La tarde se ha puesto negra
LA TARDE SE HA PUESTO NEGRA

(Para mi amigo Migue Perujo, ausente para siempre).

 La tarde se ha puesto negra,

el cielo se ha vuelto negro:

una feroz puñalada

me ha calado hasta los huesos

y las más tristes palabras

se han apropiado del viento.

Negros crespones adornan

las fuentes y los almendros,

las calles de La Ciudad,

las ollas y los calderos.

Sin ti, Miguel, queda un hueco

más grande que el universo:
¿quién pondrá la sal precisa

en el insípido invierno?

¿Quién la salsa más sabrosa

en el mustio aburrimiento?

Alumbrado por la luna

que brilla en el campo abierto,

bajo las ramas frondosas

de aquella encina, te espero:

avisaré a los amigos,

tendré preparado el fuego,

las copas sobre la mesa

y el mejor vino dispuesto,

para que cuando tú acudas

convertido en polvo eterno,

brindemos por la salud

celestial de un hombre bueno.