OTOÑOS

Las rojas amapolas
y las verdes manzanas,
los humildes rastrojos,
el resplandor del alba,
volaron al recuerdo,
ya son polvo, son nada.
En medio de la escena
la penumbra se instala.
Los pardos algodones
navegan a sus anchas
y los árboles lloran
con lágrimas prestadas.
Hay nostalgia de fuego
y promesas de escarcha
en los pálidos ecos
de las tardes grisáceas.
La derrota del sol,
paulatina, esperada,
alumbra viejas sombras
que desviven el alma
y las olas de angustia
de la noche que escapa
se cuela por las grietas
que encienden la mañana.
Deshojando misterios,
deshaciendo esperanzas,
por las calles se esparce,
por las venas avanza
y en el lienzo del aire
dibuja su mirada,
esculpe su locura
y su germen derrama.