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A veces me pesa tanto,
Tanto me pesa la vida
que grito a los cuatro vientos
lo que al alma le lastima.
Y miro al Sol a los ojos
y él me devuelve sin prisa
un rojo aliento dorado
que me tapa las salidas
y me escondo en el rincón
de las tristezas altivas.
A veces me duele tanto,
tanto me ahoga la vida
que el mármol de sus entrañas
pone hielo en mis pupilas
y ni siquiera este mar,
y esta luz de Andalucía
son capaces del milagro
de apagar las pesadillas.
A veces, algunas veces
se pone yerma la vida
y no es posible brotar
del vientre de sus semillas
y se convierte en distante
y lejana algarabía
y sigue estando en nosotros
tan cerca, tan escondida.
A veces duele el dolor
de ser náufrago en la vida,
manejando otro lenguaje,
otra lógica, otras pistas,
otras formas de mirar
y otra verdad que salpica,
pero no moja ni anega
y se va por las esquinas.
A veces duele el dolor
y pesa tanto la vida
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