¡HASTA SIEMPRE, CARRETERO!

Desde tu luz jerezana
a tu tajo bandolero,
bordaste luz de mañanas
con tu verbo compañero.

Donde el polo y la serrana
cantan a dioses toreros,
de par en par tu ventana
iba aventando luceros.

Como un trueno de armonía
tu voz entraba en la estancia
e inundabas de alegría
los pasillos de mi infancia.

Del jugo de dulces parras,
de encinas recias, bravías,
del temblor de las guitarras,
del sol de la serranía,

fuiste llenando tu armario
a lo largo de tu vida,
que hoy notamos, solitarios,
que no fue causa perdida.

 

Hiciste tuya a esta tierra
y este pueblo te hizo suyo
y todo lo que él encierra
lo luciste con orgullo.

Y tendiste en sus aceras
tu corazón grande y fiel
para que todos cogieran
lo que quisieran de él.

Hoy inclino mi cabeza
a un Quijote caballero
¡Hasta nunca, vil tristeza!
¡Hasta siempre, Carretero!