MI COMENTARIO

El teatro, al contrario que la poesía o la novela, además de texto es espectáculo, puesta en escena, representación. Empezaré analizando el contenido , el texto, de esta obra, para acabar con la parte escénica.
"La sacristía" es la última travesura de ese genio de las tablas que es Antonio Becerra, ese personaje que es una bendición para todos los que tenemos la suerte de disfrutarlo (espectadores, amigos, conocidos...). Antonio plantea con una seriedad no esperada por la mayor parte de los espectadores, un tema delicado y sugerente y lo hace con tal grado de valentía, que ya si no hubiera nada más que eso, sería digno del mayor de los aplausos.
Pero hay más, mucho más. Observo tres planos en esta obra ejemplar: En primer lugar, el sociológico, en el que Antonio refleja de una manera certerísima aquella época de su infancia (años 50-60) con todos sus matices y miserias, a través del espejo de una familia típica del momento, la suya propia. Con gravedad no exenta de fino y elegante humor nos presenta los rasgos de aquella sociedad: precariedad, integración de los amyores, matriarcado, resignación, lucha.
En segundo lugar, en el plano eclesiático, se ocupa de hacer un sincero y valiente ejercicio de reproche a un clero funcionarial y más pendiente de atender a las necesidades de los "señoritos" que a extender la palabra de Dios. La escena del primer acto del sacristán y de su amigo José es cruda y significativa. Ya en el segundo acto insistirá en su crítica cuando hace que Dios le hable, no al cura, sino al sacristán, al que representa la Iglesia del compromiso con los pobres y sus necesidades. Incluso se atreve Antonio a plantear dos modelos pedagógicos tradicionales dentro de la institución y a defender aquél que defiende la cercanía y la comprensión frente a la disciplina indiscriminada.
Por último, plantea Antonio, un plano superior, el teológico, en el que contrapone al ateísmo de José, la fe benevolente y confiada de Francisco. Todo ello embebido, envuelto en una sincera y honesta teología de la pregunta, que pretende acercarse a Dios a través de las precariedades humanas. Termina este plano con una apuesta del autor por el amor como elemento clave en la comprensión del fenómeno religioso: el amor nos acerca a Dios porque Dios es amor.

Se trata, en definitiva, de un texto lleno de matices en el que podemos disfrutar de la enorme perspicacia de Antonio Becerra, su enorme capacidad de penetración en la psicología humana y su habilidad para la construcción de tipos teatrales. A ello hay que sumar que sabe trasladarnos sus preocupaciones profundas y sus permanentes inquietudes espirituales. Con total honestidad, con absoluta sinceridad.

Pero el teatro, además de texto, es representación del mismo en un escenario. Y ahí es donde lucen en todo su esplendor estos excelentes cómicos del TES, que están gozando en este momento de una espléndida madurez, para nuestro solaz y disfrute. Hay tanta categoría ya en escena en este grupo, que la obra trascurre en volandas, mimada y cuidada por estos actores y actrices, mecida como si cualquier cosa por el talento de estos entrañables titiriteros, que son profesionales en su técnica, pero aficionados en su permanente entusiasmo. La única recompensa que tienen por su excelente y arduo trabajo es nuestra admiración y esa la tienen de sobra, como desmostró el entendido público rondeño, que llenó el amplio teatro Espinel en las dos funciones y que no paró de manifestar sus muestras de sobrada satisfacción.
La Sacristía tiene una estructura que Antonio divide en 2 actos y un epílogo. En realidad, se trata de una serie de cuadros autosuficientes (como demuestra el hecho de que el público aplaudió todos y cada uno de los mutis que suponían el final de cada uno de ellos), pero que Antonio, hábilmente enlaza en una unidad, que viene determinada por una anécdota mínima, pero también por la personalidad del sacristán, que aglutina los diferentes momentos de la obra y todo el proceso en su conjunto.
En la parte técnica, hay que enfatizar la mejora que se aprecia en cada nuevo estreno en cuanto a medios técnicos y al manejo de los mismos. Luces y efectos hicieron el resto para completar un espectáculo sin fisuras (magnífico el efecto que recrea la percepción del sonido que llega de la iglesia en función de la apertura o cierre de la puerta). Atuendos y maquillajes magníficamente conseguidos. Los decorados, más que profesionales, muy ajustados y contextualizando perfectamente la obra.

REPORTAJE FOTOGRÁFICO (Blog de Isabel Martín)