Aldehuela, un genio olvidado

Con motivo del 50 aniversario de los Paradores nacionales de España, el de Ronda, ha pedido al grupo ENTREAMIGOS, que se sume a tal efemérides, con una representación que ponga en escena al gran constructor, entre otras obras maestras, del Puente de Ronda, al lado del cual se alza.

Con motivo del 50 aniversario de los Paradores nacionales de España, el de Ronda, ha pedido al grupo ENTREAMIGOS, que se sume a tal efemérides, con una representación que ponga en escena y dé a conocer al gran constructor, entre otras obras maestras, del Puente de Ronda, al lado del cual se alza.

José Martín de Aldehuela, llegó a Ronda, levantó esa maravilla universal del Puente Nuevo, rehízo la majesruosa Plaza de Toros de la ciudad y trajo el agua potable hasta el centro de la misma.

Pese a ello no cobró ni un céntimo de entonces e, incluso, en la actualidad es un personaje bastante desconocido y nada honrado, pese a la magnitud e importancia de su obra.

El Parador de Ronda, a hombros de esa roca gigantesca, en la que se integra de una manera natural y asombrosa ese Puente Nuevo, origen del progreso de esta ciudad y de su reconocimiento mundial.

Dramatis personae

ALDEHUELA………………………………….. Avelino Écija
MARÍA……………………………………………. Ana Cristina Mata
DÍAZ MACHUCA……………………………….. Juan Aparicio
CORREGIDOR…………………………………… Juan Antonio García
VIZCONDE……………………………………….. Rafael Carrasco
CURA……………………………………………… Rafael González
NARRADORA……………………………………. Lorena Sola
RAPSODA……………………………………….. José María Tornay

 

GUION……………………………………………….. José María Tornay
DIRECCIÓN…………………………………………….. Pablo Jiménez
ASESOR…………………………………………………. Frutos Barbero
ILUSTRACIONES………………………………………. A. González Cuqui
SONIDO…………………………………………………. J.Mª. Tornay Rasero
LUZ………………………………………………………. David Naranjo
MAQUILLAJE………………………………………….. Maite Ríos
PRODUCCIÓN………………………………………….. Queco Roca
COORDINACIÓN………………………………………. José Manuel Ríos

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GUIÓN

ALDEHUELA, UN GENIO OLVIDADO

Dramatis personae

ALDEHUELA

MARÍA MOLINA

DÍAZ MACHUCA

CORREGIDOR

VIZCONDE

CURA

NARRADOR

RAPSODA

ESCENA PRIMERA

(Aldehuela, en su casa de Málaga, en la calle de los Hornos, solo y olvidado, pasa los últimos días de su vida, mientras conversa con María, la vecina a la que ha cedido su casa a cambio del mantenimiento alimentario hasta su muerte. Antes de que comience el diálogo suena una música española del siglo XVIII adornada por una décima dedicada al Tajo y al Puente).

RAPSODA

Cuchillo que corta el viento

desde lo alto hasta abajo,

certero y sublime tajo

inaprensible, incruento.

Etéreo y sutil lamento

que regresa eternamente

y brota de la corriente

quebrada y rota del río

y remata su tronío

con la corona del puente.

NARRADOR (Sigue la música, pero muy tenue) José Martín de Aldehuela, nació en la pequeña localidad turolense de Manzanera, un 14 de enero de 1724, en el seno de una humilde familia de labradores; sin apenas formación, su gran talento para las matemáticas y la física, más su tesón e inteligencia, hicieron de él, un genio de la arquitectura y la ingeniería. Ya viejo y achacoso, vive en la propia casa que ha cedido a una vecina a cambio de sus cuidados.

ALDEHUELA.- (Cesa la música y se ilumina la escena, en la que ya están Aldehuela y María). Ya

nadie se acuerda de mí, María. En Málaga hice tantas, que ya mi memoria no alcanza a recordar mis obras. Pero también dejé mi huella en Antequera, en Vélez-Málaga, en Nerja… Hasta el cementerio de Cortes de la Frontera es hijo mío. (Muy satisfecho) Pero mi obra mayor, al menos de la que me siento más orgulloso es el Puente Nuevo de Ronda. Aquella obra me obligó a lidiar entre el misterio y la realidad.

MARÍA.- No se haga usted mala sangre, maestro, no está usted solo. Aquí ando yo cuidándolo y proveyendo sus sustento. ¡Vive Dios, aún no se ha dado cuenta!

ALDEHUELA.- No me refería yo a tus atenciones, (irónico) que buen dinero me cuestan, por cierto: te entregué mi casa a cambio de que cuidaras mi alimentación. Estaba lamentando yo la situación en la que he venido a caer después de haber sido rico y famoso, sobre todo en mi tierra, Teruel y, también, en Cuenca.

MARÍA.- Mi pobre cabeza no puede entender cómo alguien que ha hecho tanto por los demás se vea en esta situación. Alguien que ha construido catedrales, presas, puentes, acueductos, plazas de toros…

ALDEHUELA (interrumpiéndola).- Así son las cosas, mujer. Este país es ingrato. Aquí, o no te pagan o te olvidan en cuanto consiguen aprovecharse de ti. Eso me pasó en Ronda.

MARÍA.- Nunca me ha contado usted eso. ¿Cómo vino a caer en ese pueblo, tan precioso como olvidado por la historia?; olvidado casi como usted, maestro. ¡Que Dios consienta estas cosas!

ALDEHUELA.- Cuando llegué a Ronda para hacerme cargo de las obras del Puente tenía 61 años. Ya había firmado casi todos mis trabajos; venía de Málaga donde había construido las cajas del órgano y algunas otras obras en el interior de la catedral y, sobre todo, había traído el agua a todos los malagueños a través del acueducto de san Telmo. A Málaga me trajo el hombre más bueno que yo he conocido, el obispo José de Molina Lario, que era de mi tierra.

MARÍA.- Y entre tantas y tantas obras tuvo usted tiempo de traer al mundo muchos hijos.

ALDEHUELA.- Dos veces me casé, María; tuve once hijos, pero todos murieron, menos el tarambana del primogénito. Antonio se llama, y no ha hecho otra cosa en su vida más que reclamarme la herencia.

MARÍA.- Y sus comienzos no fueron fáciles.

ALDEHUELA.- Mis padres tenían pocos recursos económicos, y fue mi tío, Gerónimo Marco, maestro carpintero en Teruel, la persona que cambió mi vida. En su taller, situado en la villa de Aldehuela me formé como carpintero, retablista y escultor.

MARÍA.- Por eso cambió usted su apellido Lizanda por el de esa villa.

ALDEHUELA.- Cierto; por el tiempo que estuve allí y lo que aprendí, me sentía más identificado con Aldehuela que con Manzanera, el pueblo donde nací.

MARÍA.- También ganó usted mucho dinero.

ALDEHUELA.- Así es. Mucho dinero gané en los tiempos en los que trabajé en Teruel y en Cuenca. Fueron muchos trabajos y casi todos pagados. No fue así cuando me vine a Málaga. Aquí me costó más cobrar y en Ronda, en concreto, no logré cobrar absolutamente nada. Ni por el Puente ni por la traída de las aguas a la ciudad. Nada.

MARÍA.- Pues cuente usted cómo fue aquello. (Yéndose y con exageración) ¡Madre mía, qué desfachatez, no pagarle a este hombre! (La escena pasa a negro y empieza a sonar de nuevo la sintonía).

ESCENA SEGUNDA

(En el Concejo de la ciudad están reunidos el vizconde de Luzón, el corregidor y el cura de la parroquia de Santa María la Mayor. Una vez terminado el cambio de escena, cesa la música).

NARRADOR.-

Como él bien ha explicado, José Martín de Aldehuela llegó a Málaga reclamado por su obispo para hacerle unos trabajos en la catedral y para construir el que sería famoso y mítico acueducto de san Telmo, que hizo posible que Málaga tuviera agua potable.

Ronda, en aquel tiempo tenía dos graves problemas; por un lado, era una ciudad físicamente dividida por el abismo telúrico del Tajo y, por otro, la población, que iba creciendo, tenía graves dificultades al no encontrar agua potable. El corregidor, preocupado, no cejaba en su empeño de buscar una solución y para ello se reunía habitualmente con las fuerzas vivas de la ciudad, en especial, con el Vizconde de Luzón y con el cura de Santa María.

VIZCONDE.- Tiene que haber una solución para estos problemas, señor corregidor.

CORREGIDOR.- Buscándola estamos. Hace seis años se derrumbó el intento de superar ese abismo que nos separa desde la noche de los tiempos.

VIZCONDE:- Los arrieros y demás encargados del transporte de mercancías se quejan de que mulos y caballos sufren graves problemas en sus remos como consecuencia del esfuerzo ímprobo que han de hacer para subir la Cuesta de Santo Domingo, la única vía de comunicación con el Mercadillo.

(En ese momento suenan golpes en la puerta).

CORREGIDOR.- Adelante. (Aparece por la puerta la oronda figura del sacerdote de la iglesia Mayor).

DON ANTONIO.- Dios os bendiga, hermanos; (dirigiéndose a cada uno de ellos) señor Vizconde, señor Corregidor.

CORREGIDOR.- Tome asiento, don Antonio. Lo he mandado llamar porque tenemos a la ciudad en estado de alerta. Ronda está dividida, físicamente dividida; sus barrios están tan alejados por el abismo del Tajo, que parecen aldeas distintas. Por otra parte, la población no deja de crecer y el riesgo de epidemias es grande por la falta de agua potable.

DON ANTONIO.- Así es, don Luis, desde el año 1601 Ronda no dispone de una acometida de agua potable municipal y a los que vivimos o ejercemos nuestra tarea en uno de los barrios noss es imposible desplazarnos hasta los demás.

VIZCONDE. Yo estoy dispuesto a sufragar parte de los gastos que suponga solucionar este atolladero.

CORREGIDOR.- Tengo entendido que el obispo de Málaga ha traído a un arquitecto de su tierra aragonesa, que es además ingeniero. Creo que con un poco de suerte podríamos matar los dos pájaros de un tiro y salvar los dos graves problemas que tiene nuestra ciudad.

DON ANTONIO:- Hablaré con don José de Molina Lario, el obispo de Málaga. Conozco la historia. Ese ingeniero se llama José Marín de Aldehuela y lo hizo venir para construir el órgano de la catedral y para traer el agua corriente a la ciudad a través del faraónico acueducto de San Telmo.

VIZCONDE.- Parece que es un genio y que su prestigio en Cuenca y Teruel no conoce límites. Sus obras son grandiosas y de tanta utilidad que han resuelto grandes problemas en todas las ciudades y villas por las que ha pasado su talento.

CORREGIDOR.- Es preciso explicarle nuestra desesperada situación.

VIZCONDE. En la misma obra del Puente podríamos emprender los trabajos de acometida del agua; pasar por su interior las cañerías; que además puente sea acueducto. ¡Oh, ya veo las fuentes inundadas de agua!

CORREGIDOR.- Pues pongámonos a la tarea. Traigamos a ese hombre cuanto antes.

(Se hace la sombra en escena; suena la sintonía, se prepara la siguiente y entra en acción el Narrador).

ESCENA TERCERA

(La escena muestra el interior de la casa del Vizconde de Luzón, donde se ha habilitado un despacho para que Aldehuela y sus ayudantes celebren sus reuniones de trabajo como centro de operaciones. Aldehuela anda debatiendo con su mano derecha DÍAZ MACHUCA. Unos planos servirán para ilustrar el diálogo. A juicio del director, durante toda la escena habrá continuas referencias a los dibujos, grabados, y demás material, que ilustren el contenido del texto).

NARRADOR.- Aldehuela llega a Ronda en el año 1785. Aquí lo encontramos proyectando la obra del nuevo Puente junto a su maestro de obras y mano derecha DÍAZ MACHUCA, hombre experto e ingenioso y audaz en la construcción de aparatos para optimizar los penosos trabajos de su oficio.

ALDEHUELA.- Bien, aquí estamos, en esta maravillosa ciudad, dispuestos a unir esas dos partes hasta ahora condenadas al olvido mutuo. No será nada fácil.

DÍAZ MACHUCA.- Con el inconveniente añadido del fracaso que supuso la construcción del anterior puente en 1934. Seis años duró de pie.

ALDEHUELA.- Ahí tenemos un gran inconveniente, al margen de los puramente técnicos que nos vamos a encontrar. Más de 50 personas murieron en aquella catástrofe y aún hay muchas familias en la ciudad damnificadas, que no quieren oír hablar de construir un nuevo puente.

DÍAZ MACHUCA.- La caída de aquel aquél pudo deberse a una cimbra demasiado flexible que soportara el puente durante su construcción. No hay forma de calcular cómo de rígida había de construirse

ALDEHUELA.- Todavía hay ruinas de aquel puente en el lecho del río. La posibilidad de saltar con un único arco de 35 metros hay que abandonarla; es muy arriesgada.

DÍAZ MACHUCA.- Hay que asegurarse; buscar una solución más conservadora, más segura.

ALDEHUELA.- Vamos a optar por un arco más pequeño, de 15 metros; será absolutamente fiable. Estoy muy familiarizado con ellos. No olvides que el acueducto de Málaga mide 11 kilómetros.

DÍAZ MACHUCA.- ¿Se trata, entonces, maestro de colocar un puente pequeño de 15 metros en medio del acantilado? ¿Y eso cómo se entiende?

ALDEHUELA.- Efectivamente, amigo. Habrá que macizar el barranco para poder construir ese arco, bajando sus apoyos cien metros más abajo hasta cimentar en el cauce del río.

DÍAZ MACHUCA.- Pero, maestro, esa es una decisión única en la historia de los puentes; no hay nada parecido en el mundo. Eso es lo contrario de lo que suele hacerse. Eso es una…

ALDEHUELA.- Una locura, sí. Puedes decirlo; lo sé. Pero es la mejor solución. La obsesión de los constructores es arcos grandes y apoyos pequeños; nosotros haremos lo contrario, Antonio: arco pequeño y apoyos gigantescos.

DÍAZ MACHUCA.- Los materiales que usaremos…

ALDEHUELA (Interrumpiendo).- La piedra será la del propio Tajo. Mi idea es que parezca que éste ha prolongado sus paredes rocosas, para que lo artificial se confunda con lo natural.

DÍAZ MACHUCA.- Porque el Puente será el Tajo y el Tajo será Puente.

ALDEHUELA.- Bien resumido. Eso es lo que quiero, que no haya interrupción entre el enclave y la estructura. Hay que integrar el Puente en el paisaje. El Puente debe fundirse en el Tajo, porque debe ser parte de él.

DÍAZ MACHUCA.- Es un reto extraordinario, que merecerá todo nuestro esfuerzo y dedicación; algo así como una obsesión.

ALDEHUELA.- La mayor obsesión de mi vida.

DÍAZ MACHUCA.- No cabe duda, maestro, de que estamos ante su gran obra, que le dará gloria y renombre por los siglos. (Se retiran de los planos y se sientan).

ALDEHUELA.- No hay que pensar nunca en la gloria, buen amigo; además, aún no hemos terminado nuestra tarea en esta ciudad. Antes de marcharnos hemos de mejorar las vidas de los rondeños proporcionándoles agua potable, que los libere de epidemias y haga sus vidas un poco más llevaderas.

DÍAZ MACHUCA.- El agua es de todos y a todos debe llegar y no está bien que algunos anden por ahí especulando con un bien básico.

ALDEHUELA.- Hay que volver a llenar de vida sus fuentes, para que no tengan que valerse de quienes sacan un lucro excesivo en estas cosas.

DÍAZ MACHUCA.- Y algo más nos queda, debemos restaurar esa Plaza de Toros, hundida en fatal accidente.

ALDEHUELA.- Es verdad, Antonio. Esos taurinos de la Real Maestranza lo merecen, porque este trabajo del Puente no hubiera sido posible sin su esfuerzo económico. Yo estaba allí; aquel día competían y querían lucirse Pepe Hillo y Pedro Romero.

DÍAZ MACHUCA.- La plaza estaba sin terminar, pero se abrió para la ocasión porque había ansiedad por comprobar la rivalidad entre la escuela sevillana y la rondeña.

ALDEHUELA.- Y esa expectación y ese lleno hasta la bandera provocaron la tragedia. Un mozo que estaba entre los arcos sin terminar se echó sobre una columna y ahí se inició el derrumbe que, poco a poco se fu desplazando hacia otras zonas hasta acabar con la vida de 10 persona y varios mutilidaos y heridos.

DÍAZ MACHUCA.- Gran terror se vivió en aquella jornada y un año llevan los aficionados sin plaza.

ALDEHUELA.- Después de eso, habremos cumplido con esta preciosa ciudad, que tantas virtudes atesora y que tan mal paga. Pero nosotros le hemos regalado un Puente, que está a la altura de su belleza.

DÍAZ MACHUCA.- Uno de los grandes puentes de la historia.

(La escena empieza a oscurecerse para dejar paso a la voz del Narrador, mientras se adecua el mobiliario para la última escena).

NARRADOR.- Y así es como estos genios consiguieron que al embelesarnos ante su presencia percibamos un solo cuerpo, como si el mismo Puente fuera también obra de la Naturaleza.

La altura del Tajo de Ronda es la de un edificio de 30 plantas y los muros que sirven de arranque al arco central tienen las mismas dimensiones que la Giralda de Sevilla; tanto en planta como en alzado. Se trata, pues, de una obra que rivaliza en altura con la mayor parte de las catedrales de Europa.

El puente se abrió al paso franco, el 4 de noviembre de 1787. No estaba completo, se suplió el pretil con una baranda de madera decente y segura, aunque la terminación total fue más tardía, en 1793, después de integrar en él las obras del acueducto, que terminaría llenando de agua potable las fuentes de la ciudad.

(Vuelve la sintonía de la obra, mientras se prepara la próxima y última escena).

ESCENA CUARTA

NARRADOR.- La vida de Aldehuela fue un cúmulo de casualidades y de tristezas. De tristezas por haber sobrevivido a la muerte de once hijos y sus dos esposas, por el abandono y egoísmo de su único hijo vivo, por su soledad y olvido en el final de sus días y por sus penurias económicas. (Se enciende la luz de la escena).

MARÍA.- Estará usted satisfecho, don José, de su obra en esa joya de la Serranía; mi familia procede de allí.

ALDEHUELA.- Sí, María, me siento orgulloso de lo que hemos hecho. Ronda no merecía un Puente tosco, burdo y feo. Esa ciudad tan bonita, que me recuerda tanto a mi amada Cuenca merecía algo diferente, especial, único.

MARÍA.- Pero mal le han pagado; ni siquiera saben si usted aún existe. ¡Madre de Dios, qué osadía!

ALDEHUELA.- Fíjate, María, solo y olvidado, estoy recorriendo la última etapa del camino de mi vida y ya la gente, esa misma gente que no sabe que existo, ha inventado alrededor de mí leyendas increíbles, que está dispuesta a creer, porque siempre se está más dispuesto a aceptar lo poéticamente inverosímil que la prosaica realidad.

MARÍA.- Algo he oído por ahí, que mi ignorancia, ¡válgame Dios! no alcanza a comprender.

ALDEHUELA.- Hay quien ha inventado que andando yo revisando las obras del Puente Nuevo, un golpe de viento arrancó la chistera de mi cabeza y que, en el intento de recogerla, caí al vacío muriendo instantaneamente al chocar contra las rocas del fondo.

MARÍA.- ¡Jesús, María y José! No lo veo yo a usted tan ingenuo.

ALDEHUELA.- Otros ha inventado que caí sobre las mismas rocas, pero esta vez al derrumbarse el artilugio o cesta que había construido mi querido amigo Antonio, para supervisar las obras desde cerca.

MARÍA.- ¡Madre bendita! ¡Cuánta fantasía cabe en las cabezas!

ALDEHUELA.- Espera, María, aún hay más. Otros inventaron que el maestro Aldehuela, no pudiendo soportar la idea de hacer nada más bello que el Puente que acababa de inaugurar y acomplejado por su grandiosidad y belleza, sufrió una depresión que le llevó a suicidarse arrojándose precisamente al vacío desde ese mismo puente que él había creado. Como ves, la imaginación del pueblo no tiene límites.

MARÍA.- Con lo fácil que consultar los archivos y enterarse de la verdad. ¡Jesús, Jesús, cómo nos gusta liar la bola y montar bulos!

ALDEHUELA.- Pero, a mi muerte, que ojalá tarde, tengo pedido que me entierren junto a mi mujer y mis hijos en la Iglesia de San Pedro de Alcántara de Málaga.

MARÍA.- No es mal sitio ese. Otra leyenda anda por ahí revoloteando y dice que usted decidió residir en Málaga para así poder contemplar, durante el resto de su vida, las cajas del órgano de la Catedral, que con tanto acierto y cariño había realizado.

ALDEHUELA.- Sin duda, otra invención romántica más, de las muchas que han rodeado mi vida. Si lo sabré yo, que, a veces, no sé ni quién soy, ni dónde me encuentro.

MARÍA.- Pero nada de eso responde a la realidad, ¿verdad maestro?

ALDEHUELA.- Nada, mujer. Aquí estoy (con humor) a pesar de los que me han matado tantas veces. Quien sí se nos cayó al barranco (remmemorando con mucha tristeza) fue mi amigo Antonio; sí, mi mano derecha, Díaz Machuca. Sin su ayuda, sin sus ingenios, jamás habría sido posible que esta obra llegara a buen puerto. Era alegre, despierto, cantaba como los ángeles; inventó máquinas imposibles para subir las piedras desde el fondo del Tajo y muchas más que facilitaban mucho el trabajo de canteros, albañiles y peones. ¡Cuánto lo echo de menos!

MARÍA.- Pero ahí queda su obra, maestro, desafiando a las reglas y a los tiempos.

ALDEHUELA.- Sí, hija, sí, como yo, desafiando todos los contratiempos.

NARRADOR.- El aire romántico, que nos invadió en la segunda mitad del siglo XIX hizo que estuviera de moda inventar estas historias, que contribuían a mitificar hechos y a crear personajes legendarios. La vida es bastante vulgar y hay que embellecerla a base de crear estos relatos poéticos y románticos. En este caso lo hizo aprovechando la enorme personalidad de uno de los grandes genios de la arquitectura y la ingeniería de la historia, al que Ronda nunca le estará agradecida como su ilustre figura merece; de momento, ni una plaza ni un busto honran su memoria.

Pero…

RAPSODA

Como dos eternidades,

ahí siguen Ronda y su Tajo,

condenado a entenderse

como dos enamorados.

Su Tajo parte su alma,

su alma vive en su Tajo,

entregados a su suerte,

al abismo encadenados.

Ronda y su Puente embebidos,

un mismo sino en sus manos;

condenados a entenderse

como dos enamorados.