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Es en Ronda a 21 de diciembre de 2007-12-22 Buenas noches.
Queridos Josemaría y Nuria.
Hola a todos.
Hoy es noche mágica, precursora del último plenilunio del año. Es noche
de solsticio: nace el invierno, con sus largas noches y su frío intenso.
Al pasar hacia aquí, por los balcones del Puente he percibido el conjuro
de la brisa, inquieta y picarona, con el aliento profundo del río, en el
agujero, para rondar la cornisa de esta ciudad de ensueños.
Un frío hueco sonrosa las mejillas y aprieta las carnes, con aires de la
sierra, de los encinares, de vaguadas y repechos.
Sobre los filos del miedo, protegidos en este remozado marco, donde
parece que aún revolotean los ecos de cánticos y de rezos, de suspiros y
quejíos, de silencios y desvelos, se nos convoca a todos para un acto
singular y entrañable.
La amistad, el cariño, la expectación y el contento nos congregan hoy
aquí, para la puesta en escena – sin bambalinas, sin proscenio, sin
patio de butacas – de una obra, cuyo protagonista, nosotros somos los
extras, será tan sólo, que no es poco, el verso.
La trama de la obra discurre entre la voz y la palabra, la sangre y el
pensamiento, el corazón junto al alma y la sordera del cielo. Las
preguntas sin respuestas, la crudeza y el gracejo, los miedos y las
ternuras: la desnudez, en el verbo.
Me satisface y honra poner mi corazón y mis palabras en presentar la
obra y a quien tuvo la agobiante necesidad y la bendita locura de
regalarnos, con ella, su verso, tan sentido, y compartir, sin cicatería,
el hálito de sus poros y el “rum-rum” de sus adentros. Gracias,
Josemaría.
Decir en público cómo es alguien interiormente, resulta embarazoso.
Mucho más si se trata de una persona muy cercana y querida, por ti y por
quienes te oyeren. Pensadlo, si no. Es difícil. Complicado. Si optas por
adjetivos rebuscados, por temor a quedarte corto, pudiera resultar
petulante. Si, por el contrario, recurres a los tópicos de siempre,
parece que simplificas y desprecias la valía del personaje.
Cuando lo hacemos en el ámbito coloquial, en el cotilleo, se nos vienen
a la boca, indefectiblemente los “peros”, y no de Ronda precisamente.
“Mu güeno y un santo, pero…” Cada cual ponga su ejemplo.
Resulta que, el tal fulano, es así en realidad. Sencillamente, porque en
nuestra condición de humanos van unidas, inseparablemente y por fortuna,
- de lo contrario sería aburridísimo -, las luces y las sombras, como la
espiga al rastrojo, como el dátil a la palma, como la rosa a la espina
o la aceituna a la rama.
Cuando nos deleitamos con aquello placentero, que la vida nos regala,
¿acaso alguien repara en las púas de la rosa, en la acidez de la oliva,
en el talle de la palma o en la raspa de la espiga? Os aseguro que
nadie.
Somos…, barro y alma, tierra y cielo, todo y nada, en un mismo contexto:
tú, él/ella o yo. Y nada más. Somos quienes somos, tal cual somos, como
nos parieron y en la vida nos ha ido. Cada quien es cada cual. Cada uno
es como es. No se puede deslindar.
Se ama, se comparte, se roza, se preserva, se añora y se necesita a todo
el ser, no a la parte. Todo íntegro: alma, corazón y vida, como es al
caso, Josemaría.
Lo sé, y todos también, que estamos ante alguien que huye de la pompa,
de la parafernalia, de la adulación y del lamido del halago turbio, y de
tantas cosas vanas y vanidades de nada.
Perdonad mi atrevimiento, con breves pinceladas, trataré de expresar mi
percepción, un tanto somera, pues requeriría mayor extensión en tiempo y
profundización.
RETRATO
¿Su corazón?
Simplemente vida:
Desnudo y abierto,
Crisol de sonrisas,
Soñador de sueños,
Cicatrices mudas,
Cariñoso y dueño.
¿Su mente?
Simplemente el eco
Del fragor que bulle
De la frente al pecho
Y que al alma imbuye
Lo sentido y hecho.
Buscador de luces
Y caminos rectos.
¿Su alma?
Simplemente un prisma:
Transparente y fresca,
Socarrona y fina,
Inquietante y tersa.
De la propia vida
Prostituta, inmersa,
En burdel de idas
Y venidas ciertas.
¿Y su carácter?
Simplemente inverso:
Adusto con gusto,
Averso al reverso,
Desnudo y no mudo
Que piensa y repiensa.
Tira la mentira.
Goza en lo que roza,
Mira cuanto admira
Y olfato de gato.
Pillo y no loquillo,
Que disiente y siente.
Mayo sin desmayo,
Que hace y rehace,
Con encanto, un canto
A la vida viva,
Sin volar volando.
Es hora ya de concluir. Voy saliendo del aprieto. Pero…, sería un
desdén, por mi parte, no volver a hacer mención al hecho concreto que
hoy nos concita: a ese hijo de tus sienes, a ese polvo de tus pasos, a
ese son de tus latidos, a esa luz de tus delirios, a ese parto de tus
sueños, a esa estela de tu vida, a ese faro de tu verso, a ese canto de
tu alma: A los recodos del camino, con tu palabra en sus voces.
Aunque torpe en mi andadura y atolondrado en mi verbo, ha sido para mí
un honor y un orgullo presentar este entrañable acto, trascendente para
ti, para los tuyos y para quienes te queremos.
Como epílogo, vaya para ti, Josemaría, este soneto, en el que va todo el
afecto, el respeto y la ternura que me despiertas.
Fue Pablo o, tal
vez fuera el destino
quien puso la ocasión entre mis manos
de hallarte enfrente, a solas, viejo
hermano,
hurgando en los recodos del camino.
Me das, de tus alforjas bien
repletas,
la esencia de tu verso y tu alegría
de faro, en esa luz, Josemaría,
que expandes con tu alma de poeta.
Retornan a mi frente los instantes
vividos, en común, sin otro empeño
que hablar de ciertas cosas
importantes
o, en tantas, con Vicente de sus
mofas.
Mas nunca nos abrimos nuestro sueño
de hacer con cuatro versos una
estrofa.
Gracias, por todo y tanto tú, Josemaría.
Gracias a vosotros.
Buenas noches.
Salvador
Conde Melgar.
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