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CON VERSOS VIVO SOÑANDO A veces en ágil brinco me subo al tronco de un verso para otear las verdades de los paisajes eternos. Otras veces me encaramo a las alturas del cielo, allí donde el más templado sufre el abrazo del vértigo y entre las nubes navego con las alas de los versos. O como el plomo me hundo bajo la línea del suelo donde tiemblan las raíces sobre el fuego del infierno, donde saltan las alarmas y todo es negro, muy negro; pero siempre una metáfora, un serventesio, un cuarteto me prestan su noble luz para alumbrarme por dentro y subo asido a la cola de un amable y gentil verso.
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Y cuando el barco se hunde, en el último momento, me arrojo, valiente, al mar y, luchando entre los restos, llego a salvo hasta la orilla flotando encima de un verso. En el campo de batalla frente a los contrarios fieros, suelo curar mis heridas con un prodigioso ungüento: tomo el dolor y la sangre y los rencores secretos y los convierto en tranquilos y reconfortantes versos. Y así, furtivo en el mundo sueño constante con versos: si con versos me levanto, soñando versos me acuesto. Con versos vivo soñando, soñando siempre con versos.
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