MÁS GRACIAS

Es imposible agradecer nominalmente todas las muestras de sincera felicitación que estoy recibiendo desde el día 14 de agosto, a las 10 de la noche. Estoy notando un cariño, que compensa los malos ratos previos, los ensayos y la preparación general del pregón. No conozco personalmente al  noventa por ciento de quienes me abordan por la calle, o por teléfono o por e mail. Por eso, a todos los que lean estas páginas y hayan tenido la delicadeza de apoyarme, antes o después del pregón, les ruego que reciban mi más cordial agradecimiento, aunque no pueda indicar su nombre.
Ya sabía que al poner nombres corría un riesgo; pero era un riesgo calculado. Las omisiones, más se han debido a fallos en el montaje y subida de la página que a olvidos. Hay párrafos enteros que se perdieron, por esos duendes infernales que manejan los entresijos de la informática.
Por eso, tengo que poner en lugar preferente a quienes no salieron en la primera carta de agradecimiento. A mi sobrina, Andrea, tan bella como cariñosa siempre conmigo y que no faltó a la cita.
A Andrés, Jesús, Paco, Manolo Baena, María Jesús, Arianna, Frutos Brbero, Javier, Eduardo, Alberto, Joaquín, Terroba, Lupe, Inma… pónganse tantos puntos suspensivos como personas me he encontrado desde aquel día.
Y dejo para el final a dos poetas, a los que quería dedicar en solitario estas gracias en especial, pero que los errores anteriores han hecho que tuviera que hacer el preámbulo anterior. Seguramente tendré que incorporar aún a todas aquellas personas que aún no han tenido la ocasión de mostrarme su apoyo.
A Salvador Conde, ese poeta cargado de terruños y trigales, del dolor y la alegría de su viejo Arriate, esa segunda patria mía, que tanto me llena. Su verso es almíbar que no empalaga, es una bocanada de aire fresco y denso, de clamores y esperanzas, de bohemia y fantasía. Y a su mujer, Isabel, el paradigma de la dulzura, la bondad en sus venas va pareja con la sabiduría.
A Juan Antonio García, mi “Juanito”, de verbo complejo y oportuno. De gracia serrana y pinturera. Su verso apunta al corazón y al meollo de la vida, a la sustancia, al núcleo duro de la existencia. Y a su mujer, Cristi, siempre elegante y socarrona, inteligente y culta.
Tengo que agradecer el apoyo de dos nuevos amigos: la Presidente de las Damas Goyescas, Aurora (¡qué clase) y su marido, Rafael Lesmes (¡qué elegancia!). Igualmente tengo que manifestar mi cariño agradecido a todas las Damas Goyescas y, en especial, a mis ex alumnas Gema, Ana, Rocío, Marina y María Isabel, siempre atentas, siempre hermosas y agradables.
Y aquí dejo abierta esta carta que iré completando sin duda…