COMO EL TRONCO DE LA ENCINA
Como el tronco de la encina
tengo yo la piel del alma,
dura y seca de esperar,
de esperar sin esperanza.
Leñoso tronco que hunde
sus raíces destempladas
en la polvorienta sangre,
vieja sangre atormentada.
Cada paso en cada calle
encierra una nueva trampa,
nuevas arrugas del tronco,
rugoso tronco del alma.


 

 

Yo quiero pasar mi mano
sobre las ásperas ramas,
llevar algo de calor
donde huelgan las palabras,
dejar mi aliento caliente
sobre la gélida escarcha
que cubre las duras grietas
hechas de mieles frustradas.
Y en las hojas verdecidas
a fuerza de secas lágrimas
tengo una costra de sueños,
fósiles de negra savia.
Como el rostro de la tierra,
del labrador que la labra,
como el tronco de la encina
tengo yo la piel del alma.