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DESOLACIÓN
Esperaban a los pájaros
y encontraron motosierras:
ya no soñarán más frutos,
ya sólo pueden ser leña.
Ya no guardarán más nidos,
entre sus ramas de piedra,
tan sólo un negro recuerdo
de cenizas polvorientas.
Donde cantaban los grillos
hay una orquesta de claxon:
debajo de las aceras
suena un silencioso llanto.
Espesos bloques condenan
los mutilados espacios:
arriba, luces y antenas,
derrota y muerte debajo.
Hoy las únicas raíces
son los acerados cables,
ya no corren por sus venas,
dulce savia, verde sangre.
En cada palmo de tierra
hay un suspiro sin aire,
amarga desolación,
pertinaz, inevitable.
Hay, bordeando las calles
un ejército de casas,
rayas blancas de cemento
uniformes, soleadas,
donde crecen hombres nuevos,
renovadas esperanzas,
que segará en su momento
la inevitable guadaña.
Donde campaba el olivo
ahora reinará el asfalto:
hay un inmenso dolor
en las entrañas del campo.
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