FERNANDO DE LOS RÍOS

Luchó contra la España de alma quieta
y a favor de alumbrar otros senderos
ocultos por la historia, prisioneros
de miedos y verdades incompletas.
Se enfrentó a los fantasmas del pasado
con la esperanza puesta en el futuro
ante unos tiempos con el rostro duro
de rencores sin fin apasionados
Pero esta patria,  pródiga en quimeras
que juega con delirios de grandeza,
que cubre el fanatismo con banderas
y troca las razones en fiereza,
no lo dejó ni vislumbrar siquiera
la España que llevaba en la cabeza.

Otro de los personajes apellidado “de los Ríos” natural de Ronda, donde naciera el año 1.879, para morir, exiliado, en Nueva York en el año de 1.949. Tal vez haya sido el político más importante de los oriundos de nuestra ciudad. Afiliado al Partido Socialista Obrero Español, ha sido en el siglo XX uno de los políticos más preclaros de la vida Española.
Ocupó las Carteras Ministeriales de Justicia, en el Gobierno Provisional de la Segunda República; de Instrucción Publica (diciembre de 1.931 a junio de 1.933)) y de Estado (de junio a septiembre de 1.933). Exiliado en Nueva York, fue Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno Republicano en el Exilio. Asistió a la Conferencia del Trabajo de 1.919 en Washington, siendo dirigente del PSOE. Maestro masón, perteneció al triángulo “Alhambra nº 39”, fue un hombre muy vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. Será el defensor de la Libertad, así con mayúsculas, y un hombre de Estado de los más importantes de esa época del socialismo. En esta parte de la historia de España supo mantenerse al margen de los radicalismos, sin renunciar a las esencias del movimiento obrero.
Por estar en desacuerdo con la Dictadura del General Primo de Rivera, con la que otros compañeros, que se consideraban más radicales, colaboraron, renunció a la Cátedra de la Universidad de Granada. Abandona España y se traslada a Nueva York donde impartió clases y conferencias, como asimismo en la Universidad Nacional de Méjico. A su regreso a España consigue, por oposición la Cátedra en la Universidad Central.
Es en Granada donde consigue su primera acta como diputado, gracias al apoyo del sector obrero de los granadinos, sobre los que poseía un enorme ascendente. Redactó el Estatuto Jurídico del Gobierno de la II República, periodo en el que desempeñó los distintos Ministerios ya reseñados. Estando al frente del de Instrucciones Públicas se produjo un aumento muy importante, diríamos que sobresaliente, de las Escuelas Publicas, muy deficitarias en etapas anteriores.
En Ronda, su ciudad natal, se le han hecho varios homenajes y colocación de una placa en la casa donde nació, así como series de conferencias sobre su persona, política y cultural, llevadas a cabo por personalidades del mundo político español y de compañeros del Partido Socialista. Como ultimo homenaje por el momento, Unicaja ha puesto su nombre a uno de sus colegios, el ubicado en el barrio de San Francisco, en el antiguo convento.

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DIEGO EL DEL GASTOR

En contacto con su pecho,
como un trasunto del alma,
lanza sus flores al viento
la fuente de su guitarra.
Vuelan notas, teje sueños,
brotan duendes, cubre canas
y en los balcones del cielo
suenan celestiales palmas;
que siga tocando Diego
que siga sembrando magia
que siga ardiendo su fuego
dentro de cada guitarra.

El azar quiso que cuando su familia regresaba a Ronda de uno de los viajes de negocios por la comarca, Diego Amaya Flores viniera al mundo en la posada de la vecina localidad de Arriate en 1908. Sus padres naturales eran de Grazalema él, y ella de Cortes de la Frontera. Fue bautizado en Ronda, y en 1912 marcha desde aquí  hacia El Gastor, donde pasaría su juventud y de donde años mas tarde tomaría su nombre artístico. En 1923 se traslada con su familia a Morón de la Frontera donde fijaron definitivamente su residencia.
Emparentado con Aniya la Gitana (sobrino-nieto), estaba dotado de una gran  sensibilidad e intuición para la música. Comienza a frecuentar Ronda a finales de los años sesenta. En Diego se cumple el refrán: “de casta  le viene al galgo” o aquel otro “De tal palo…”. Su padre, cantaor no profesional,
conservaba  los cantes de Aniya, y su hermano José era tocaor; él le enseñó los secretos de la guitarra.
Conocía todos los toque flamencos, pero su preferencia la dirigía hacia determinados estilos de soleares, seguiriyas y bulerías.  Hay quien ha manifestado que era un cantaor corto, es decir, de poco repertorio, precisamente basándose en esa preferencia  en los toques, que decíamos anteriormente. Diego no gustaba del aplauso y el ruido; sólo pertenecía al silencio y, al final, el ruido pudo más que él mismo. Tal vez por esto, su trayectoria artística se desarrolló principalmente en reuniones de cabales, salvo esporádicas actuaciones en público y en programas de televisión, lo que no fue impedimento para que su fama  llegara a ser universal, dadas las características personalísimas de su toque.
Lo importante en la vida de Diego es su guitarra, su toque, que contiene más alma, más duende, que el toque de cualquier guitarrista flamenco de  hoy en día; sin embargo, no es lo que toca, sino cómo lo toca. Diego posee el corazón y el talento de convertir, incluso la falseta más anodina en una red que va tejiendo la más pura expresión de un arte, que no es simplemente un alubión de notas, sino una expresiva combinación de música y alma.
Otra de las facetas que contribuyó a la grandeza del toque de Diego es su exquisito talento para acompañar el cante y el hecho de que mucho del material que tocaba sea de su propia creación; en la actualidad reconocido como una autentica escuela y estilo. En
Japón, dicho estilo se enseña en los conservatorios y en Nueva Cork existe una escuela de guitarra que estudia sus  formas y modos artísticos.
En el acompañamiento del cante por soleá mostraba predilección sobre todo por la variante de la solea corta, que hacia su padre, de los antiguos y casi perdidos ecos de la solea de   Triana, recogidos por Aniya la Gitana y conservados casi milagrosamente por su cuñado “Joselero de Morón”.
Tenía fama de maniático y raro porque  cuando no le gustaba una reunión se marchaba dejando plantados a los asistentes. De ahí  que se hicieran famosas sus “espantas”. Tampoco quiso entrar en el mundo del espectáculo, tenía al respecto un criterio muy particular de ese mundillo y mantenía su  independencia y libertad por encima de todo.
Solía decir:”la guitarra es demasiado sublime para que

se pueda comprar o vender”. Sabemos que frecuentaba las reuniones de cabales de algunos paisanos nuestros, con los que se encontraba a gusto y cómodo, donde en alguna ocasión se le oyó cantar, recordando los cantes de Aniya. La siguiente letra nos puede dar idea de cual era la forma de pensar de Diego:
Tengo la luz y la candela,
el dinero que  tú ganes
que se lo coma la tierra.
Con este convencimiento y acompañado de su  guitarra, como el Piyayo y como Aniya la Gitana,  en julio del 73, dejaba este mundo de mortales, para reunirse, sin lugar a dudas, con ellos.
Tengo en la memoria todavía aquella noche del TES, en la Casa de D. Bosco, en el verano del año 1.972, cuando Diego, acompañado por Bergamín, nos visitó y sorprendió con su toque y sus cosas.
Este año de 2.008 se cumple el centenario del nacimiento de este guitarrista universal. Vaya, como adelanto del homenaje que se le prepara por los Ayuntamientos de Ronda, Arriate, Morón y El Gastor, este nuestro.

ANIYA LA GITANA

 

Se conjuraban las musas
en noches de luna clara
cuando lloraban su llanto
las cuerdas de su guitarra
 
Sangre de fuego encendido
bordan sus dedos al alba
y la brisa se detiene
para entrar por su ventana.
Aniya, luz de bohemia,
mujer de miel y de rabia,
verano de sol ardiente,
linterna en la madrugada.
Por las esquinas del aire
retoza su voz quebrada,
mientras deslumbra la noche
la reina de las gitanas.

Amaya Molina nace en Ronda el 27 de Septiembre del año 1.855 y muere en Ronda el día de Todos los Santos del año 1.933. Cantaora y guitarrista, solía acompañarse ella misma. De vida azarosa, esclava del amor, contrabandista en su juventud, llena de anécdotas, una mujer repleta de ternura, simpatía;yo diría que una mujer del pueblo, querida por todos, desde la Reina Victoria Eugenia, que le regaló un mantón de Manila, hasta Pastora Imperio que le obsequió con una bata de cola.
Poetas y literatos han glosado y loado la figura de Anilla. Federico García Lorca la cita en 1922 en su conferencia “Importancia histórica y artística del primitivo cante andaluz llamado cante jondo” leída en Granada con motivo del concurso de Cante Grande. En 1930, con setenta y cinco años, fue la figura más admirada en la Exposición de Barcelona, en la Semana de Andalucía, que tuvo lugar en el Pueblo Español de la Ciudad Condal. Allí cantó y bailó Aniya, y estuvo acompañada a la guitarra por Ramón Montoya. Desde Barcelona se mandaba información al secretario del Ayuntamiento de Ronda sobre la salud de nuestra paisana, y entre otras cosas decían:” … la anciana gitana, come bien, duerme poco y bebe mucho”.
José Carlos de Luna le dedica un poema con su nombre en la obra “La Taberna de los 3 Reyes”. También Núñez de Prado le dedica un capítulo en su obra “Cantaores andaluces”, donde glosa su cante por soleares y su vida. De ahí sacamos una de las letras por soleá que con más frecuencia cantaba:
Estoy viviendo en el mundo
con la esperanzza perdía;
no es menester que me entierren
porque estoy enterrá en vía.
Como cantaora lo hizo en los cafés cantantes de Ronda, Fornos, La Primera de Ronda y El Pollo, donde se cuenta que conoció al gran cantaor jerezano Don Antonio Chacón y a los hermanos Javier y Antonio Molina, el primero tocaó y el segundo bailaó, que hacían gira con Chacón.
Cantó en el Burrero de Sevilla y, en Málaga, en el Sin Techo y el de Chinitas, donde conoce a su paisana Paca Aguilera, en 1890. Sus valores artísticos han sido siempre reconocidos por todos, porque Aniya sentía el arte como el corazón que más lo sienta y vivía la grandiosidad de ese arte con el alma y nos dejó un estilo poco cantado, que solo conocen unos pocos aficionados, como sus solearillas, o solares cortas.
Hay otras anécdotas y curiosidades que reflejan todo lo que fue la vida y el cante de esta gitana rondeña. De su cante debemos hacer hincapié en las citadas soleares, hechas y creadas a su forma y que, aunque perdidas en el tiempo, las conocemos gracias al padre de “Diego del Gastor” , Juan Amaya Cortés, que a su vez las aprendió del abuelo de Diego, Francisco Amaya, y que nuestro guitarrista universal cantaba.
Una letra de soleá, escrita por Juan Ortiz Ordóñez para el concurso de letras flamencas de Ronda en 1971, y premiada en en el mismo, recoge como nadie lo que era y cómo era el cante de Aniya:
Nadie ha podio cantá
como Aniya la Gitana
lloraba por soleá.
En Ronda ha tenido varios homenajes, uno de ellos, hecho por el TES de Ronda en “Una taberna en otro lugar”, obra escrita por Antonio Becerra y representada en el Teatro Espinel, el 31 de enero del año 2.003. Posteriormente, el Ayuntamiento le erigió un monumento situado al lado de la Iglesia de Padre Jesús.