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Ahora que no me miman los abrazos,
ahora que no me duelen los puñales,
que puedo andar descalzo entre cristales
y que no me acobardan los portazos.
Ahora que no me asustan las tormentas,
que ya no me envenenan los venenos,
que distingo a los malos de los buenos
y prefiero los cuentos a las cuentas.
Ahora que ya conozco al enemigo,
que sé que anida cerca y que me acecha,
or fin empiezo a estar a bien conmigo,
a recoger a gusto mi cosecha,
a buscar en mi gente buen abrigo,
a no mirar la hora ni la fecha. |