La playa de Marbella

Ya no reman los forzados
en la playa de Marbella:
ni látigos restallantes,
ni cómitres ni galeras
sirven ya para mover
las innecesarias fuerzas.
¡Cuánto dolor, cuánta sangre
llenan las fosas desiertas!
Ya no quedan pescadores
en la playa de Marbella:
enviudaron las barcas,
cambió de manos la pesca,
enamorados del mar,
condenados a la tierra;

 

penando puertos cerrados,
soñando mares abiertas.
Hoy ya soplan otros vientos
en las playas de Marbella:
brotan los cuerpos dorados
en sus fértiles arenas
y el cemento se ha adueñado
desde la orilla a la sierra,
y un hombre nuevo y de siempre
se esparce por las aceras.