PALABRAS DE SALVADOR CONDE

rafael

PRESENTACIÓN DEL LIBRO RONDA, DOS MIRADAS DIFERENTES SOBRE UNA CIUDAD ÚNICA

Buenas tardes Señoras y SeñoresEl otro día, revisando la película “a bout de soufflé”, con la que según los expertos se inicia la Nouvelle Vage, en una escena, muy de pasada, se lee sobre una portada de lo que parece un libro: “somos muertos de permiso”, una broma el existencialismo reinanteJosé María Ortega de la Cruz, por favor de los dioses y por ser de elemental justicia, goza, para nuestra fortuna, de un segundo permiso, que él, inquieto caminante, está empleando con espíritu fenicio en hacernos partícipes de sus dones, que no otra cosa es el libro que venimos hoy a celebrar.Es malo clasificar a las personas por su profesión cuando ésta es el lamentable resultado u obligada consecuencia de la maldición divina “ ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Me resisto a aceptar que una maldición sea la expresión civil de nuestra identidad.Pero no es más acertado clasificar de afición todo lo que no entra en el entorno de la nómina, mínima compensación a la amenaza divina.

Por qué digo todo esto? He tratado a José María Ortega menos que al otro José María, pero con éste me une la complicidad de amar el teatro con pasión. El teatro y su TES forman parte de esa actividad que los lerdos calificarían de afición, y que no es otra cosa que la liberación del espíritu de esa obligación profesional de ganarse el pan. En el TES que el dirige con mano experta y conocimientos para llenar un volumen del Espasa nos ha mostrado Ortega su verdadera profesión, ahora exenta de condicionantes ni bíblicos ni alimenticios . El catálogo de obras de su repertorio pocos teatros lo superan y doy fe que supera a todos los de su género, habiendo sobrevivido a los mejores: Goliardos, El Tábano, Bululú, Corral de Comedias el TEI después el TEM, El Gallo Ballecano y tantos otros. Fueron grupos de los que se ha nutrido durante décadas el teatro, el cine y la Televisión, pero ya no están. Queda el TES de Ronda, decano indiscutible de los Grupos de Teatro Independiente, a quien tanto debe la escena española.

Otro es el escenario al que nos traslada ahora la encendida inquietud de José María y lo hace, no podía ser de otra manera, de un modo singular porque lo que hemos venido a presentar no es una guía de la ciudad, de esas hay un montón, alguna incluso meritoria. Hoy no estamos aquí para eso. Lo que los dos Jose Marías nos ofrecen es una visión de nuestra ciudad no solo descriptiva. No es una foto fija a modo de diapositiva, la prueba más evidente de que se fue turista.

No alcanzamos a distinguir si lo que nos propone José María es un paseo, aunque sea literario, o un viaje por la ciudad, el primero parece de menor enjundia. Viajes y paseos cuando tienen de denominador común desplazarse por la naturaleza urbana y la humanidad siempre ensanchan nuestras experiencias y se van ampliando nuestros acervos hasta poder decir que durante el camino renacen y afloran vivencias marginales.

Viajeros y peripatéticos bullen en lo desconocido, pero como refería Ortega y Gasset, aquí existen tantas realidades como puntos de vista y al desplazarse, no solo se agolpan sensaciones y conocimientos, sino que también se van modificando los antiguos a medida que se cubre el recorrido.

De esto trata el libro que hemos venido a festejar en fechas tan señaladas de la epifanía.

Con todo, lo más destacable de un paseo es la vuelta a casa, el regreso y entonces emerge la idea cervantina o robinsoniana de valorar lo recorrido y la cultura inherente. Se aprende viajando y preguntando y aunque hoy en esta inmisericorde sociedad de consumo los medios de comunicación han revolucionado la sociedad, para cualquiera el mundo sigue siendo inmenso y por descubrir. También las ciudades, los pueblos y las Tahas.

Los viajeros seguirán camino precedidos aquí por los más ilustres: Rilke, que antepuso la belleza de Ronda y Toledo a la presuntuosa Sevilla Hemingway, Orson Weles, el ciego Borges, cuya ceguera no le impidió intuir el vergel de Ronda y la belleza de sus miradores y ventanas, Atahualpa Yupanqui. Por citar solo alguno de los contemporáneos y a quienes el que os habla admira sin reservas. Sin olvidar que la novela que marcó las directrices de toda la narrativa del siglo XX, el Ulises de Joice, termina aquí, en nuestra ciudad en ese ejercicio único y caleidoscópico que es toda la novela, recordando los enrejados y cierros de nuestras ventanas .

Todo esto es lo que nos muestra y enseña un ciudadano que un día soñó Ronda y hoy nos hace partícipe de sus sueños.

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Una de las singularidades que contiene el libro que nos convoca son los versos que acompañan a modo de glosario, la descripción previamente expuesta de cada asunto por el notario de la ciudad, que así llamo a Jose María Ortega en el prólogo del libro, encargo este, al igual que la presente presentación en que los autores han tenido mucho de generosos y no poco de osados .

Los versos de José María Tornay son glosa no porque el texto al que acompañan sea oscuro o de difícil entendimiento, sino porque nos proporcionan otra visión, pasada esta por el tamiz del poeta, quien las más de las veces destaca lo que a su buen entender es más destacable en cada caso.

No se trata aquí de hacer un análisis ni siquiera somero de la poesía de Tornay, no es el momento ni el lugar. Algo, de todos modos convendrá apuntar

Siempre se ha dicho que el poeta se desnuda en sus versos, como muestra indeleble de su sinceridad. Yo más bien creo que el poeta comienza a escribir, a componer, a crear ya desnudo. Sin ataduras que mermen su verbo. La poesía habla del yo como la novela habla de los otros, aunque esta afirmación precisara de un sin fin de matices. En ese Yo está comprendida toda la aportación poética que el libro contiene. José María Tornay ve y siente así su ciudad, como nos lo cuenta en el libro, desnudo, sin trabas ni censuras y bajo las formas más variadas y extremas, desde el ingenuo homenaje al Romance de ciego hasta el rigor sagrado del soneto.

Decir que la poesía de Tornay en esta ocasión, carece de cultismos es cosa cierta, pero no es menos cierto que en ésta hay influencias desde el Góngora coplero a Alberti, autor de chuflillas, pasando por autores de más seso. Es bellísimo el guiño a San Juan de la Cruz, a mi entender el que mejor ha cantado la urgencia amorosa. Dice José María en un poema referido a la calle Ruedo Gomero y Manuel Montero:
“Y los duendes se cuentan
Viejos secretos
Donde ¡extraño milagro
SUENA EL SILENCIO

Referencia al Cántico Espiritual “La música callada,
la soledad sonora”
El primero de los versos lo robaría Bergamín: “La música callada del toreo” para escribir una de las más bellas crónicas taurinas, esta vez para cantar la faena del Paula en la segunda plaza de toros de Madrid, La Chata, en los Carabancheles. Faena que, por otra parte, ya cuenta en los anales del toreo
Tuve un profesor de literatura, mi maestro, que decía que para poder sacar algo de ti antes había que meterlo. José María, por oficio y afición es estudioso de esta disciplina y eso se nota en su verso sencillo y directo.

Decía antes que el poeta se nos presenta desnudo a la hora de crear. Es por eso que sin la protección del disfraz que entraña todo ropaje, el Autor, juguetón y trascendente, bohemio y bien casado. Va desgranando verso a verso con el motivo de calles y plazas las mil facetas en que su alma queda impresa.

El Cicerone, siempre imprescindible, se mueve con toda ortodoxia dentro de los cuatro puntos cardinales. El poeta los destruye, su mundo no está sometido a condicionantes geográficos, esa labor ya quedó hecha. En esta ocasión el poeta nos da a conocer cómo siente la ciudad y su historia , al tiempo que, espontáneamente, como sin darse cuenta, nos da cuenta de su íntima biografía..

Ronda es ciudad para el amor en todas sus facetas y no es un tópico publicitario. Ya lo dejó dicho Hemingway, viajero excepcional. Y José María Tornay nos lo ratifica en múltiples ocasiones:
Laberinto sin sentido
Carrusel de callejones
De lujuriosos rincones
Y recovecos perdidos
Nos dirá al referirse a un espacio de la ciudad.

Otro espacio y de nuevo el verso delator:
Mítica estampa serrana
Celosa de sus secretos
Nido de besos robados
En procelosos encuentros

Y para terminar esta sección:
Arco de Felipe V
Donde los enamorados
Ponen a salvo del mundo
Sus misterios más arcanos
Lugar de amores furtivos
Pasiones al cielo raso
Sillón de Moro que oculta
Los besos y los abrazos

Ciudad del amor y ciudad misteriosa donde luces y sombras tienen otra misión que la de alumbrar y oscurecer, ciudad romántica donde las haya, ciudad que es la segunda piel del poeta, la que le da sentido y forma:
Mi barrio está siempre lleno
De gente de todas partes
Que nunca comprenderán
Sus secretos ancestrales
Esos que solo conocen
Los que sus sueños comparten
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Mi barrio es parte de mí
Como yo de mis verdades
No puedo reconocerme
Sin mirarme en su paisaje.

Esta visión de Ronda impregna toda la obra, pero a un tiempo canta la vida sosegada, lejos de falsos honores, ruidos que tapan sonidos, luz que deslumbra y no alumbra. El poeta añora la paz del labrador en la otoñada, como Horacio en su Beatus ille, recordado por fray Luis de León:
Qué descansada vida
La del que huye del mundanal ruido
Y sigue la escondida senda por donde han ido
Los pocos sabios que en el mundo han sido

Esta paz, tantas veces cantada, este sosiego, el misterio, la ciudad de los sueños, no nos roba la otras facetas del autor, porque, como todos, el poeta está formado por infinitas y aparentes contradicciones. José María es hombre comprometido con su época, y los poemas que aquí se publican dan buena cuenta de ello. Ello no excluye la alta dosis de humor, presente en casi todos sus poemas. Enemigo de la prisa, porque, como en el toreo, todo ha de hacerse despacio, no es, por el contrario, persona dada al “dolce fare niente”. Es hombre que se revela con lo que entiende no es justo, desde el comercio de la fe hasta el injusto desequilibrio social …y todo está aquí escrito. En ese viaje por Ronda el poeta se muestra como es. No un bulto en movimiento. Un hombre, un poeta. Todo lo hace, al menos yo así lo veo, con mesura, ritmo, musicalidad, todo es belleza en sus versos…y al fondo Ronda, su inspiración.

Termino con el soneto que, como epílogo termina también este libro imprescindible.

Tendremos que extremar la vigilancia,
Hay un peligro en Ronda de perderse,
De alienarse, rendirse, someterse,
De quedar atrapado en su sustancia.

Hay un riesgo muy fuerte de estar fuera
De alejarse del tiempo y sus urgencias
Fuera de la razón y la conciencia
Más allá del espacio y sus fronteras.

Puede perderte el Tajo con su puente
Puede asirte su cielo y su paisaje
Puede pederte el genio de su gente

O la luz de sus recios personajes
Puede atraparte el sol en el Poniente
O su misterio indómito y salvaje.

Hemos dicho.