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¡Qué ingrata lucha, negra
frustración!
querer sembrar en árido desierto,
pretender cultivar un pobre huerto
condenado a ser carne de cañón.
Me duelen como un trágico
tormento
estas vidas sin rumbo y sin mañana,
pobres almas de frágil porcelana,
tristes hojas llevadas por el viento.
Cada paso es un paso hacia el abismo,
cada caso es un calco de lo mismo:
con fruición, sin descanso y ciegamente
se sumergen con gusto en la manada
y tú los ves hundirse mansamente
sin que tu ciencia sirva para nada.
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