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En esa pulcritud de tu mirada
no puede haber lugar para el encanto;
bella desolación, duro esperanto,
compleja operación que suma nada.
No hay señales de vida en tu planeta,
no hay señales de muerte en tu esqueleto.
Cuerpo sin luz, amante inquieto,
alma de sombra enajenada y quieta.
¡Ay! Si alguien en el mármol de tu rostro
pintara, osado, alguna imperfección
o un trocito de sol, de sol de agosto;
si a hazaña semejante alguien se atreve,
tal vez consiga sembrar una emoción,
esa humana emoción que nos conmueve.
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