LO QUE EL VIENTO SE OLVIDÓ II
Son las auténticas joyas de la corona de esta ciudad tocada por los dioses. Difícilmente los vientos podrán con tanta belleza y ahí seguirán, firmes, apoyadas en sus legendarias vicisitudes.

Y se olvidó, afortunadamente, de llevarse esta joya de la arquitectura y de la tauromaquia, auténtico símbolo del arte del toreo. Yo tuve el privilegio de asitir a aquéllas goyescas míticas de finales de los 60 y principios de los 70, cuando Antonio Ordóñez, incluso ya retirado, se vestía cada año para dictar su cátedra en este coso emblemático. Luego la Goyesca se fue convirtiendo, poco a poco, en un asunto social más que taurino y yo me fui retirando de acudir a la cita anual.
Lamentablemente, esta preciosidad sigue en manos de la Real Maestranza de Caballería, un auténtico fósil que nadie sabe a qué intereses sirve y que tiene usurpado el uso y propiedad que debiera corresponder al pueblo de Ronda.

¿Y este auténtico mito de reconocimiento mundial? Sin duda debe de ser uno de los monumentos más fotografiados de la Tierra. Y ahí sigue firme, pese a los vientos, pese a los años, al peso de la historia y al de los coches. Yo, que bajo cada día hasta el pie del río responsable de la inmensa grieta que el puente salva, no dejo de sentirme admirado, estremecido ante tanta belleza. Tal vez el secreto de su encanto esté en la armonía de su estructura: tiene la altura exacta, la anchura exacta, la proporción perfecta en todos y cada uno de sus elementos. Un auténtico prodigio que sigue vivo entre nodotros y que todos los rondeños tenemos bien interiorizado. Elegir la vista era delicado porque tenía la intención de evitar el tópico de la foto tradicional. Espero haber acertado con la que he seleccionado.
Aunque aquí, a la derecha, he colocado una instantánea de la Iglesia de la Paz, patrona de Ronda, en ella he querido simbolizar a todo el conjunto histórico artístico de La Ciudad, el barrio monumental de esta localidad. Este barrio también permanece impertérrito al aniquilador efecto de los vientos temporales. La historia se ha detenido aquí, como si quisiera recrearse ante tanto esplendor.
Los pocos cambios que en esta zona se han producido, están reflejados en mi sección LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, un capítulo hermano de este que tiene ante ti y que puedes curiosear volviendo atrás, a la sección MI RONDA SENTIMENTAL.
Barrio serio, sobrio y elegante, hoy en manifiesto estado de repoblación, tras una época de decadencia.
Pero no todo ha sido obra del hombre y de su taelnto creador; también la naturaleza ha puesto de su parte para regalarnos un emplazamiento único y una situación privilegiada. Por cualquier mirador que te asomes, el paisaje te asombra con estampas de impresión. Es imposible no sacar buenas fotografías desde ellos. La cámara apenas pone nada. Todo lo hace el sitio, la luz, el color...
Esta ciudad, circundada de montes y trincheras naturales, no sería igual, ni en su historia ni en el temperamento de sus gente, si estuviera situada en otro emplazamiento menos espectacular, más anodino, más vulgar.
Los riscos han marcado nuestra personalidad para bien y para mal.
Y también han condicionado nuestro (sub)desarrollo económico. Seguimos esperando el cordón umbilical que nos ligue definitivamente al progreso y a la modernidad. Mientras tanto, nos consolamos con este auténtico pulmón colectivo, en el mismísimo centro de la ciudad. Sin duda, se trata de una de las mejores joyas de las que disfrutamos. Pasear por sus jardines a primeras horas de la mañana sigue siendo un auténtico placer de dioses. Aquí, los amantes han venido siempre a servir al amor. Paraíso de niños, viejos y enamorados.