ENVIDIA
 

 

Pasión que no conoce la pereza

es la envidia, reloj que a todas horas

acecha al labrador cuando labora

y carcome al obispo cuando reza.

 

No acaba nunca ni jamás empieza.

Eterna como el hombre al que devora;

incansable alquimista y urdidora

de encantos que envenenan la cabeza.

 

Es temible, veloz y ciego potro

que de amargura corona las sienes,

extraño mal que en desazón deviene,

 

duende que se apodera de nosotros

que desprecia las prendas que tú tienes

por desear los bienes de los otros.