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Reina de nuestros montes
milenarios,
tu noble verde llena mi paisaje,
estás dentro de mí, yo en tu ramaje
colgado como un santo escapulario.
De mis campos presencia
permanente,
presente estás desde mi tierna infancia,
entre tú y yo no puede haber distancia,
los dos bebemos de la misma fuente.
Mi corazón encuentra su
consuelo
en el vigor potente de tu savia,
en el amor que sientes por tu suelo,
en tu honda verdad dura y
añeja;
gracias a ti renuevo yo la rabia
para que siga viva mi alma vieja.
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