Ya debe ser la hora,
pronto llegarán por mí;
me encuentro en casa sola,
tengo ganas de salir.
Oigo la voz de mi madre,
no hace más que repetir:
“niña, no vengas muy tarde,
no andes sola por ahí”.
Saldremos a la calle,
pensaremos que tal vez
es el mejor momento
para poder otra vez:
pasear por nuestro mundo,
caminar sin rumbo
hasta que suenen las diez
y guardar ese secreto
que parece inquieto,
que nadie debe saber.
Hoy como cada tarde
nos vendrán a perseguir
esos pesados de siempre
que no nos dejam vivir;
y nosostras seguiremos
sin pensar más que en aquel
que nunca nos dijo nada
pero nos miró una vez.
Qué pronto pasa el tiempo,
nos tenemos que marchar
y a esos que nos persiguen
los tendremos que olvidar;
y vover de nuevo a casa,
preguntar “¿qué pasa?”;
“¿Quieres algo de comer?”
Y encerrarnos en silencio
con nuestros recuerdos
que mañana hay que volver.