Como un beso sin destino,
como una boca sin besos,
igual que un cuerpo sin mente,
que un atleta sin aliento,
lo mismo que una utopía
que no despega del suelo.

Como un ardiente verano
vestido de crudo invierno,
una ingenua cenicienta
sin baile y zapatos nuevos,   
como un príncipe encantado
desalojado de un cuento,
como un piloto sin nave
y un pirata sin velero.

Lo mismo que una memoria
despojada de recuerdos.
Como un fantasma sin noche,
igual que un perro sin dueño,
un abogado sin causa,
un médico sin enfermo;
igual que un árbol sin sombra,
una escuela sin maestro,
como una reina sin corte,
como un patrón sin obreros,
como una guerra sin odio
o un romance sin “te quiero”.

 

 

COMO UN BESO
SIN DESTINO

 

 

 

 

Como una nube sin agua,
igual que un santo sin cielo,
un ministro sin cartera
y una religión sin clero.

Como una antorcha sin llama,
igual que un nido sin huevos,
como un castillo en el aire
como una pluma en el viento.
Lo mismo que un sol sin luz
como un poema sin versos,
igual que una luna negra,
como una vida sin tiempo,
una verdad sin razón
y un misterio sin misterio.

Igual que un hombre sin alma,
sin carne y sin esqueleto:
así está el hombre sin voz,
escarchado de silencios.