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Allá, al fondo, el infinito,
transformado en horizonte,
aquí, las cosas sencillas
de la vida y de los hombres.
Un techo verde acaricia
el paseo de dos jóvenes,
la charla de dos amigos,
la espera de los mayores.
Y todo rezuma paz
mientras se acerca la noche,
en este rincón de Ronda,
mentidero de rumores,
encuentro de enamorados,
y refugio de pasiones.
Esa Alameda que abriga
en todas las estaciones.

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