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Es curioso, Señor, el desatino que induce tu poder imponderable: conviertes en piadoso al despreciable y en un sabio al mostrenco más cretino.
En nombre del amor más generoso blanden espadas Tus creyentes fieros transformando las flores del sendero en pistolas del brazo poderoso.
Es muy duro que apruebes que en Tu nombre anden a tortas los incautos hombres. Y es terrible, Señor, el triste hecho,
Inhumano y brutal como una roca, Que los que no te sienten en el pecho son los que más te llevan en la boca. |