LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ VI
De todos los tramos de la calle Armiñán, éste es el que menos ha sufrido los embates del tiempo con su viento destructor. La parte de atrás del castillo, que va circundando la calle hasta las murallas del Barrio de San Francisco, permanece tal cual. Lo demás, salvo mínimos retoques en las aceras y en algunas casas, sigue los mismo que hace 40 años...y supongo que igual que en más años atrás.
Bajando la cuesta de Santa María hacia la calle Armiñán, el viento se llevó un legendario hospital, supongo que el primero que dio servivio sanitario a Ronda. Hay hasta leyendas de algún personaje que trabajó en él. Mi amigo José Mª Ortega se lo sabe todo esto, como sabio que es de la pequeña y de la gran historia de nuestra ciudad. Ahora hay aquí una entrada a las murallas de la parte Este y el Museo del Bandolero, que ya veremos cuando tratemos lo que nos han traídos los tiempos nuevos, en la sección LO QUE EL VIENTO NOS DEJÓ. En la otra acera se encuentra el edificio del Juzgado. Creo que cuando tenga tiempo me pondré a fotografiar y comentar los monumentos (de todo tipo) que atesora nuestro pueblo. No quiero que sean sólo iglesias y palacios. Espero encontrar otros también interesantes.
Se me ha borrado por completo la imagen de lo que campeaba aquí donde, ahora y desde no hace muchos años, existen estos bonitos arcos y soportales, como es natural, dedicados al comercio menor que genera nuestra condición de ciudad turística. Sé que enfrente, aparte del pequeño local del carbonero (ya citado en el capítulo I) había una mínima capillita donde se exponían una serie de ex-votos que a mí me producían un cierto sentimiento de malestar, por la crudeza del simbolismo y de los mismos objetos. También enfrente y durante algún tiempo, no sé precisar, había un local abierto desde donde salío alguna vez la Hermandad del Ecce Homo, hoy ubicada para su preparación y salida en la Plaza de la Paz (mi plaza).
Y aquí están las famosas "Escalerillas". Ellas siguen, ahí, en su sitio, dando acceso a la Plaza Duquesa de Parcent desde la calle Armiñan. Pero lo que ya no está es una humilde, muy humilde escuelita que se encontraba justo al comienzo de la escalinata, donde hoy hay una entrada trasera al Ayuntamiento. Allí estudiaban los más humildes hijos de nuestro pueblo, aquéllos que no podían acceder a las Escuelas y Colegios de pago que regentaban los Salesianos (entonces no había escuelas públicas ni enseñanza gratuita).
Hoy como ayer, compruebo que estas escaleras míticas son muy poco utilizadas. ¿Con el encanto que tienen y la historia que arrastran! Para los que vivíamos en "La Ciudad" era como una frontera. Bajar por ellas era como introducirse en otro mundo.
Y es que entonces las distancias eran mucho más dilatadas. Hoy todo se ha hecho más pequeño. Así lo han querido los vientos que nos han ido trayendo mejores medios para movernos con rapidez y comodidad.
Curiosamente, hace cuarenta años había un servicio de autobuses urbanos mucho más eficaz y mejor organizado que el actual.
En esa esquina del zócalo oscuro, un poco más abajo de los soportales, hace poco que desapareció una farmacia. No recuerdo cuando empezó a funcionar, pero tengo la impresión que no es de la época de la escuelita, sino muy posterior. Es xurioso, en "La Ciudad" llegaron a convivir dos boticas.
Donde ahora hay un picadero, entonces hubo un teatro de los sueños, un pequeño Maracaná de tierra, pero mágico, donde crecimos emulando a Gento y a Amacio, a Fusté y a Mendoza. Era propiedad de los Salesianos. Tenía sus porterías y todo, pero un pequeño problema: la tapia del lado que daba al campo era muy baja y el dueño de aquél estaba en permanente estado de sofoco y cabreo. La felicidad nunca es completa.
Aquí se hicieron buenos futbolistas. Recuerdo a "Gigi" Vela, a Miguelían...a muchos que, a los más pequeños, nos asombraban con sus regates y sus palomitas y eso que los balones eran una auténticamente lamentables.
Hoy, que abundan la sinstalaciones deportivas: canchas, pistas, campos de fútbol...hay muchísima menos afición. Paradojas de la vida.