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Mi savia |
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Hoy me llevan mecido hasta la infancia los aromas ardientes del rastrojo y el tiempo se hace incierto en la distancia y pone un velo lánguido en los ojos.
Sueños siguen ardiéndome en los huesos, que ayer puso en mi pecho la inocencia; aún los sigo guardando como herencia de míticos instantes sin regreso.
Aquel sol, aquel campo, aquella gente siguen yendo conmigo a todas partes, son el vino más dulce, mi aguadiente,
mi mejor pasaporte, mi estandarte; la savia que fecunda mi simiente, mi pasión, mi verdad, mi baluarte.
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