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ESA LUZ DIVINA |
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| Esa luz divina que nos ciega la frente, que brota de abismos y de cielos, que está en cada rincón, que inunda los espejos de una fuente interior deshabitada, convierte en páramo el jardín y riega los desiertos. Esa mano de Dios asiendo con sus dedos invisibles la terrible verdad, que esparce pertinaz sobre los hombres, señala por siempre los senderos, mide sin cesar oscuridades; capaz de amor inmenso, inmenso amor, deja sus predios de la mano de Dios y atiende lo imposible. Ese ojo encerrado en un triángulo que presiente todas las presencias, que no conoce límites ni siquiera en su divino ser, incansable, infinito, que todo lo vislumbra, que ve su propio ojo, oscurece sus céfiros dominios para alumbrar la nada. |
Ese terrible círculo
perfecto
Ese oído de Dios
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