HAZME UN SITIO EN TU MONTURA (dedicado a León Felipe)
1ª parte

A lomos de Rocinante

atravesando La Mancha,

prefiere la libertad

al abrigo de su estancia.

Elige limpiar la tierra

de villanos con su lanza,

pertrechado de un ensueño

que cubre más que su adarga.

Va dentro de su armadura,

de su yelmo y su celada

como un extraño inquilino

de su propia destemplanza;

como un ardiente adalid

de su ideal y su amada,

de su dulce Dulcinea,

Aldonza transfigurada.

Su caballo y su escudero

son su mejor alianza;

su arrojo y su bonhomía

forjan sus mejores armas.

Lleva en el pecho una estrella,

una febril llamarada,

un destino inexorable

que lo empuja y que lo llama.

Delante va su quimera,

detrás lleva a Sancho Panza

y en el mundo que abandona

deja su hacienda y su casa,

el calor de sus amigos,

a su sobrina y su ama,

a su galgo corredor,

sus libros, su cama blanda.

Su horizonte no es la línea

que dibujan las montañas

ni esas siluetas arbóreas

que vislumbra en lontananza,

sino dar fuerza a los débiles,

dar su sangre a los que sangran,

comprensión a los que sufren

y rigor a los canallas.

Va cubriendo los caminos

con su gloria y con su fama,

a los charranes vencida

y a los gigantes ganada.

No te pares caballero,

no abandones tu campaña,

procura que los tunantes

se conformen con las ganas,

que hace falta tu presencia,

precisamos tus hazañas.
2ª parte

Porque este páramo absurdo,

esta historia chabacana

necesita de tus sueños,

de tu utópica mirada,

de tu genial chifladura,

de tu valor y tu lanza.

Ayer no es posible y hoy

es una sustancia vana,

una entelequia, una duda,

una imposible maraña,

una monstruosa cordura,

una atroz y brutal farsa.

Mañana es igual que ayer;

ayer es hoy sin mañana.

Cada apuesta por la vida

es una nueva campaña,

un pasaje sin regreso,

una aventura frustrada.

La soledad nos acecha,

el desamparo amenaza

y la congoja se adueña

de nuestra pobres sustancias.

¿Cómo no esperar tu envite

a tanta desesperanza?

Se han perdido los papeles,

han ganado la batalla

los buscadores de votos,

los cazadores de almas

que ignoran que la verdad

es una cosa sagrada

que no pertenece a nadie

y que a todos nos alcanza.

¿Cómo no querer, señor,

acabar con tanta trampa?

¿Cómo no querer cambiar

lo que tanto nos espanta?

Donde los niños estorban,

donde los viejos se aparcan

hace falta que tu furia

ponga en orden tanto drama.

En un orbe que prefiere

la tosquedad a la gracia,

las tarjetas a los besos,

el plástico a las manzanas,

los cheque a las caricias,

los gritos a las palabras,

hace falta un Don Quijote

dispuesto a dar la batalla,

que entierre en la pobre tierra

tan sórdidas acechanzas.
3ª parte

Llévame, hidalgo, contigo,

ayúdame en la mudanza

que mis huesos necesitan

y que este mundo reclama.

Hazme un sitio en tu montura,

dame tu brazo y tu espada

y préstame tu locura,

bendita locura humana.

Si tú me dejas tu puño

y yo te presto mis ganas

no crecerá en el planeta

ni un mal gramo de cizaña.

Y si me prestas tu amor

y yo te dejo mi rabia

ni un espíritu andará

sin una aventura mágica.

No me dejes tu amargura

ni tu daño ni tu drama,

tus lacerantes heridas,

tus ilusiones ajadas,

que yo ya tengo de esas

una nómina bien larga.

Pásame tu sed de lucha,

tu hambre de bien y tu garra,

tus deslumbrantes razones

y tu bizarría brava.

Que este enfermo necesita

que tú le laves la cara,

que le alientes en la lid

y que le cures las llagas.

Que le protejas el pecho,

que le guardes las espaldas,

que lo alivies del marasmo

que por doquier lo quebranta.

Pondremos a los valientes

por encima de las lágrimas;

daremos a los cobardes

un corazón y una causa.

Enterraremos en risas

a la tristeza prosaica.

Para los sabios, discípulos,

para los buenos, constancia,

para los malos desprecio

por donde quiera que vayan.

A los ídolos, silencio,

a los aburridos, marcha.

Para los crueles, justicia,

a las víctimas, venganza,

para los pobres, fortuna

y ocasión para gastarla.
4ª parte

Que se preparen los necios,

que se acicalen las damas,

que tiemblen los despreciables

partidarios de la nada,

los que escupen su miseria

por el vientre de sus balas,

los que preñan los cañones

con su mierda y con sus babas;

los que corrompen el sueño

de las inocentes almas,

los que ensucian con su bilis

las veredas más holladas.

Que tiriten los mediocres,

las censuras, las mordazas,

el atropello, el abuso

la injusticia y las sotanas.

los que duermen a la gente

con dulces cuentos de hadas,

los que despiertan la noche

y matan la luz del alba.

Que escapen los miserables,

los mezquinos, hierbas malas

que llenan la pobre tierra

con sus pestosas entrañas.

Que corran los poderosos

y sus podridas comparsas

porque no habrá compasión

ante sus perfidias bárbaras.

Los tibios y los ingratos,

los vacuos y las morrallas,

que se pierdan como el viento,

que escapen con luna clara,

pues va a caerles la noche

con su negrura macabra.

Que se apresten a volar

los verdugos y sus hachas,

que busquen un agujero

las carroñas despiadadas,

que se metan bajo tierra

las terribles alimañas,

porque vamos sin piedad

con nuestras justas guadañas.

Que se esfumen las fronteras,

los muros, las alambradas,

que vamos a abrir senderos

pintados con luna blanca.

Que se prepare la muerte,

que afile sus negras garras

que vamos a entrar en fiera,

cruel y desigual batalla.
5ª parte

Mas calle, señor, no grite,

que no nos deslumbre el alba,

soñemos siempre, soñemos

como nuestra esencia manda.

Que no nos despierte Sancho,

quede su boca callada:

su verdad es la verdad

mas no conviene mirarla;

démosles mentiras dulces

a las verdades amargas

que hay mucho entuerto pendiente

que desfacer nos reclaman;

que hay que mirar adelante

aunque nos cubran la cara;

que hay que volar muy arriba

aunque no tengamos alas,

sembrar nuestro pobre huerto

aunque la tierra sea mala

y recoger la cosecha

aunque la fruta sea vana;

regar los áridos surcos

aunque nos roben el agua.

Golpe a golpe, verso a verso

como Machado mandaba.

Sancho sabe bien que el hombre

tiene costumbres muy raras,

ilusiones desmedidas,

pretensiones muy extrañas:

llegar a ninguna parte,

querer asir lo que pasa,

gemir delante de dioses

que no entienden sus plegarias;

morir por causas inútiles,

correr detrás de fantasmas;

pretender que gana siempre

sabiendo que nunca gana;

luchar contra la razón

que invita a guardar la calma,

estropear los caminos

antes de iniciar la marcha.

Caminar sin un destino,

Retar a la madrugada,

alzarse para caer

de nuevo en la misma trampa;

querer luchar contra el viento

invencible que lo arrastra.

Apuntar al infinito

mientras la tierra lo abraza,

trascender sin trascendencia,

esperar sin esperanza.