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CUANDO
EMPIEZAN LOS BUITRES
Cuando
empiezan los buitres
a nublar el horizonte,
cuando se vuelve amarga
la miel que endulzaba los labios,
ya no bastan las lágrimas
ni el valor
ni la fe;
hay que esperar que concuerden los signos,
que cuadren los sintagmas,
que el esencial no ser
crepite en el vacío
como una noche vencida por el alba.
Hay
que esperar,
sentarse en las pilastras de la vida y esperar,
esperar como un niño,
como un adolescente atolondrado;
esperar, esperar,
aunque nos hayan robado la esperanza.
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