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LA TARDE VIENE SERIA La tarde viene seria y en su vientre guarda el peso de tardes infinitas, gotas de ploma manan de su frente, balas que hieren su beldad marchita
Bolas de fuego adornan su cabeza, con besos rotos viste su plumaje tal vez detuvo en seco su viaje el dios de la atonía y la pereza.
Lo mismo que una dicha que se añora, recuerda sus pasados esplendores, aquellos donde vivos sus colores reinaban con soberbia en cada hora.
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Ya no la besan los temibles vientos ni acarician su pelo los amantes minutos del reloj en movimiento ni la mece la brisa como antes.
Con flojedad se arrastra mansamente en busca de la noche que la espera enganchada a su sino, compañera, presas las dos de una feroz corriente.
Tallada va en el pecho su verdad
como una maldición empecinada su indestructible sed de eternidad.
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