de la enseñanza y la cultura y dejando un número incontable de seguidores de su vida, su filosofía y sus enseñanzas. 
En su Ciudad natal hay un monumento, erigido en la Plaza de los Descalzos, instalado y promovido por el Colectivo Cultural Giner de los Ríos (1.988), que preside como alma y factotum del mismo, mi amigo y admirado inquieto, Manuel Casillas.

Maestro de maestros, visionario
en un pueblo con alma de opereta,
quiso rendir la hiel de la escopeta
a la cálida luz del diccionario.Pero esta patria de raíz liviana,
del odio eterno y credos infalibles
fue enterrando en el mar de lo imposible
su germen portador de otro mañana.

Con hombres y mujeres liberados
de cadenas y dogmas seculares
soñó un pueblo de pulso atemperado

con el alma preñada y sin pesares
del frescor de los campos olvidados
y el vigor de los recios olivares.

PEDRO ROMERO

El conocido como Pedro Romero, de oficio carpintero como su padre y su abuelo, arranca desde niño acompañando a aquél en eso de enfrentarse a los toros. Ya por el año de 1.771, cuando sólo tenía 17 años, toreó por primera vez en Jerez de la Frontera.
Pedro Romero Martínez nació en Ronda en noviembre de 1.754 y murió en la misma ciudad el día 10 de febrero de 1.839. Su padre ,Juan Romero había nacido en Ronda el día 8 de Marzo de 1.727 y tuvo cuatro hijos toreros, el mayor Gaspar, el segundo Pedro, el tercero Antonio y finalmente el cuarto y más pequeño Pepe. Todos ellos fueron toreros como su padre y su abuelo, al que se le atribuye haber sido el iniciador de la tarea de matar toros a pie.
Juan Romero fue un buen torero y se le atribuye haber sido el personaje que aportó el nombre a la actual muleta, pues él, se cuenta, mandó que se hiciera, como buen carpintero, un tal aparato para apoyarse en él y poder matar los toros con más facilidad. Se retiró en el año 1.779 y murió a la edad de ciento dos años en su ciudad natal. De los hijos de Juan, dos fueron muertos por asta de toro, Antonio, en Granada, en el año 1.802 y Gaspar, en Salamanca, aunque se desconoce el año de su muerte. Los otros dos hijos de tan ilustre rondeño tuvieron más suerte y sobrevivieron a las astas de los toros. José Romero, que había nacido en Ronda en el año 1.760, tomó la alternativa de manos de Pepe Hillo en la Plaza de Madrid el mismo día en que un toro mató a su padrino. Era el año 1.818, cuando el maestro de Ronda se cortó la coleta en Madrid; murió a los 75 años en Ronda.
Y ahora vayamos al personaje más importante de la dinastía, a Pedro Romero. Quizá la leyenda es la que nos ha traído a nuestros tiempos esta figura importantísima en la vida de la tauromaquia e importantísima en la vida de Ronda. Se presenta en Madrid el año 1.775 y a partir de ahí se convierte en el personaje imprescindible en cualquier festejo de importancia que se diera en la tierra patria. En el Barrio de San Francisco, donde había nacido, se cuenta que murió, después de haber estoqueado 5.600 toros, sin que ninguno de ellos se pudiera llevar en sus astas ni una gota de sangre del rondeño, de una insolación, ¡vamos, de tabardillo! , que se decía antiguamente. ¡Una tontería!
Se retiró de los ruedos a los veintin
En la Alameda del Tajo, desde el año 1.954, cuenta con un nonumento erigido por el pueblo de Ronda y realizado por el escultor Vicente Bolós. Pedro Romero, en la actualidad, es festejado en Ronda – Cuna del Toreo – como el creador del toreo a pie y maestro de maestros de este arte ancestral. Para ello, desde el bicentenario de su nacimiento, en 1.954, se celebran unas Fiestas y Ferias que llevan su nombre y dentro de las que, cada año, se hace una corrida de toros al estilo goyesco en memoria de sus aportaciones a este mundo tan particular que es el de la Fiesta Nacional.
El conocido como Pedro Romero, de oficio carpintero como su padre y su abuelo, arranca desde niño acompañando a aquél en eso de enfrentarse a los toros. Ya por el año de 1.771, cuando sólo tenía 17 años, toreó por primera vez en Jerez de la Frontera.


Ningún torero
pudo hacer lo que hizo
Pedro Romero.

Flor de leyenda
de aquella dinastía
que convirtió en historia
la torería.

Pedro Romero:
la joya más brillante
sobre el albero.

Y fue el primero
en matar a los toros
como un torero.

Pedro Romero Martínez nació en Ronda en noviembre de 1.754 y murió en la misma ciudad el día 10 de febrero de 1.839. Su padre ,Juan Romero había nacido en Ronda el día 8 de Marzo de 1.727 y tuvo cuatro hijos toreros, el mayor Gaspar, el segundo Pedro, el tercero Antonio y finalmente el cuarto y más pequeño Pepe. Todos ellos fueron toreros como su padre y su abuelo, al que se le atribuye haber sido el iniciador de la tarea de matar toros a pie.
Juan Romero fue un buen torero y se le atribuye haber sido el personaje que aportó el nombre a la actual muleta, pues él, se cuenta, mandó que se hiciera, como buen carpintero, un tal aparato para apoyarse en él y poder matar los toros con más facilidad. Se retiró en el año 1.779 y murió a la edad de ciento dos años en su ciudad natal. De los hijos de Juan, dos fueron muertos por asta de toro, Antonio, en Granada, en el año 1.802 y Gaspar, en Salamanca, aunque se desconoce el año de su muerte. Los otros dos hijos de tan ilustre rondeño tuvieron más suerte y sobrevivieron a las astas de los toros. José Romero, que había nacido en Ronda en el año 1.760, tomó la alternativa de manos de Pepe Hillo en la Plaza de Madrid el mismo día en que un toro mató a su padrino. Era el año 1.818, cuando el maestro de Ronda se cortó la coleta en Madrid; murió a los 75 años en Ronda.
Y ahora vayamos al personaje más importante de la dinastía, a Pedro Romero. Quizá la leyenda es la que nos ha traído a nuestros tiempos esta figura importantísima en la vida de la tauromaquia e importantísima en la vida de Ronda. Se presenta en Madrid el año 1.775 y a partir de ahí se convierte en el personaje imprescindible en cualquier festejo de importancia que se diera en la tierra patria. En el Barrio de San Francisco, donde había nacido, se cuenta que murió, después de haber estoqueado 5.600 toros, sin que ninguno de ellos se pudiera llevar en sus astas ni una gota de sangre del rondeño, de una insolación, ¡vamos, de tabardillo! , que se decía antiguamente. ¡Una tontería!
Se retiró de los ruedos a los veintinueve años de haber iniciado su periplo taurino y se vino a descansar a su Ronda natal; por poco tiempo, porque el rey Fernando VII le nombro Director de la Real Escuela Taurina que el propio Rey había creado en Sevilla y a la que había dotado con doce mil reales anuales, una fortuna para la época.
En la Alameda del Tajo, desde el año 1.954, cuenta con un nonumento erigido por el pueblo de Ronda y realizado por el escultor Vicente Bolós. Pedro Romero, en la actualidad, es festejado en Ronda – Cuna del Toreo – como el creador del toreo a pie y maestro de maestros de este arte ancestral. Para ello, desde el bicentenario de su nacimiento, en 1.954, se celebran unas Fiestas y Ferias que llevan su nombre y dentro de las que, cada año, se hace una corrida de toros al estilo goyesco en memoria de sus aportaciones a este mundo tan particular que es el de la Fiesta Nacional.

ANTONIO ORDÓÑEZ

En el siglo XX se produce un evento de los más importantes de la historia de la vida taurina española. Nace en Ronda la Dinastía de los Ordóñez. Allá por el Hoyo del Bote (Barrio de Padre Jesús), Juan Ordóñez, que había sido carabinero, abrió un negocio a la que llamó ”Zapatería La Palma”. De ahí que sus hijos adoptaran este sobrenombre de “Niño de la Palma”.
Aunque el que popularizó el nombre fue Cayetano, ya su hermano Antonio, (Marbella 1.894), en sus tiempos de novillero, se había hecho llamar “Niño de la Palma”. El segundo hijo de Juan Ordóñez, Manuel, fue siempre de banderillero y hombre de confianza de su hermano Cayetano. Rafael, el cuarto de los Ordóñez Aguilera no pasó de ser un modesto torero de plata y Alfonso, el benjamín de la familia, quedó, asimismo, encuadrado en esa categoría. El grande de los hermanos Ordóñez Aguilera fue Cayetano, el famoso “Niño de la Palma”, de quien dijera Corrochano, celebre cronista taurino, “Es de Ronda y se llama Cayetano”, frase lapidaria que ha quedado grabada en los anales del mundo taurino.
Nace Cayetano en Ronda el día 4 de enero de 1.904 y muere en Madrid el 28 de septiembre de 1.961. Tomó la alternativa de manos de Juan Belmonte, siendo testigo “El Algabeño”, en Sevilla el 11 de junio de 1.925. En lo de su alternativa hay una leyenda por la que se cuenta que, estando Cayetano en el Bar de su padre en La Línea de la Concepción, donde la familia se había trasladado en el año 1.917, entró el diestro trianero, ya en pleno apogeo de su arte y su suerte taurina, y al ver que el crío lo miraba con tanta admiración le preguntó: “¿Y ú, qué piensas mocito? “Yo, le respondió Cayetano, que usted me va a dar la alternativa algún día”. Parece ser que en el momento de dicha ceremonia, Belmonte le recordó la frase del café de La Línea.
La elegancia, la espontaneidad y la naturalidad de un gusto exquisito, fueron las muestras diferenciadoras del arte del rondeño. Cayetano tuvo cinco hijos: Cayetano, Juan, Antonio, Pepe y Alfonso. Menos Alfonso que no llegó a tomar la alternativa, los cuatro restantes fueron toreros. Cayetano , Niño de la Palma (hijo), tomó la alternativa en Ronda el 8 de septiembre del año 1.946. Después le siguió su hermano Juan, que terminó siendo mozo de brega de su hermano Antonio; Antonio merece cuestión aparte; Pepe fue visto y no visto; podría haber sido una gran figura del toreo, pero a las primera de cambió dejó ese mundo; y Alfonso no pasó de novillero, pero ha sido uno de los mejores peones de brega que ha habido, siendo disputado por la figuras del toreo, aunque él, mientras Antonio estuvo en activo, lo fue de su hermano.
Y como colofón de esta dinastía rondeña de toreros, “Antonio Ordóñez”; él rompió con la dinastía “de la Palma”; sus hermanos se habían hecho llamar con ese apelativo: Cayetano se hizo llamar “Niño de la Palma, (hijo)”; su hermano Juan, se hizo llamar “Juan de la Palma”. Él empezó nombrándose tambíen de esa manera, pero ya desde sus tiempos de novillero se hacía llamar Antonio Ordóñez, y con éste nombre ha pasado a la historia.
En una ocasión torearon los cinco hermanos de la Palma en una corrida en Ronda y todos ellos se pusieron en el cartel, de la Palma. Solo Cayetano y Juan eran toreros, Antonio, Pepe y Alfonso eran novilleros. Antonio nació en Ronda el 16 de Febrero del año 1.932; tomó la alternativa de manos de Julio Aparicio, siendo testigo El Litri, el día 28 de junio de 1.951, con un toro de Galache de nombre “Bravío”. A partir de ahí toreará más de mil corridas hasta su retirada en San Sebastián en el año 1.971, aunque después, mientras físicamente pudo, toreó la clásica Corrida Goyesca de Ronda, que él lanzaría al estrellado como una Fiesta Taurina que nadie se quería perder y que nadie se quiere perder en la actualidad, aunque por motivos bien distintos.
Antonio Ordóñez ha pasado a la historia como “el torero más completo de todos los tiempos”. Diestro que crea el arte con su tranquilidad, su elegancia, su prestancia, su saber estar y su maestría delante del toro. Sobre él se han escrito las más bellas páginas que sobre un torero se pueden escribir. Con él han estado de acuerdo lo más impor
En Ronda se le adora y se le odia a la vez, cosas del amor y del cariño. El año 1.997, en la gran fiesta de septiembre se inauguró un Monumento al Niño de la Palma y otro a su hijo Antonio Ordóñez, justo delante de la puerta principal de la Maestranza . Sus cenizas reposan, desde su fallecimiento en diciembre de 1.998, delante del toril de su Plaza de Ronda, porque para siempre ésta será suya.
En el siglo XX se produce un evento de los más importantes de la historia de la vida taurina española. Nace en Ronda la Dinastía de los Ordóñez.


Tu cuerpo se estremece, goza y gime
cuando tu mano traza la distancia
que media entre el valor y la elegancia,
que va desde la gracia a lo sublime.

Del alma del azahar y del romero
de la recia y vetusta serranía
se alimenta el volcán de la armonía
que brota por tu cráter de torero.

De Ronda se engrandece tu muleta:
del puente, su equilibrio y majestad,
del Tajo, vertical y sobria hondura

que recogió tu espada de poeta
para elevar al sol de la verdad
su firme y proverbial arquitectura.

Allá por el Hoyo del Bote (Barrio de Padre Jesús), Juan Ordóñez, que había sido carabinero, abrió un negocio a la que llamó ”Zapatería La Palma”. De ahí que sus hijos adoptaran este sobrenombre de “Niño de la Palma”.
Aunque el que popularizó el nombre fue Cayetano, ya su hermano Antonio, (Marbella 1.894), en sus tiempos de novillero, se había hecho llamar “Niño de la Palma”. El segundo hijo de Juan Ordóñez, Manuel, fue siempre de banderillero y hombre de confianza de su hermano Cayetano. Rafael, el cuarto de los Ordóñez Aguilera no pasó de ser un modesto torero de plata y Alfonso, el benjamín de la familia, quedó, asimismo, encuadrado en esa categoría. El grande de los hermanos Ordóñez Aguilera fue Cayetano, el famoso “Niño de la Palma”, de quien dijera Corrochano, celebre cronista taurino, “Es de Ronda y se llama Cayetano”, frase lapidaria que ha quedado grabada en los anales del mundo taurino.
Nace Cayetano en Ronda el día 4 de enero de 1.904 y muere en Madrid el 28 de septiembre de 1.961. Tomó la alternativa de manos de Juan Belmonte, siendo testigo “El Algabeño”, en Sevilla el 11 de junio de 1.925. En lo de su alternativa hay una leyenda por la que se cuenta que, estando Cayetano en el Bar de su padre en La Línea de la Concepción, donde la familia se había trasladado en el año 1.917, entró el diestro trianero, ya en pleno apogeo de su arte y su suerte taurina, y al ver que el crío lo miraba con tanta admiración le preguntó: “¿Y ú, qué piensas mocito? “Yo, le respondió Cayetano, que usted me va a dar la alternativa algún día”. Parece ser que en el momento de dicha ceremonia, Belmonte le recordó la frase del café de La Línea.
La elegancia, la espontaneidad y la naturalidad de un gusto exquisito, fueron las muestras diferenciadoras del arte del rondeño. Cayetano tuvo cinco hijos: Cayetano, Juan, Antonio, Pepe y Alfonso. Menos Alfonso que no llegó a tomar la alternativa, los cuatro restantes fueron toreros. Cayetano , Niño de la Palma (hijo), tomó la alternativa en Ronda el 8 de septiembre del año 1.946. Después le siguió su hermano Juan, que terminó siendo mozo de brega de su hermano Antonio; Antonio merece cuestión aparte; Pepe fue visto y no visto; podría haber sido una gran figura del toreo, pero a las primera de cambió dejó ese mundo; y Alfonso no pasó de novillero, pero ha sido uno de los mejores peones de brega que ha habido, siendo disputado por la figuras del toreo, aunque él, mientras Antonio estuvo en activo, lo fue de su hermano.
Y como colofón de esta dinastía rondeña de toreros, “Antonio Ordóñez”; él rompió con la dinastía “de la Palma”; sus hermanos se habían hecho llamar con ese apelativo: Cayetano se hizo llamar “Niño de la Palma, (hijo)”; su hermano Juan, se hizo llamar “Juan de la Palma”. Él empezó nombrándose tambíen de esa manera, pero ya desde sus tiempos de novillero se hacía llamar Antonio Ordóñez, y con éste nombre ha pasado a la historia.
En una ocasión torearon los cinco hermanos de la Palma en una corrida en Ronda y todos ellos se pusieron en el cartel, de la Palma. Solo Cayetano y Juan eran toreros, Antonio, Pepe y Alfonso eran novilleros. Antonio nació en Ronda el 16 de Febrero del año 1.932; tomó la alternativa de manos de Julio Aparicio, siendo testigo El Litri, el día 28 de junio de 1.951, con un toro de Galache de nombre “Bravío”. A partir de ahí toreará más de mil corridas hasta su retirada en San Sebastián en el año 1.971, aunque después, mientras físicamente pudo, toreó la clásica Corrida Goyesca de Ronda, que él lanzaría al estrellado como una Fiesta Taurina que nadie se quería perder y que nadie se quiere perder en la actualidad, aunque por motivos bien distintos.
Antonio Ordóñez ha pasado a la historia como “el torero más completo de todos los tiempos”. Diestro que crea el arte con su tranquilidad, su elegancia, su prestancia, su saber estar y su maestría delante del toro. Sobre él se han escrito las más bellas páginas que sobre un torero se pueden escribir. Con él han estado de acuerdo lo más importantes críticos taurinos al destacar que ha sido el torero del siglo XX. Siempre se mantuvo en la vanguardia de la Fiesta y mientras estuvo en activo, por donde él pasaba la gente se volvía para verlo andar elegante y esbelto.
En Ronda se le adora y se le odia a la vez, cosas del amor y del cariño. El año 1.997, en la gran fiesta de septiembre se inauguró un Monumento al Niño de la Palma y otro a su hijo Antonio Ordóñez, justo delante de la puerta principal de la Maestranza . Sus cenizas reposan, desde su fallecimiento en diciembre de 1.998, delante del toril de su Plaza de Ronda, porque para siempre ésta será suya.

PÉREZ DE GUZMÁN

Nace este ilustre rondeño el 25 de febrero del año 1.841, hijo de D. José Pérez de Guzmán y de su esposa, Dª María Merino Gallo. En el siglo XIX alumbró Ronda una serie de personajes que jamás en su historia se ha vuelto a repetir; ya hablamos de algunos de ellos en estas páginas y hay otros muchos que por cuestiones de espacio no podremos recoger. Pero nacieron en el siglo más convulso de la historia de España; siglo de sometimientos patrios a fuerzas extranjeras; siglo de demasiadas tinieblas, siglo de la primera República, siglo de reyes extranjeros, siglo de nuevas constituciones, siglo de regreso de reyes, siglo controvertido…
En este siglo vio la luz este personaje rondeño, que aprendió dando sus primeros pasos de la mano su padre profesor versado en latín y elocuencia castellana, aficionándolo a las lenguas clásicas y dotándolo de unos conocimientos que no le abandonaron nuca. Cuando muere el cabeza de familia, Juan completa su formación solamente en Andalucía: Málaga, Cádiz y Sevilla son ciudades en las que deja constancia de su valía, colaborando en diversos diarios que serán su pasión. Ya en Ronda en el año 1.860 le encontramos de director en el “Avisador de Ronda y su Comarca”.
Se traslada a Madrid en contra del criterio de su familia, pero él necesita volar en busca de perfeccionar su formación y ampliar sus horizontes, por lo que se deja convencer por sus amigos que estudiaban allí, Manuel Izquierdo y Manuel Troyano. Allí avanzó tremendamente en perfeccionar sus estilos, hasta tal punto que con sus artículos periodísticos provoca más de una crisis ministerial.

Su prestigio le llevó a la dirección de “El Progreso” (1.873), “La Brújula” (1.875) y, sobre todo “La Época” (1.875). De una importancia preclara fue su obra de investigación, que aún hoy sirve como motivo de estudios: el “Dos de Mayo en Madrid”, “El cancionero de la rosa” y “Cancionero de Príncipes y Señores” son obras notables en este aspecto.
Fue un hombre enamorado de Ronda y llevó sus rondeñismo por dondequiera que pasaba; tan así, que no se negó cuando le pidieron que asumiera la alcaldía de su ciudad. En sus artículos no faltaron nunca referencias a su patria chica, a la que amaba profundamente.
En una ocasión tuvo que intervenir en un asunto relacionado con la noticia de la venta de la Casa de la Duquesa de Parcent (Casa del Rey Moro), que, como ya indicamos en otro capítulo, fue comprada por un americano, propagando éste el bulo de que en un pasaje secreto que encerraba había encontrado ánforas llenas de riquezas, lo que era totalmente falso y así lo hizo saber nuestro paisano en la Corte cuando la noticia llegó a Madrid, por la especulación que se había creado sobre estas riquezas desconocidas.
Hombre serio, escrupuloso y honrado pasó por la corte dejando un halo de rondeño inteligente, tenaz e imparcial. No pudo acudir a la muerte de su madre y esto lo dejó tocado para siempre, dejando escrita este cuarteto en la que renuncia voluntariamente a volver:
“Ya jamás te he de ver ilustre Ronda,
no la he visto morir, no la vi muerta
y nunca he de volver a aquella puerta
donde a mi voz mi madre no responda”.

Que este hombre fue importante,
Ortega, no lo discuto;
pero a mí, ahora y antes
de una manera constante,
me sigue oliendo a instituto.
A días de amor y rosas,
a juegos adolescentes,
a notas, clases y cosas,
en su tiempo deliciosas
y en el recuerdo inocentes.

TRAGABUCHES

Siempre ha sido esta ciudad tierra de hombres valientes, hombres arriesgados, hombres con coraje. José Ulloa, fue uno de ellos. Incluso fue torero famoso de la escuela rondeña.
Aunque nació en Arcos de la Frontera, el 21 de septiembre de 1.781, de muy niño sus padres se trasladaron a Ronda, donde vivió sus primeros años y su juventud.
 Siendo muy joven formó cuadrilla en la de los toreros rondeños de la dinastía de los Romero, José y Gaspar, siendo después sobresaliente de espadas con este último, de quien recibió la alternativa en la misma corrida celebrada en Salamanca el día 12 de Septiembre de 1.802, en la que dicho torero fue cogido y muerto en su primer toro, viéndose Tragabuches obligado a terminar la corrida.
El apodo de “Tragabuches” le venía dado de su padre, que al parecer era un buen glotón, pues cuentan que de un trago se podía comer una perdiz entera.
Un buen día, negro para su historia, mandaron llamar a José para torear unas corridas en Málaga y para allá salió con sus trastos, pero la mala suerte hizo que no llegase, pues a la altura del Puerto del Viento, una víbora le espantó el caballo y en la caída se rompió una pierna, así que como pudo recogió a aquél y puso rumbo a Ronda, pues mal torero iba a ser con una pierna de tal guisa.
 Al llegar a su casa se encontró con la puerta cerrada. Llamó y llamó y nadie le contestaba, hasta que finalmente, después de quince minutos, salió la mujer toda azorada y nerviosa, lo que indujo a José a sospechar de su posible infidelidad;

la apartó de mala manera y como pudo se puso a registrar la casa. La búsqueda fue infructuosa, ya que no encontró nada sospechoso; se tranquilizo y, apurado y sudoroso como venía, cogió un jarrillo para tomar agua fresca de la tinaja. ¡Mala suerte, José!
 Al intentar cogerla se encontró con que dentro de la misma estaba escondido el acólito de Santa María, Pepe “el Listillo”, que era el amante de la mujer y que tenía, como se puede suponer, muy cerca los amores de su amada, ya que se cree que José Ulloa vivía en los alrededores de la Iglesia.
 No lo dudó un momento, tomó su trabuco, mató al acólito y tiró a la mujer por el balcón de la casa, que al caer a la calle murió al instante.
En aquel rapto de desesperación que le había llevado a esta tragedia, la única solución que encontró fue la de “echarse a la Sierra”, uniéndose, según cuentan a la partida de “Los siete niños de Écija”, cuyo cabecilla, a la sazón, era Juan Palomo, que estaba en pleno apogeo por ese tiempo.
Cuando se disuelve la partida de los Niños de Écija, a muchos de ellos les concedieron el indulto, pero no así a Tragabuches. Desde ese momento desaparece y se deja de hablar de él, sin que nos hayan llegado más noticias de su persona, por más que se haya investigado; ni su fecha de defunción, ni cómo ocurrió, ni cuándo.
 Sí corrió una coplilla que cuentan que él decía y que era ésta:
“Una mujer fue la causa
de mi perdición primera.
No hay perdición de los hombres,
que de mujeres no venga.”

Llega José en su caballo,
fatigado del camino
con una pierna maltrecha,
buscando en su casa abrigo.
Nadie le abre la puerta:
su mujer con “el listilllo”,
consuman el adulterio
que lo conduce al abismo.
En un momento tres vidas
de pronto se hacen añicos
y la muerte se apodera
del corazón malherido.
La leyenda se abre paso
y vuelve a los muertos vivos.

ANIYA LA GITANA

Amaya Molina nace en Ronda el 27 de Septiembre del año 1.855 y muere en Ronda el día de Todos los Santos del año 1.933. 
Cantaora y guitarrista, solía acompañarse ella misma. De vida azarosa, esclava del amor, contrabandista en su juventud, llena de anécdotas, una mujer repleta de ternura, simpatía;yo diría que una mujer del pueblo, querida por todos, desde la Reina Victoria Eugenia, que le regaló un mantón de Manila, hasta Pastora Imperio que le obsequió con una bata de cola.
Poetas y literatos han glosado y loado la figura de Anilla. Federico García Lorca la cita en 1922 en su conferencia “Importancia histórica y artística del primitivo cante andaluz llamado cante jondo” leída en Granada con motivo del concurso de Cante Grande. 
En 1930, con setenta y cinco años, fue la figura más admirada en la Exposición de Barcelona, en la Semana de Andalucía, que tuvo lugar en el Pueblo Español de la Ciudad Condal. Allí cantó y bailó Aniya, y estuvo acompañada a la guitarra por Ramón Montoya. Desde Barcelona se mandaba información al secretario del Ayuntamiento de Ronda sobre la salud de nuestra paisana, y entre otras cosas decían:” … la anciana gitana, come bien, duerme poco y bebe mucho”.
José Carlos de Luna le dedica un poema con su nombre en la obra “La Taberna de los 3 Reyes”. También Núñez de Prado le dedica un capítulo en su obra “Cantaores andaluces”, donde glosa su cante por soleares y su vida. De ahí sacamos una de las letras por soleá que con más frecuencia cantaba:
Estoy viviendo en el mundo
con la esperanzza perdía;
no es menester que me entierren
porque estoy enterrá en vía.

Como cantaora lo hizo en los cafés cantantes de Ronda, Fornos, La Primera de Ronda y El Pollo, donde se cuenta que conoció al gran cantaor jerezano Don Antonio Chacón y a los hermanos Javier y Antonio Molina, el primero tocaó y el segundo bailaó, que hacían gira con Chacón.
Cantó en el Burrero de Sevilla y, en Málaga, en el Sin Techo y el de Chinitas, donde conoce a su paisana Paca Aguilera, en 1890.
 Sus valores artísticos han sido siempre reconocidos por todos, porque Aniya sentía el arte como el corazón que más lo sienta y vivía la grandiosidad de ese arte con el alma y nos dejó un estilo poco cantado, que solo conocen unos pocos aficionados, como sus solearillas, o solares cortas.
Hay otras anécdotas y curiosidades que reflejan todo lo que fue la vida y el cante de esta gitana rondeña. De su cante debemos hacer hincapié en las citadas soleares, hechas y creadas a su forma y que, aunque perdidas en el tiempo, las conocemos gracias al padre de “Diego del Gastor”
, Juan Amaya Cortés, que a su vez las aprendió del abuelo de Diego, Francisco Amaya, y que nuestro guitarrista universal cantaba.
Una letra de soleá, escrita por Juan Ortiz Ordóñez para el concurso de letras flamencas de Ronda en 1971, y premiada en en el mismo, recoge como nadie lo que era y cómo era el cante de Aniya:
Nadie ha podio cantá
como Aniya la Gitana
lloraba por soleá.
En Ronda ha tenido varios homenajes, uno de ellos, hecho por el TES de Ronda en “Una taberna en otro lugar”, obra escrita por Antonio Becerra y representada en el Teatro Espinel, el 31 de enero del año 2.003. Posteriormente, el Ayuntamiento le erigió un monumento situado al lado de la Iglesia de Padre Jesús.

Se conjuraban las musas
en noches de luna clara
cuando lloraban su llanto
las cuerdas de su guitarraSangre de fuego encendido
bordan sus dedos al alba
y la brisa se detiene
para entrar por su ventana.
Aniya, luz de bohemia,
mujer de miel y de rabia,
verano de sol ardiente,
linterna en la madrugada.
Por las esquinas del aire
retoza su voz quebrada,
mientras deslumbra la noche
la reina de las gitanas.