Señor de los infiernos infinitos,
tú que siempre reclamas
mi adhesión más profunda,
mi maldad más profana.
Tú que enturbias mi vida,
Tú que ensucias mi casa:
déjame a mano siempre
el calor de una barra.
Cuando los escorpiones de tus dedos
envenenen el alba
me quedaré sentado
en el cielo de plata,
donde el ruido es silencio,
la tarde, la mañana
y la noche es un...
Cuando tu triste sueño esté soñando
nuestra historia más triste
nuestra noche más larga,
yo te estaré esperando
como al sol la mañana:
hay libre un taburete
para ti en esta barra.
Cuando tu cataclismo inunde el mundo
y echen fuego las flores...
y fango las acequias
y bilis las palabras;
cuando el viento no deje
escuchar las palabras,
me abrigaré del mundo
al calor de una barra.
Cuando Dios se convierte en tu enemigo
y escupen sal las fuentes,
y hielo las miradas,
y en el hogar del hombre
ya no quede esperanza...
Déjame a mano siempre
el beso de una barra.
Cuando tu triste sueño esté soñando
nuestra historia más triste
nuestra noche más larga,
yo te estaré esperando
como al sol la mañana:
hay libre un taburete
para ti en esta barra.