| TÚ SALUDAS A LA GENTE | ||
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Tú saludas a la gente por la calle vuelves pronto a tu casa, eres un padre responsable y un esposo solícito y dispuesto. Nunca faltas al trabajo ni tienes malos gestos con la gente, te comes lo que ganas; vives como te lo permite tu modesto sueldo. Estás alegre aunque te sientas triste, intentas animar al que padece y pones buenas caras a todo el que se cruza en tu camino Das lo que puedes, no piensas más en ti que en los demás y tienes una mano generosa para quien la necesite. No hablas jamás de nadie por la espalda, te dan fatigas los programas rosa y padeces los nervios de tus jefes y el rencor de la envidia que no cesa. Te inventan intenciones y romances que jamás has soñado, pero por ellos te juzgan y te tratan, sin ninguna clemencia, sin ninguna verdad. Eres un ciudadano responsable que paga sus impuestos y vota cuando toca.
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Funcionas con unos principios inviolables de esos de antes que mamabas de tus padres y de la gente honrada que veías a tu alrededor. Pues bien, no te sientas orgulloso: no eres absolutamente nada, ha pasado tu tiempo. Ninguna televisión se va a interesar por ti, nadie va a ir a entrevistarte, ni vas a ser modelo de conducta porque para nadie vas a ser una referencia. Nadie te va a admirar tu honestidad, ni tu competencia ni tu profesionalidad. Hoy ya no eres nada, sencillamente la nada; la ausencia, no existes. Reconoce que te han faltado cojones para ser alguien. Con lo fácil que era.
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