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LO QUE EL VIENTO NOS TRAJO II |
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Una de las cosas más polémicas que han traído lo nuevos tiempos recientes es el famoso "botellón". Los jóvenes, como siempre, inventan algo que no es del gusto de los mayores. Esto es una constante histórica: rebeldía de unos y desencanto e incomprensión de los otros. Tal vez el problema está en el nombre, que suena a alcohol, pero me consta que una buena parte de la gente que se reúne en esas fiestas no lo hace motivada por él, sino por el placer de la reunión, por el sentimiento de que allí está el ambiente. Sin duda, la mala fama procede de esa minoría que, como ocurre entre los mayores, se desboca y desnaturaliza el verdadero sentido de las cosas. Seguramente el origen esté en que el bienestar actual ha ocasionado unos precios en bares y pubs, que son prohibitivos para la juventud. |
Y poco a poco, fueron desapareciendo las peligrosas cáscaras de plátano y los lánguidos papeles de nuestras calles. Y donde había tolerancia hacia un cierto nivel de suciedad, apareció una preocupación por la higiene y la limpieza en el ámbito común (es de suponer que lo mismo ha ido ocurriendo en el espacio privado, afortunadamente también). Las basuras se fueron concentrando en lugares apropiados, los contenedores se volvieron menos impactantes y los limpios "pascks" fuyeron sustituyendo a los embutidos en papel de estraza. Buenas cosas de los nuevos tiempos, aunque se añoren los papelones de churros y los panes de a kilo, las patatas sin bolsa y los bocadillos engañosos de la feria, desbordantes de jamón. |
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Y como un tributo ieludible al progreso y también a la falta de previsión, nuestras arterias colectivas se fueron llenando de nervios de acero, portadores de progreso y de enormes comodidades, pero también de fealdad (ahora se llama impacto visual, ¡qué le vamos a hacer!) en las fachadas, a la vez que iban coronando las intersecciones con sus combadas figuras. Y lo peor es que en las sucesivas reformas que se han ido haciendo de las calles, nunca se ha tenido la previsión de dejar las fachadas limpias, ocultando los cables bajo tierra. No será por dinero, pues éste suele gastarse a espuertas en actividades y obras de escasa o nula enjundia. A lo mejor, algún día me decido y abro en esta página una sección de barbaridades municipales. |
Fueron los primeros testimonios que tuvo Ronda de auténtica modernidad. Recuerdo que hace treinta años, cuando uno iba a Málaga, se quedaba alucinado con aquellas grandes superficies, que nos parecían un sueño imposible para nuestra ciudad. |
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En la dinámica de aumentar el número y la longitud de las fiestas, a lo largo de los últimos años se han ido recuperando algunas y engrandeciendo otras. Una de las que parece haberse asentado de forma definitiva es ésta de la imagen: la romería de la Virgen de la Cabeza. Pese al calor de la época en la que se celebra, hay una buena parte de los rondeños que se pone en peregrinación en busca de un buen día de campo, amigos y copas. Por contra, parece que languidece una que, tal vez, sea más antigua: la romería de los Molinos; sus accesos son más complicados y, en estos tiempos, no estamos mucho por soportar incomodidades. Como novedad, en la última Navidad, se montó un Belén viviente en La Ciudad. |