LA ÚLTIMA CENA

Se citaron por la noche,

oscura como el momento,

para colocar un punto

y final a sus recuerdos.

A media luz, las miradas

iban trazando el misterio

de las triples volteretas

que sufren los sentimientos.

 

Lo mismo que unió una vez,

hoy produce desencuentro;

las olas, que ayer bañaban,

hoy ocasionan siniestros;

la nave ufana no es más

que un barco a merced del viento.

Las palabras se hacen dardos,

que lastiman el silencio

y las horas se hacen áridos,

interminables desiertos.

La claridad se oscurece

y lo blanco se hace negro;

la frescura se marchita

y abril se vuelve febrero.

La terrible tempestad

hizo estallar los veneros,

reventó los manantiales,

cegó los abrevaderos.

Se evaporó la ternura

y el desamor se hizo el dueño,

y se comió la alegría

el voraz aburrimiento.

 

¡Cómo se alteran los ritmos

cuando se cambian los tiempos!

 

La terrible saciedad

se bebe  al frágil deseo

y la lujuriosa carne

se vuelve impasible acero

y entre la duda y la nada

crece un insondable océano.

 

 

Entre velitas doradas

brindaron con duros verbos,

encendieron los reproches

y apagaron los encuentros.

Trocaron la común senda

por caminos paralelos;

y así cerraron un mundo

para abrir un universo.