LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ VII La parte Oeste de La Ciudad se ha mantenido sustancialmente igual a lo largo de los años, por algo estamos en la parte nobre de nuetsra ciudad, en su casco histórico, Pero algunas cosas han volado. Veamos los efectos del viento. |
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Y el viento se llevó esta casa de Don Bosco, bueno, la casa no; se llevó todo lo que Don Gonzalo fue capaz de crear a su alrededor a base confiar en la creatividad y en el talento de un puñado de jóvenes que supieron rentabilizar la confianza que se ponía en sus manos. Voló todo aquéllo y se lo llevó el viento provocado por quienes más tenían que haber cuidado de la gente que había allí dentro: los salesianos. Nunca comprendieron la verdadera labor que se estaba realizando allí: talleres diversos, música, teatro y, sobre todo, una auténtica formación integral como no se ha dado en ningún centro de este tipo en la historia de Ronda. Hoy es residencia de algunos miembros de dicha comunidad y fuente de ingresos, aprovechando la mina turística. Una vez más, el interés particular prevaleció sobre el común. |
Junto a las actividades antes citadas, se recuperaron fiestas ancestrales, como El Corpus Chiquito; se reflotaron Cofradías, como El Señor Orando en el Huerto o la Pollinica. Por cierto, aún se conserva, y con mayor vitalidad que nunca, el grupo de teatro que allí germinó. Y saliendo de la Casa de Don Bosco (el TES como se le conocía popularmente) hacia El Campillo, creo recordar que en la esquina que aquí está tapiada de blanco, tenía su centro de trabajo un tallista de categoría internacional (Adolfo, creo que se llamaba). También colaboró en los talleres que se organizaban en el TES. En este ámbito, pequeño en espacio, enorme en pespectivas e ilusiones, pasé yo buena parte de mi primera juventud, junto a amigos que se han quedado conmigo para siempre, pese a los estragos que en los afectos suele hacer el tiempo. |
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Y un poco más hacia El Campillo se encontraba la puerta de nuestro estadio particular, allí donde los domingos, poníamos a prueba las habilidades futbolísticas que íbamos atesorando durante la semana. Dentro había un campo de tierra que nos convertía en héroes invencibles. Hoy es la entrada del Conservatorio de Música. Esta plaza de El Campillo, por cierto, era mo más que un rectángulo de tierra, sin fuentes, ni estatuas, ni jardines, por lo que, a falta de otras instalaciones, la aprovechábamos para utilizarla también como campo de deportes. Hoy la transitan turistas y sus bancos sirven para que las gentes de la zona tomen plácidamente el tibioy plácido sol de la tarde que llega desde ese poniente donde cada atardecer es una nueva , diferente y única pincelada de color natural. |
En este callejó, que rodea la parte de atrás del Colegio de Santa Teresa, estaba, justo en la puerta que tapa el coche, una carpintería que regentaba el padre de mi querido amigo "Rafalito" (¡qué personaje! Lástima que no podamos disfrutarlo en el grupo de teatro). Después, creo recordar, fue un local que fue usado como bar. como tienda de puertas antiguas, e incluso, como BINGO. Una cosa increíble; fue en la época aquella del boom de ese tipo de juegos.Nunca han durado mucho los negocios aquí , sin duda por la recóndita ubicación que lo deja a la espalda de casi todo. Yo usaba este callejó, como un tramo más del circuito urbano que solía montar para mis paseos en una destartalada bicicleta. No eran tiempos de muchos juguetes y menos de vehículos, aunque fueran los humildes de dos ruedas. |
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Por cierto, con la bicicleta había que aprender rápidamente una habilidad especial para ir por la raya de enmedio de la calle y así evitar las piedras, generadoras de lastimantes vibraciones. Hoy lo siguen eludiendo las señoras con tacones, que caminan como en la pasarela para eludirlas. Aquí, en una de esas dos ventanas, durante años, se colocaba de forma permanente una señora que, cual maceta, permanecía allí durante todo el día. Pertenecía al paisaje urbano como un elemnto más perfectamente integrado en el conmtexto. La calle se llama San Juan Bosco y es la que hay entre la parte de atrás de la Iglesia Mayor y la puerta de la capilla de Sta. Teresa. Más adelante, en el estrechamiento de estas casas con la Iglesia Mayor, los días de levante, se producía un ventarrón de mil demonios. |
De esta plaza, que trato en la siguiente viñeta, voló para siempre la tranquilidad desde que, un mal día, decidieron las sabias mentes de los políticos traer hasta este precioso edificio el Excelentísimo Ayuntamiento. Desde entonces se han multiplicado los coches, los humos, los ruidos y los atascos en la calle Armiñán. Anteriormente, la casa que hoy aloja el Consistorio, fue la sede de la Caja de Reclutas, donde te sorteaban (a mí me sortearon, como si fuera el Gordo de Navidad) y te daban los papeles y el destino donde te correspondía servir (?) a la Patria. Cosas de los tiempos pasados, hoy afortunadamente liquidadas. Pese a su espléndido aspecto, la verdad es que, por dentro, es bastante limitado y cumple con ciertos problemas sus actuales funciones. |
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Esta maravillosa plaza, llamada indistintamente de La Ciudad, últimamente del Ayuntamiento y oficialmente Duquesa de Parcent, está presidida actualmente por la titular de la misma: la famosa duquesa. Pero hasta no hace mucho tiempo fue presidida por Don Vicente Espinel, cuyo busto saludé yo a diario porque estaba en el paso que me llevaba a mi colegio, El Castillo. Es lo único físico que ha volado de esta plaza, aunque ha venido a caer cerca: ahora se encuentra en la puerta del antiguo Colegio de Santa Teresa y de la Casa del Gigante. Lo demás sigue como estaba, con los árboles un poco más esbeltos y el suelo, creo que modificado. Por cierto, no sé quién me dijo alguna vez (no sé si responderá a la realidad) que la palmera que se ve en la foto de arriba tenía exactamente la edad de Encarna, la sacristana. |