ADIÓS PESETA, ADIÓS

 

¿Qué tendré yo que hacer para olvidarte,
amada compañera de mi vida?
¡Tantos sudores para conquistarte,
para acabar llorando tu partida!

Tu muerte, amor, no ha sido cualquier muerte;
jamás otra ocurrió más anunciada.
¡Tú que eres paradigma de la suerte,
verte de esta manera postergada!

¿Dónde pondré sin ti tanto cariño
y qué va a ser de la tercera edad?
¿Cómo se apañarán sin ti los niños
que cantan el sorteo de Navidad?

Ganas me dan de apretar el gatillo;
¿qué voy a hacer de ahora en adelante,
cuando meta la mano en el bolsillo
y encuentre al sustituto repugnante?

A ti te debo todo lo que soy;
hasta llegué a perderme por ganarte;
no quiero que te vayas sin contarte
lo inmensamente triste que yo estoy.

Pero conozco bien el alma artera
que gobierna y dirige nuestra mente:
cuando otro caliente mi cartera,
pasarás al olvido eternamente.