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Este libro se presentó el 14 de enero de 2005. La presentación del acto corrió a cargo de José María Ortega y la del libro fue realizada de forma magistral por Pablo Jiménez Prieto. Presidió el acto la delegada de Eduacación, María José Martín de Haro. Muchos amigos estuvieron presentes. |
Al lector que, interesado en la materia, se ponga a leer este estudio sobre “Las armas del cómico” le podrá pasar lo que a mí: quedarse sorprendido de la profundidad del estudio y de lo complicado que resulta ser un buen cómico de teatro. Yo pensaba que era fácil. ¡Nada más lejos de la realidad! Este era mi criterio antes de profundizar en la lectura de este texto. Según he dicho siempre, todos podemos servir para el teatro, otra cosa bien distinta es que todos podamos servir para cómicos de teatro. Esto, según este estudio, no es tan fácil, incluso yo diría que es complicado. Total que, a partir de ahora, eso de que “todo el mundo sirve para el teatro” me lo tendré que replantear. No obstante, según Calderón de la Barca, actuar es estar constantemente en la vida. Él lo recoge en uno de sus Autos Sacramentales: “El mundo es un gran teatro en el que cada uno está desarrollando su papel”. Lo que sí nos ha enseñado la experiencia es que ser cómico de teatro es muy sacrificado, o al menos, ser cómico y aficionado. Eso de que una persona pueda imbuirse de otra personalidad, según Diderot, o meterse en la piel de otra persona, según Stanislavsky, para conseguir que el público entre a formar parte del engaño, es realmente difícil. Y más, si sólo ha contado con su buena voluntad, su inquietud, el amor infinito al teatro y las precarias indicaciones del “director”: Yo. Si fuésemos capaces de perder el “respeto humano” podríamos subir a un escenario e interpretar. Pero esta es otra cuestión, ahora la que me ocupa es la de prologar este estudio. Como decía, la experiencia es la que me lleva a atreverme a escribir unas letras de introducción a este trabajo de mi amigo José Mª Tornay. Como ya he expuesto, me he quedado sorprendido. Pero una vez leído, releído y vuelto a leer el estudio, me he dado cuenta de que algunas de aquellas experiencias que todos en el TES de Ronda hemos pasado, están volcadas en este trabajo. Pero José Mª, que ha estado siempre pegado a la cultura, siempre inquieto y observador, ha entendido que nuestra pequeña labor merecía que él perdiese parte de su tiempo en reflejarnos en el espejo de la perfección, para que nos viésemos en él y empezáramos a despojarnos de lo imperfecto. Recuerdo aquellos primeros pasos cuando, D. Abrahán Lorenzo, recién venido yo a Ronda en el año 1.966, me presentó a aquel grupo de jóvenes del Círculo de Santo Domingo Savio, de las Escuelas Salesianas, con la peregrina intención de que formase un grupito de teatro. Aquel material joven, conmigo al frente, dio sus primeros y vacilantes pasos en la escena. Yo, que siempre he estado imbuido del espíritu Salesiano, tropecé, por segunda vez, con otro Salesiano excepcional, D. Gonzalo Huesa, idea y motor de los inicios del Teatro Español Salesiano (TES) de Ronda, que sobre esa base, salesiana ya, montó un centro cultural en Ronda que fue el elemento impulsor de la juventud rondeña en los años 70. Pues bien, cuando ya estoy al final de mi papel en el teatro de la vida, veo, con sorpresa, cómo aquellos niños y jóvenes son todos, ahora, maduros, todos adultos, todos cultos y todos pintando canas. En una palabra, hombres. Y veo que pueden, como es el caso que me ocupa, ser licenciados, diplomados, técnicos, etc. y realizar estudios de temas tan míos, tan nuestros como los cómicos y las armar con las que deben contar. El estudio nos deja al desnudo, ya que nosotros, que hemos sido autodidactas, nos vemos con todas las carencias que este análisis expone como condiciones necesarias para ser un buen cómico. José Mª expone como necesidades básicas para ser un buen cómico las siguientes: La Voz, la Expresión, el Movimiento, la Concentración y la Memoria. Y de cada una de ellas hace una subdivisión exhaustiva, hasta alcanzar cotas que, personalmente, yo no he encontrado en otros estudios de parecidas características. Éstas, las expuestas por José Mª Tornay, como necesidades básicas a la vez que importantes, son difícilmente ampliables. Si a estos temas primordiales y fundamentales le añadimos el de la pérdida del respeto humano, es decir ese miedo que las personas tenemos a hacer el ridículo ante los demás, el estudio es perfecto y podría servir como libro de texto para las escuelas y los talleres de teatro, tan en boga en estos momentos en muchos Institutos y Colegios. En este estudio se van a encontrar con un tratado fácil de entender y con recomendaciones de acceso a otros posibles tratados en los que el autor no entra por no hacer interminable el suyo. Como armas, que el cómico debe utilizar para el mejor desarrollo de su trabajo en el escenario, en este estudio las tiene todas. Quedan expuestas las cinco facetas. Estudiadas profundamente cada una de ellas con una claridad meridiana y analizadas, en algunas ocasiones filosóficamente, al detalle, sin caer en terminologías que pudieran ser difíciles de entender. Creo que el TES de Ronda y yo mismo, nos podremos sentir orgullosos de que, de aquellos jóvenes que en 1.970 estábamos llenos de inquietud, hayan podido salir personas como José Mª Tornay, que producen frutos como el que ahora tienen ustedes en sus manos. José Mª Ortega de la Cruz. Presidente del TES de Ronda. |