CON VERSOS VIVO SOÑANDO

A veces en ágil brinco

me subo al tronco de un verso

para otear las verdades

de los paisajes eternos.

Otras veces me encaramo

a las alturas del cielo,

allí donde el más templado

sufre el abrazo del vértigo

y entre las nubes navego

con las alas de los versos.

O como el plomo me hundo

bajo la línea del suelo

donde tiemblan las raíces

sobre el fuego del infierno,

donde saltan las alarmas

y todo es negro, muy negro;

pero siempre una metáfora,

un serventesio, un cuarteto

me prestan su noble luz

para alumbrarme por dentro

y subo asido a la cola

de un amable y gentil verso.

 

Y cuando el barco se hunde,

en el último momento,

me arrojo, valiente, al mar

y, luchando entre los restos,

llego a salvo hasta la orilla

flotando encima de un verso.

En el campo de batalla

frente a los contrarios fieros,

suelo curar mis heridas

con un prodigioso ungüento:

tomo el dolor y la sangre

y los rencores secretos

y los convierto en tranquilos

y reconfortantes versos.

Y así, furtivo en el mundo

sueño constante con versos:

si con versos me levanto,  

soñando versos me acuesto.

Con versos vivo soñando,

soñando siempre con versos.